El coche fantástico español

Motor, habitabilidad y diseño hicieron del 124 uno de los vehículos más deseados


Redacción / la voz

El Seat 124 rezumaba estilo, elegancia, modernidad y, sobre todo, tamaño. Sus cuatro puertas daban acceso a una habitabilidad extraordinaria para la época. Eso, unido a una potencia generosa y con mucho carácter, hicieron de este modelo un superventas. Fue presentado en el salón de Barcelona de 1968, un auténtico escaparate internacional al que muchos fabricantes llevaban sus últimas creaciones, porque Seat no podía dejar escapar la ocasión de lanzar su gran apuesta, el 124, un coche diseñado por la matriz italiana Fiat y que bajo su licencia se empezó a construir en España.

A finales de los sesenta, la mayor parte del panorama automovilístico español lo componían, entre otros, los Seat 600 o su versión en 850 centímetros cúbicos, los Renault 4 latas o el espartano R8. También compartía cartel el mismísimo Citroën 2 caballos en sus diferentes variantes. Todos ellos formaban parte de un mercado con una marcada falta de potencia. Eran vehículos económicos y bastante sencillos en su concepción y se quedaban algo anticuados ante una creciente clase media que empezaba a demandar algo más. Aunque existían modelos mas grandes, como el Seat 1500, el Citroën DS tiburón o el Dodge Dart, estos vivían en otro escalón económico al que no todos podían subir. En ese momento aparecía el 124, que se convertiría en un éxito comercial entre los vehículos de gama media, ya que era bastante más potente que otros de su misma categoría, como el Renault 10 o el Simca 1000.

Los pedidos empezaban a llover. En Galicia, por ejemplo, fue el concesionario Fiat-Seat de A Coruña el primero en apuntarse a su puesta de largo. A su presentación «asistieron autoridades y representaciones locales, informadores de prensa y radio y numeroso público» informaba La Voz aquel 21 de abril de 1968. Según el dueño de esa concesión, ese mismo día ya tenía 26 pedidos confirmados y 300 formulados para la compra del Seat 124, una auténtico récord para la época. Días después, el propio concesionario tuvo que montar una oficina especial a las afueras de la ciudad para agilizar los pedidos ante la gran demanda del modelo.

El precio fue otro gran reclamo. Sus 118.000 pesetas de la época, en su versión básica, resultaban bastante atractivas para muchas familias que llevaban años sufriendo viajes vacacionales infernales a bordo de pelotillas a punto de una combustión espontánea. Ahora tenían la oportunidad de «viajar como señores», aseguraba alguna revista de la época.

El éxito del 124 y sus posteriores variantes como el 1430, con pequeñas diferencias de diseño y potencia, fue arrollador. Más de 650.000 unidades construidas en sus 12 años de existencia transformaron a este modelo y sus versiones en unos de los iconos españoles

Clásico cinematográfico

Era también un vehículo muy apreciado por sus condiciones dinámicas, que lo capacitaban para servicios especiales, como de ambulancia o policía, y su enérgico motor lo hacía muy apto como automóvil deportivo. También el cine lo inmortalizó en diferentes películas desde los setenta. Lina Morgan, Alfredo Landa o Fernando Esteso pasaron por su volante en algún momento. Ya en los ochenta, personajes como el Vaquilla o el Torete recreaban una sociedad cruda donde estas máquinas cumplían funciones de compañeros de chapa en mil correrías. En los últimos años, películas como Ja me maten, del dúo Cruz y Raya, o Torrente han tirado de este modelo injustamente como icono decadente, pero en la actualidad se está convirtiendo en un objeto de deseo por parte de los coleccionistas, que por las versiones más deportivas, como la FU/FL de 114 caballos, llegan a pagar cifras muy altas. Por ejemplo, por una unidad que perteneció a Julio Iglesias y que se encuentra en perfecto estado se piden casi 18.000 euros.

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