Secondos, los 21.000 gallegos nacidos en Suiza

Son hijos y nietos de la primera oleada de emigrantes y mantienen su vinculación con Galicia

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«Secondos»: Los otros gallegos de la emigración Es el apodo por el que son conocidos los hijos de los emigrantes en Suiza. Allí, uno de cada dos residentes gallegos pertenecen a esta segunda generación. ¿De dónde se sienten ellos?

Para los suizos son los secondos, aunque cuenta Kelly Prego Castro, una joven de 23 años mitad de Ginebra mitad de Cerceda-Moraña, que sus amigos suizos les han inventado un mote: «Chámannos os gallegue». Kelly apura la revisión de sus apuntes de la carrera, estudia para ser profesora de infantil, en una de las mesas de la Irmandade Galega de Ginebra. Va allí una vez a la semana a clases de muiñeira. «Todos os meus amigos en Xenebra son fillos de galegos, é cos que máis me gusta saír, por como son e os nosos gustos», cuenta la joven estudiante con una naturalidad capaz de trasladar a cualquier compatriota con morriña hasta su tierra. «Meus pais coñecéronse en Suíza. Miña nai xa veu de nena, fixo aquí o cole». Ella es una de los 21.057 gallegos residentes en Suiza nacidos fuera de nuestra comunidad. Son ya uno de cada dos gallegos en el país, donde viven un total de 41.114, cifra que volvió a crecer respecto a la del 2016. ¿De dónde se siente ella? «De Galicia, a nacionalidade suíza tiven que pagala», responde. Se refiere a la tasa que hay que abonar a las arcas helvéticas una vez que se tiene opción a tener la ciudadanía. Pero, aunque su apego es fuerte, no cree que la traiga de vuelta al país de sus padres: «Aquí teño moitas máis posibilidades laborais».

Después de Suiza, Alemania (9.044 de los 17.227 gallegos residentes), Francia (8.143 de los 18.979) y Reino Unido (5.607 de los 14.369) son los otros países europeos que más gallegos de segundas o terceras generaciones suman. Juntos aportan 22.794 de los 52.106 ciudadanos gallegos nacidos fuera de nuestras fronteras y vecinos de Europa. Son las generaciones que perdió Galicia. Noemí Figuerola Mera es una de ellas. Nació en Ginebra en 1986. Los primeros en dejar A Peroxa fueron sus abuelos, luego sus padres. Ella y su hermano viven y trabajan en la ciudad del lago Lemán. El 75,9 % de los españoles de Suiza tienen entre 16 y 65 años. Noemí es profesora de primaria en un colegio en el que «tres das miñas compañeiras mestras son tamén galegas e entre os alumnos o exótico é atopar un apelido suízo». Habla francés con la misma destreza con la que interpreta con su gaita A camposa. «Con 19 anos marchei soa a Galicia. Estudei en Santiago e coñecín alí ao meu marido, que, por agora, vive en Ourense», explica Noemí. Cada miércoles se juntan unos dieciséis hijos de gallegos para las clases de baile. Una de las últimas incorporaciones es Nerea López, de 26 años y compostelana. «Mi caso es distinto, me vine con mi novio. Él es hijo de gallegos emigrados. Llevamos tres años, aunque vivimos en Francia, a 20 minutos en coche y con alquileres más asequibles. Él trabaja en una empresa de mantenimiento y yo estoy mejorando el francés. No es tan fácil encontrar algo que no sea por horas. Siempre pienso en volver en cuanto podamos», confiesa Nerea. «Noto que hai dous extremos entre as segundas xeracións. Os que se converten totalmente en suízos e os que semella que viviron na aldea toda a vida», asegura Noemí.

Gorka Cruz, en Ginebra
Gorka Cruz, en Ginebra

Gorka Cruz (Ginebra, 1978) se define como ciudadano del mundo. Tal vez el trabajo de sus padres en la ONU marcó su carácter. Como buen ginebrino fue empleado de la banca: en Barclays y en un fondo de alto riesgo. Un mundo que criticó en su popular videoclip, The global economy, y del que vive alejado. En una céntrica avenida que desemboca en el Lemán, las oficinas de Abanca ocupan uno de sus prominentes edificios. Borja elige para la entrevista una soleada plaza trasera donde hay una cafetería vende sus zumos ecológicos GoGinger. «Hay un sentimiento de pertenencia, ¡soy del Deportivo! Mi padre me llevaba a los partidos a A Coruña. Pero no me siento de ningún sitio en concreto», desvela. Cuatro de los vecinos que viven en su edificio, subraya, «son también gallegos». Casi uno de cada dos habitantes de la ciudad no es suizo.

En Berna, la capital

Un porcentaje que cambia mucho en Berna, capital del país y del cantón de habla alemana. «Mis padres llegaron a comienzos de los 60, había muy pocos gallegos. Me acuerdo que mi padre iba los domingos por la tarde a la estación, creo que con la esperanza de escuchar a alguien hablar gallego», recuerda Belén Couceiro.

Es periodista en el portal del antiguo canal internacional de la Confederación. Su caso y el de su hermano son para ella un ejemplo de que la integración de los emigrantes, sobre todo, la de sus hijos, fue posible. «No me gusta ponerme un adjetivo de gallega o suiza. Soy de ambas partes, voy a Galicia unas dos veces al año pero, a diferencia de mis padres, no sé dónde terminaré mis días. Ellos siempre quisieron volver, fue una decisión valiente tras una vida aquí. La Galicia que dejaron, afortunadamente, cambió mucho». Descubre un secreto: «Siempre visto algo gallego». Es ahí cuando presume de su bolso de Roberto Verino.

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