Emigración cualificada en Suiza: «Os nosos políticos non deberían durmir tranquilos»

La física ourensana Teresa Fonseca ha conseguido plaza fija en toda una institución de la enseñanza suiza

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«Os nosos líderes políticos non deberían durmir tranquilos» Teresa Fonseca representa la fuga de cerebros que ahora también buscan un hueco en Suiza

El edificio es uno de los más emblemáticos de Ginebra. Si uno ha visto Harry Potter es inevitable que no le recuerde al Hogwarts donde estudió el joven mago. En el barrio de Rive, en el centro más exclusivo de una ciudad prohibitiva, está el Colegio Calvin, fundado en 1559 por el líder calvinista. Teresa Fonseca (Ourense, 1976) ha conseguido en esta insignia de la enseñanza helvética, el instituto más antiguo en la ciudad, lo que en casa fue imposible: una plaza fija.

Enseña Física desde el 2012 en el centro público de secundaria al que acuden los hijos de los que pueden permitirse una vivienda en la zona. «Trátanme moi ben, pero estou aquí porque se vou a Galicia non teño traballo», responde franca. Gracias a una bolsa de la Fundación Barrié hizo el doctorado en la Universidad de Chicago. También contó con financiación del Department of Energy del gobierno norteamericano. El proyecto lo desarrolló en el CERN. Esta etapa de formación terminó en el 2005. Luego vino lo más difícil. «Cando quixen facer a transición non houbo maneira. No 2012 levaban máis de cinco anos sen convocar oposicións. Logo sacaron unhas poucas prazas, agora prometen máis de cen. Nunca é algo seguro polo que apostar. Teño un currículo como para ser profesora de universidade. Sempre me gustou a ensinanza secundaria. Tiven moi bos profesores na pública, por eles cheguei ata aquí».

Emigración «de alto nivel»

O «científica». Así es como la define Teresa. Desde hace dos años es funcionaria del cantón de Ginebra. «Teño amigos preparadísimos no paro en Galicia. Se volvo non me contan os méritos de aquí para unha praza, pola tese doutoral daríanme tantos puntos como alguén que fai italiano na Escola de Idiomas», lamenta.

Ella no tuvo parientes cercanos emigrados: «Boto de menos á familia. Non é algo trivial. Non estamos de vacacións. A meirande parte da xente non emigra por espírito aventureiro, senón por necesidade. Gustaríame comer os domingos con meus pais. Polo menos, ter a opción». Para Teresa la «fuga de cerebros» es «un pecado».

«Podo ter algo que achegar. Gustaríame reverter a inversión que fixo a sociedade galega en min» 

El problema, destaca, es que como su caso hay muchos más. «Gustaríame reverter a inversión que fixo a sociedade galega en min. Creo que podo ter algo que achegar. É tolo que haxa xente tan ben formada, con tantas ganas de traballar, e que a mensaxe que lles chegue é que non serven para nada. Polo menos que lles deixen inventarse o seu traballo, pero ata para iso hai dificultades. Os nosos líderes políticos non deberían durmir tranquilos. A sociedade tamén debería esixirlles máis». Al menos conoce a otras dos compañeras doctoras en físicas de partículas que también enseñan en la secundaria suiza.

La punta del iceberg

Cuenta Teresa que un domingo por la mañana de buen tiempo, paseando por Ginebra, «seguro que escoitarás galego». También a más paisanos. «Dende o pico da crise escoito a moita xente falando castelán. Non teño os datos, pero sei que iso que te atopas pola rúa é a punta do iceberg. Coñezo a arquitectos, médicos ou enfermeiros españois que chegaron nos últimos anos», relata.

El aula donde se realiza la entrevista está llena de instrumentos para realizar experimentos y desde la ventana se pueden ver los tejados de más de 400 años cubiertos todavía de una fina capa de nieve. La primavera también ha comenzado invernal en el paraíso de la banca privada. Aunque la mayoría de sus alumnos son hijos de la burguesía ginebrina, también se cuelan algunos Castro, Blanco o Torres entre sus estudiantes. «No Nadal cruceime cun dos rapaces por Ourense, os seus tamén son de alí».

Donde Suiza no gana

Además de a la familia, echa de menos «o peixe e a sanidade». Se explica: «Aquí elixiron por referendo que a xestión fose privada. Pagamos unhas cantidades mensuais obscenas e encóntroa desastrosa. Cóidase menos a prevención. O que se acadou en España é marabilloso».

Sobre la educación suiza, que considera «moi boa», sí añade que «é máis elitista. A partir dos 12 anos dividen ós rapaces en tres grupos segundo os resultados. É complicado chegar á universidade se non estás na clase dos mellores». A veces, concluye Teresa, «non nos damos de conta da sorte que temos en Galicia».

¿De qué trabajan los gallegos en Suiza?

Alfonso (izquierda) dirige el Conservatorio Popular de Ginebra. De Corme, aspira a ser elegido diputado cantonal
Alfonso (izquierda) dirige el Conservatorio Popular de Ginebra. De Corme, aspira a ser elegido diputado cantonal

No son tantos como los 68.000 de Ferrol, pero sí son más que los 39.400 de Narón. En Suiza viven 41.114 gallegos según el INE. Unos 16.549 tienen entre 16 y 64 años. Nacidos en la comunidad o hijos de la diáspora, los gallegos residentes en el estado centroeuropeo son en su mayoría asalariados del sector privado.

No hay estadísticas regionales, pero la Encuesta de Población Activa helvética, la ESPA, sí aporta datos sobre la situación laboral del total de los españoles. El 79 % trabaja a jornada completa y un 21 % a tiempo parcial. La mayoría de estos, un 75 %, son mujeres. En el 2016 solo 3.300 de los españoles activos ejercían una actividad por cuenta propia. Uno de ellos es José Manuel González Castro. Natural de O Carballiño, llegó de niño a Ginebra. Fue en el año 84. Tiene una empresa de fontanería y reparaciones con una docena de empleados. Dos de ellos son gallegos, otros dos valencianos. Uno de sus hermanos también es empresario, regenta un restaurante. «Suíza deume case todo. Acabei aquí a ensinanza primaria e aprendín un oficio. Teño aquí a miña vida». Su mujer, de Triacastela, es sastra en el teatro de la ciudad.

Manuel (derecha) es ourensano y empresario. Presidió el emblemático club de fútbol Galaica Onex
Manuel (derecha) es ourensano y empresario. Presidió el emblemático club de fútbol Galaica Onex

Alfonso Gómez Cruz era también pequeño cuando arribó a Ginebra. Trabajó para la Cruz Roja y ahora es director adjunto del Conservatorio Popular. Vinculado siempre al ámbito público, es concejal en el ayuntamiento por los Verdes. Su rostro se puede ver por media Ginebra. El 15 de abril puede salir elegido diputado cantonal. «Para traballar, o empresario, ou institución, ten que solicitarche o permiso de residencia. Sen el non fas nada. O goberno federal pode esixir que se demostre que non hai un suízo cualificado e no paro que poida desempeñar ese posto. Berna impón unha cota de permisos ao ano». El desempleo es del 3 % en el país, del 5 % en Ginebra. «O acceso á universidade non é tan universal aquí e a nova emigración galega, e española en xeral, vén con máis formación ca antes», resalta Gómez Cruz.

Dos programas destinados a atraer el talento gallego en el exterior

Desde la Secretaría Xeral da Emigración destacan que en el 2016, último año con datos oficiales, retornaron a Galicia 3.025 personas más de las que salieron. El 80 % eran menores de 65 años y el 64 % estaba en edad de trabajar. Este 2018 van a destinar 1,6 millones de euros al retorno. De ellos, 550.000 irán para los procedentes de Venezuela.

Para el resto hay dos programas. Una beca para los 100 mejores expedientes de gallegos, hijos o nietos que «veñan estudar un mestrado con alto índice de empregabilidade nalgunha das tres universidades galegas». Son entre 7.000 y 11.475 euros de subvención. Destinan 860.000 euros. Para los retornados emprendedores hay una ayuda de 10.000 euros a fondo perdido. Cuentan con un presupuesto de 200.000 euros.

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