El coche incansable que dio 37 vueltas al mundo

Un taxista de Abegondo lo exprimió durante 15 años con viajes a Suiza hasta acumular 1,5 millones de kilómetros


Abegondo / La Voz

El de la foto está de cumpleaños. No, Fermín no, el coche en el que se apoya, un Volvo con algunos problemas de psoriasis en la pintura. Este mes cumple 25 años, así que entra en la categoría de vehículos históricos. Pero para histórica su resistencia. Miramos el salpicadero y descubrimos 1.783.451 kilómetros. Tan poca fe tenían los diseñadores de Volvo en un hito así que dejaron el registro en solo seis cifras, así que falta el «1» del millón. Pero los propios vecinos de Fermín lo juran. Roza los dos millones de kilómetros.

El coche cambió de manos hace diez años. Hoy su propietario es Agustín, hijo de Fermín, pero le hemos pedido al padre que pose con el coche para La Voz porque él es el culpable de esa barbaridad de distancia: condujo en 15 años 1,5 millones de kilómetros, una media de 100.000 al año. Ese millón y medio equivale a 37 veces la vuelta al mundo por la línea del ecuador.

Este coche sin obsolescencia sobrevenida está en Abegondo (A Coruña) y esos quince años de intenso trabajo funcionó como taxi transfronterizo, con innumerables desplazamientos a Suiza, sin asientos libres y un remolque para llevar productos de la tierra, de esos cuyo aroma arrancan las lágrimas de los emigrantes.

Y en esos viajes tan largos también hizo de hotel para el conductor y sus pasajeros. «Se eles querían durmir nun hotel eu esperáballes no coche, aquí tamén se durme ben», explica Fermín Varela López, quien continúa su vida de taxista pero ya con otro vehículo. Hoy el Volvo lleva una plácida jubilación en manos de su hijo. Fermín, en cambio, ha decidido seguir. Es de los que se aburre si para. Ni su viejo Volvo le sigue el ritmo.

Además de la longevidad, aseguran que este coche nunca les ha dejado tirados. Una vez hubo un amago, cerca de Barcelona al regreso de Suiza, pero el propio Fermín lo solucionó. Así describe el problema, el diagnóstico y la medicina: «Notei que deixaba de acelerar, e non se podía conducir; vin que tiña rota a peza que regulaba o acelerador, así que collín un pau na propia área de servizo e ateino cunha corda». Y tira millas hasta casa. No solo aguantó hasta Betanzos, su lugar de residencia, sino que aún estuvo así varios días antes de ingresar en el taller. «Esa foi a única avaría», insiste. ¿Y accidentes? Responde que tampoco. Solo un choque sin consecuencias por culpa de un conductor que se coló en un cruce.

-¿E eso onde foi? ¿En Suiza? ¿En Francia? ¿En España?

-Alí [señala el centro de Abegondo].

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