El papa Francisco asegura que el infierno «no existe»

Sus palabras, recogidas en un entrevista en un diario italiano, han desatado la polémica


No existe un infierno en el que sufren las almas de los pecadores para toda la eternidad, asegura el papa Francisco en una entrevista con el diario italiano La Repubblica publicada este jueves. Tras la muerte, las almas de las personas que se arrepienten reciben el perdón de dios y se suman a quienes lo contemplan, pero «aquellos que no se arrepienten y por tanto no pueden ser perdonados, desaparecen», afirma el pontífice argentino. «El infierno no existe; lo que existe es la desaparición de las almas pecadoras», añade.

En respuesta a la publicación, la oficina de prensa del Vaticano emitió un comunicado en el que asegura que las citas no son atribuibles directamente al papa, sino una «reconstrucción» de la entrevista. El papa fue entrevistado por Eugenio Scalfari, un veterano periodista italiano que se proclama ateo pero suele reflexionar sobre la fe y la religión y tiene acceso al líder de la Iglesia católica.

Sin embargo, en el pasado la veracidad de algunas de las citas del periodista ha sido cuestionada, sobre todo porque Scalfari, de 93 años, admitió que nunca graba sus entrevistas. Pese a ello, el Vaticano no ha protestado por su trabajo y el papa Francisco sigue dándole entrevistas.

El papa participa en el tradicional lavado de pies en el Vaticano

El papa Francisco dijo hoy, durante su visita a la prisión romana «Regina Coeli», que una pena debe estar abierta a la reinserción, por lo que la condena a muerte «no es ni humana ni cristiana».

«Cada pena debe estar abierta al horizonte de la esperanza. Por esto no es humana ni cristiana la pena de muerta. Cada pena debe ser abierta a la esperanza, a la reinserción», señaló ante los presos y funcionarios al término de su visita a la cárcel, donde ofició la misa de Jueves Santo.

«No hay ninguna pena justa sin que se abra a la esperanza. Una pena que no conlleve esperanza no es cristiana, ¡no es humana!», exclamó Francisco.

El papa, emulando a Jesús de Nazaret en la «Última Cena», lavó los pies a doce personas, en este caso presos provenientes de distintas partes del mundo y de diferentes confesiones religiosas.

En concreto eran cuatro italianos, dos filipinos, dos marroquíes, un moldavo, un colombiano, un nigeriano y uno de Sierra Leona. Eran católicos, dos musulmanes, uno era cristiano ortodoxo y otro budista, informó el Vaticano.

Ante cada uno de ellos el pontífice se arrodilló y, con una jofaina y una palangana de plata, lavó y besó sus pies.

Durante la misa profundizó ante los presos en el pasaje bíblico que narra cuando Jesús lavó los pies a sus discípulos, «una labor de esclavo» con el que Cristo, apuntó, «quiere darnos un ejemplo de cómo debemos servirnos los unos a los otros».

Señaló que «Jesús dio la vuelta a un hábito histórico y cultural de aquella época» y dictó con su gesto que «un buen jefe, sea donde sea, debe servir».

«Yo pienso muchas veces (...) que si muchos reyes, emperadores, jefes de Estado hubieran comprendido la enseñanza de Jesús y, en vez de mandar, de ser crueles, de asesinar a la gente, hubieran hecho esto, ¡cuántas guerras se habrían evitado!», exclamó.

El papa recomendó el «servicio» aunque haya «gente que no facilita esta actitud, soberbia, odiosa, gente que quizá desea el mal», pero puntualizó que «estamos llamados a servirles aún más».

«Hoy yo, que soy un pecador como vosotros, pero represento a Jesús, soy embajador de Jesús. Hoy, cuando me arrodillo ante cada uno de vosotros, pensad: 'Jesús ha arriesgado a este hombre, un pecador, para venir a mi y decirme que me ama'», recomendó.

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