Los pasatiempos llegan al aula

Juegos como crucigramas, sudokus, sopas de letras, dameros y encrucijadas son también una herramienta educativa que cada vez utilizan en mayor medida los profesores para fijar la atención de sus alumnos y mejorar sus habilidades. La revista «Elemental», que La Voz ofrece los domingos en Galicia, puede servirles de ayuda.

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redacción / la voz

«Yo desde luego que los recomiendo para los niños». Carmen Pomar, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidade de Santiago, no tiene dudas. Los pasatiempos entretienen, pero también forman. Son un juego, pero también una puerta al aprendizaje en el que los alumnos centran su atención y desarrollan sus habilidades cognitivas, amplían su vocabulario, adquieren destrezas lingüísticas y refuerzan su capacidad de lógica y entretenimiento. No es de extrañar, entonces, que sean utilizados como un recurso educativo en clase. Y cada vez son más los profesores los que apuestan por esta alternativa, a la que a buen seguro la revista Elemental, que se ofrece todos los domingos con La Voz de Galicia, podrá servir de gran ayuda.

«Desde el punto de vista educativo los pasatiempos son muy útiles. Es un recurso que se usa muchísimo en educación, muchísimo más de lo que la gente se cree. Y, desde el punto de vista psicoeducativo, cuando los padres me preguntan qué hago, qué libro compro, qué fichas utilizo, yo lo que les digo es ninguna: simplemente con los crucigramas, las sopas de letras o buscar las diferencias ya está, porque además a los niños les engancha mucho más que el material puro y duro de las editoriales educativas», resume Carmen Pomar.

Y Patricia Galán, directora del CEIP Ponte dos Brozos de Arteixo, que se caracteriza por su innovación educativa, lo constata. «Depende das aulas e dos titores, pero si son unha ferramenta educativa moi útil, que se emprega, ao mellor non coa frecuencia que quixeramos, porque o currículo é moi avultado e hai moito que facer, pero evidentemente si que son unha ferramenta útil e lúdica». En su caso particular confiesa que «utilizo e utilicei moitas veces os encrucillados e os sudokus, os xogos das diferenzas ou as sopas de letras, e supoño que os compañeiros tamén».

Tampoco resulta una sorpresa que en algún momento los alumnos no se encuentren en el examen con la típica pregunta, sino que en su lugar aparezca un crucigrama adaptado al tema de estudio. Si responden adecuadamente supondrá que tienen la lección bien aprendida. «Dependendo da temática do encrucillado, pode servir para facer unha avaliación dos coñecementos dos alumnos», apunta Galán.

También en exámenes

Juan Sanmartín, profesor de Matemáticas y Física y Química en el centro Vila de Arenteiro de O Carballiño, es un ejemplo de ello. «En un ejercicio -explica- les puse un crucigrama en el que tenían que buscar los ocho elementos de un laboratorio». Sanmartín, que también es el organizador de la Olimpiada de Química en Galicia, le puso la misma prueba a los participantes en el examen. «La verdad -dice el docente- es que me gustaría trabajar más con este tipo de materiales en el aula, porque les aporta a los alumnos otros conocimientos y tienen que utilizar un poco más la cabeza, pero con el currículo apretado que tenemos no siempre podemos. A los chavales les motiva más porque es un juego, pero en el que aprenden».

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