La violación de San Fermín que sí creyó el juez González

El magistrado que pidió la absolución de La Manada fue ponente en el 2012 en un caso de agresión sexual a una pareja de 20 años


Colpisa

Ricardo Javier González, el juez que quiso absolver a los miembros de La Manada, juzgó en 2012 otro caso de agresión sexual durante la celebración de los sanfermines.

Fue en la misma sala de la Audiencia Provincial de Navarra, pero la sentencia fue diferente y condenatoria. González, que fue el ponente de aquel caso, describe así los hechos probados:

A medianoche del 10 de julio de 2010, dos jóvenes de 20 años caminaban por los alrededores de los fosos de la Vuelta del Castillo en Pamplona. Eran novios, vestían de blanco con pañuelo rojo.

Un hombre se acercó, «sacó de su cintura un cuchillo de unos 20 centímetros de hoja» y los amenazó. Luego les dijo que andasen en dirección a los fosos.

-¡Al suelo! El agresor desamarró el pañuelo de San Fermín del cuello del chico y sustituyó el cinturón por la pañoleta. La correa la utilizó para inmovilizar sus tobillos. Volvió a registrar a la chica.

-Desnúdate.

La chica empezó a llorar, mientras obedecía.

-No llores, somos amigos -decía el atacante, siempre con el cuchillo en su mano derecha-. Si lloras va a ser peor.

Cuando ella estaba completamente desnuda, obligó a ella a hacerle una felación a su novio, al que tapó la cara con un blusón.

-Déjanos en paz, vete, gritó él.

-Tranquiliza a tu novio, respondió el asaltante, dirigiéndose a ella.

Luego la obligó a masturbarle a él a la vez que a su novio. Ella «realizó estas acciones ante el temor que sentía, y mientras el acusado le siguió tocando los pezones y los pechos. En un momento dado, el acusado quiso introducir sus dedos en la vagina, rogándole ella que no lo hiciera, que era virgen».

-Vale, cedió el agresor.

«El acusado le dijo que se la 'chupara a él' (...) ella continuó haciendo la felación al acusado hasta que éste fue a eyacular».

-Ya me voy. Esperas unos diez minuticos, desatas a tu novio y os vais, dijo el hombre antes de marcharse.

El tribunal, que también estuvo integrado por otro juez del caso de La Manada, José Francisco Cobo Sáenz, el presidente de la sala, y por Ernesto Vitallé Vidal concluyó que el procesado era culpable de un delito de agresión sexual, en su variante de violación, debido a que hubo acceso carnal, siendo la víctima la chica.

Diez años de prisión

Le impuso una pena de diez años y seis meses de prisión y una indemnización de 18.000 euros. También lo condenó por una segunda agresión sexual, siendo víctima el chico, con pena de cuatro años de cárcel y 12.000 euros. Además, le encontró culpable de robo con intimidación, lo que sumó otros cinco años de cárcel más.

Los magistrados concluyeron que el «relato fáctico» era verídico, dando credibilidad a la pareja denunciante, y determinaron que la chica había sido víctima de «una acción de acceso carnal, consistente, en este caso, en dos penetraciones sucesivas por vía bucal, llevadas a cabo contra su voluntad, habiendo empleado el procesado, para vencer su oposición y resistencia, la intimidación mediante el uso de un cuchillo». El chico fue considerado «mero instrumento», siendo el acusado «autor mediato» en la primera acción y «autor directo» en la segunda.

En este caso, el chico también fue víctima de agresión sexual porque el delito se constituye cuando «un sujeto activo realiza la conducta de penetrar, como cuando es la víctima la que es obligada a realizar la conducta contra su voluntad».

La jurisprudencia citada para condenar los dos delitos de agresión sexual es similar a la de otras ponencias del juez González, y se basa en sentencias del Tribunal Supremo: «Para delimitar dicho condicionamiento típico debe acudirse al conjunto de circunstancias del caso concreto que descubra la voluntad opuesta al acto sexual, ponderando el grado de resistencia exigible y los medios coactivos para vencerlo». Mientras que la intimidación «implica la amenaza de un mal o perjuicio para la vida o la integridad física que sea grave e inmediato (...) a tal fin basta con que sea simplemente eficaz para doblegar la voluntad del sujeto pasivo del delito».

Estos argumentos han prevalecido en cada caso de agresión sexual que ha dirimido el juez González, incluyendo el de La Manada. La cuestión, entonces, de su voto en contra parece encontrarse en la veracidad que otorga a la denunciante. En este caso, otorgó plena credibilidad a la pareja agredida.

Ricardo González, el juez que vio «jolgorio» en los vídeos de la Manada

M.Viñas

El magistrado que emitió el voto particular favorable a la absolución de los acusados lleva meses en el ojo del huracán. Ya en diciembre le había dicho a la víctima: «Está claro que dolor usted no sintió»

Ricardo González, el juez favorable a la absolución de la Manada, lleva meses en el ojo del huracán: ya desde el principio, el magistrado mostró indicios de no estar en la misma sintonía que sus otros dos colegas miembros del tribunal, postura que quedó clara el jueves al hacerse pública la sentencia del juicio y, con ella, los argumentos que le llevaron a emitir su controvertido voto popular en favor de la puesta en libertad de José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo y Antonio Manuel Guerrero. González no vio en el portal de Pamplona a cinco chicos violando a una chica de 18 años. No vio violencia ni fuerza ni brusquedad. Tampoco burla, desprecio, humillación, mofa o jactancia. Vio «desinhibición total y explícitos actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo», «menor actividad y expresividad en la denunciante», concede, pero nada de «oposición, rechazo, disgusto, asco, repugnancia, negativa, incomodidad, sufrimiento, dolor, miedo, descontento o desconcierto».

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