«¿Que é peor: que te maten ou que fagan que só teñas ganas de morrer

Mujeres que sufrieron abusos van a crear la primera asociación gallega dedicada a las víctimas


A Coruña / la voz

Esta es la pregunta que formula Ana. ¿Qué opción es peor? «Que te maten ou que fagan que só teñas ganas de morrer?». La respuesta se la dio el pianista James Rhodes cuyo libro, Instrumental, trae a la entrevista. «Las violaciones infantiles son el Everest de los traumas», escribió el músico británico en la autobiografía donde relató la violación que sufrió a los seis años por parte de su profesor. Es la primera vez que ella, que ya ha cumplido los 40, de Boiro y madre de familia, habla sobre unos hechos que, al igual que a Rhodes, le marcaron la vida. Fuera de su círculo más cercano y de los médicos, psicólogos, psiquiatras y abogados con los que trató, nadie lo sabe. «Xa perdín o medo a falar e ao que dirán. Se elixo outro nome para o xornal é polos meus fillos».

Aunque ahora no suelta el libro, le llevó un tiempo abrirlo la primera vez. «Non me atrevía, é duro, coma pensar en que ía falar contigo sobre o que pasou». Lo que le pasó es que un miembro de su familia abusó de ella cuando era una niña. Empezó cuando tenía 6 años y terminó cuando, con 13, ella intentó suicidarse.

«Estiven dúas semanas no hospital. Non me atrevía nin a falar. ¿Podes crer que os médicos non lle dixeron nada a miña nai?». Ana busca una foto en su móvil. Es ella, con 6 años. «Dime! Que pode provocar isto?». Respira un momento. Eran unos 35 vecinos. Todos se conocían: «Lugar pequeno, inferno grande».

Ámbito familiar

La Comisión Europea calcula que uno de cada cinco niños europeos sufre al menos una vez en la vida algún tipo de abuso sexual y que en torno a un 70 u 85 % conoce a su agresor. «Non me gusta a palabra vítima. Son unha supervivente. Tampouco me gusta a palabra provocar. Nin abuso. É máis ca unha agresión sexual. É sadismo, unha vexación». Vuelve a otra cita de Rhodes que tiene marcada. «Abuso. Qué palabra... No es abuso cuando un hombre de 40 años te viola». Su vida ha consistido en ir dando pequeños pasos. Contárselo a su madre, «aínda non o superou e meu pais morreu sen sabelo», o dejar los tranquilizantes a los 19 años. «Isto é algo que se tapa, que se cala. Roubáronme a infancia. A xente que tiña que denunciar por min non o fixo. Nin a miña familia nin as institucións. Unha psicóloga deume unha palmada e díxome que tranquila, que eran cousas que pasaban. Cando tiven o valor de denunciar xa prescribira, pero eu quero xustiza».

El otro paso fue llamar a Amino, una asociación dedicada al abuso infantil. «Coñecín a outras mulleres. Noto unha progresión entre nós dende que falamos». Hay otro avance más: «Imos crear unha asociación para tódalas vítimas. Non hai ningunha en Galicia. Precísase falar disto e máis formación. Tanto xuíces como psicólogos ou médicos. En 30 anos vexo que non cambiaron nin as leis nin a sociedade». En Boiro, continúa, un abuelo ha sido condenado a seis años de cárcel por abusar de su nieta de 11 años. Aún no ha entrado en prisión. «Aínda hoxe escoitas comentarios do tipo: ‘é unha nena moi espelida’». A su violador le ha escrito una carta que tiene guardada. Es padre, tiene familia y su vida ha seguido como si nada. «Tamén quero tratamentos para esta xente. Algo non vai ben neles e viven entre nós. E se llo fixo a máis nenas?».

En el dictamen publicado por Bruselas subrayan, como defiende Ana, que «os abusos infantís non son un problema de segunda clase. Ocorren en todo tipo de casas, moito máis do que cremos». Superó un bucle de depresiones. «Non hai unha pastilla coa que cures. O que precisas é que te axuden a vivir con isto». Por eso las palabras son tan importantes. «No fondo, o libro de Rhodes é un canto á vida», termina.

 

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Una joven graba a su profesor mientras la acosa

Lizeth Lorena Sanabria es una estudiante de un máster de Enseñanza de Ciencias Exactas Naturales de la Universidad Nacional del Colombia que, cansada de sufrir el abuso de uno de sus profesores, decidió grabarle. El hombre, director del posgrado que la chica estaba estudiando, la manosea, la intenta besar y le toca el culo mientras ella le dice en varias ocasiones: «¡No, profesor, no, profesor!».

Lorena relató durante una entrevista con la cadena W Radio colombiana que desde que comenzó a estudiar con él, Freddy Alberto Monroy -así se llama el profesor- se mostró muy cordial con ella y dispuesto a asesorarla en todo momento. Una vez que sus alumnas confiaban en él comenzaban los tocamientos. De hecho, en el vídeo se puede ver cómo utiliza todo tipo de artimañas para acercarse a ella. «Yo no estaba dispuesto a dirigir más trabajos», le dice el profesor a la chica mientras aprovecha y le pone el brazo por encima y la intenta besar, mientras ella procura alejarlo. Tras varios episodios violentos e incómodos para la chica decidió escribirle una carta al profesor pidiéndole un cambio de tutor en el máster, pero todo cambió cuando otra compañera le contó que ella había pasado por lo mismo con dicho profesor y que le tenía miedo porque había intentado besarla. Fue por este motivo por lo que quiso seguir adelante con este profesor para tratar de demostrar a lo que realmente se dedicaba.

La joven reconoce que lo que la impulsó a hacerlo fue saber que no era la única que había pasado por esa situación.

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«Contan con máis protección os animais que os nenos», advierte una psicóloga

Es un tema tabú inmerso en una profunda laguna. Más aún cuando se comete contra los más indefensos: los niños. Así lo creen las responsables de la asociación contra el maltrato y el abuso infantil Amino Galicia. «En Andalucía hai un departamento específico para o abuso aos menores, aquí os fiscais son os mesmos para un neno de 5 anos que para un adulto de 50», informa la psicóloga de Amino, Inma Araújo, que añade: «Non é que alí haxa máis abusos, é que se detectan máis».

En Francia también han apostado por especializar a los equipos. «Non me entra na cabeza que un pediatra non saiba diagnosticar un abuso. Non concibo que un mestre non o detecte», continúa. Demanda más formación. «O 80 % das denuncias son desestimadas por falta de probas. Un equipo forense axeitado sabería dar con elas. Un cativo non sabe o que é un abuso. Contan con máis protección os animais que os nenos».

Su compañera Aida Blanco Arias, abogada, subraya la cantidad de adultos, sobre todo mujeres, que sufrieron abusos en su infancia o juventud y se ponen en contacto con ellas. «Uno de los problemas es la prescripción de los casos. Con el nuevo Código Penal hay un pequeño avance. Antes, el tiempo empezaba a contar desde la agresión. Ahora, es a partir de que la víctima cumple la mayoría de edad». Hubo más pasos positivos: «En un menor de 16 años nunca hay consentimiento. Antes el límite estaba en los 13». En cuanto a las penas, «es necesario un endurecimiento de la norma cuando se trata de menores».

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