El molino que gira por una promesa

Antes de morir en 1987, Jesús pidió a su mujer que siguiera moliendo mientras viviera. Ella cumple su palabra con 92 años

Socorro, con 92 años, en el molino de A Laxe, donde trabajó media vida
Socorro, con 92 años, en el molino de A Laxe, donde trabajó media vida

Vilasantar / La Voz

El Tambre tiene entre sus afluentes el río Cabalar, cuyas aguas activan el molino del lugar de A Laxe (Vilasantar). La instalación cambió de dueño en 1946. Ese año Jesús Boado se convirtió en molinero y cumplió así uno de los sueños de su vida. Aquel húmedo rincón fue también la casa familiar y uno de los múltiples puntos de reunión de la aldea, que llegó a disponer de cuatro tabernas, escuela y numerosos servicios, además de un santuario descomunal. «Era a ilusión da súa vida», recalca Socorro Vázquez, mientras abre los brazos para mostrar todo lo que la rodea en el interior del molino.

Pero esa vida y esa ilusión tuvo un temprano final. El molinero murió en 1987 a los 54 años por una enfermedad que le hizo ser consciente de su ocaso. En su despedida encargó a su esposa que mantuviese con vida el molino mientras ella habitase la casa. Socorro cumplirá 93 años el próximo mes y el molino sigue funcionando para los pocos vecinos que dejan allí sus sacos de trigo para luego recoger harina. 

«Hoxe isto non dá cartos», explica Ángeles, hija de Socorro. Es ella quien activa y desactiva el molino, quien carga y vacía, quien, en definitiva, ejerce de molinera desde que los achaques y la edad apartaron a su madre de esta labor. «Pero ela é quen quere que se siga co muíño», explica mientras interrumpe el paso del agua al rodicio para hacer audible la conversación. Socorro recuerda los viejos tiempos con colas de gente esperando para ser atendidos. «Viña xente a cabalo da Castellana (en el municipio de Aranga), de Foxado, de Grixalba (Sobrado dos Monxes)... Agora xa só veñen os veciños que precisan de pan puro, sen aditivos», relata Socorro.

-Entón, por que non o deixa?

-Porque mo pediu meu marido, díxome que seguira mentres vivise. Era a ilusión da súa vida, e é un traballo moi bonito. Os veciños tamén queren que se siga.

Así que más de tres décadas después de formular esa promesa, el molino de A Laxe sigue funcionando mientras la gran mayoría de estas construcciones sobreviven como un montón de piedras labradas. Las más afortunadas, si acaso, han sido recuperadas como patrimonio, casi siempre vinculadas a rutas de senderismo, pero son edificios disecados sin tripas en el interior.

El molino de A Laxe sí conserva las tripas, manipuladas por Ángeles. «Con esta panca podes baixar o nivel da pedra e así consegues unha fariña máis triturada», explica. Desde la molleja (una tolva o recipiente en el que se deposita el cereal), una campana permanece atada a un cable que desciende a medida que se acaba el grano. Cuando se vacía, la campana choca contra la tolva y así avisa a Ángeles para que vuelque más grano. Para que no se pare este molino que sigue girando con el recuerdo de Jesús.

Piedras del monasterio de Sobrado obtenidas tras la desamortización

En la fachada del molino llama la atención la sucesión de escudos en medio de un muro de mampostería, justo entre la puerta principal y la ventana. En la pared contraria asoma un motivo similar. Según Socorro, son piedras del monasterio cisterciense de Sobrado, a pocos kilómetros, vendidas tras la desamortización de Mendizábal. 

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