«Soy musulmán y rezo a Alá, pero la Semana Santa de Viveiro me encanta»

El marroquí Ismael Kassimi colabora desde hace siete años en el montaje de los pasos que salen en las procesiones

Ismael, junto al paso de La Piedad, disfruta con los preparativos y viendo las procesiones
Ismael, junto al paso de La Piedad, disfruta con los preparativos y viendo las procesiones

Viveiro / La Voz

En el corazón de Marruecos, rozando los 1.500 metros de altitud y a los pies de la cordillera del Atlas, se sitúa Midelt, la ciudad en la que nació y creció Ismael Kassimi. Allí también empezó a orar, pero en lugar de a Dios en una iglesia, aprendió a hacerlo en una mezquita y a Alá, puesto que tanto él como su familia son musulmanes. Varias décadas después, rompiendo con todo tipo de prejuicios y tópicos sobre los conflictos entre religiones y culturas, el hombre vive en Viveiro, al nivel del mar, y aunque sigue profesando su religión y cumpliendo con tradiciones como el Ramadán, es «uno más» entre las decenas de colaboradores que, de forma desinteresada, echan una mano en el montaje y los preparativos de la Semana Santa de Viveiro, declarada de Interés Turístico Internacional, y que año tras año recibe a decenas de miles de visitantes.

«Soy musulmán, pero la Semana Santa de Viveiro me encanta», explicó el jueves pasado durante un breve alto en la preparación del paso de La Piedad, uno de los más emblemáticos de la Pasión viveirense y que representa a la Virgen María arrodillada con Cristo, ya muerto, sobre su regazo. «Me gustan todos los pasos, pero La Piedad es especial», subraya el hombre, que aunque no es cofrade estos días arrima el hombro como si lo fuera, limpiando las lámparas que iluminan el trono o retocando la madera. Lo hace en la carpa conocida como «Antesala dun museo», en la que durante toda la semana se podrán visitar diez de los pasos que salen en procesión, y que pertenecen a las seis cofradías enraizadas en la iglesia de San Francisco: Orden Tercera Franciscana, Prendimiento, Nazareno dos de Fóra, Siete Palabras, La Piedad y Santa Cruz. Fuera de ella se pueden visitar la iglesia de Santa María, donde están los santos y tronos de la cofradía del Rosario, y la capilla del Ecce Homo, sede de la cofradía da Misericordia.

«Aquí todos se respetan»

«Me gusta mucho participar porque aquí todo el mundo se respeta», apunta Ismael, que antes de recalar en Viveiro trabajó durante cinco años en el aeropuerto de Madrid. En la capital tiene «una hermana casada y con hijos», pero él quedó prendado de la costa de Lugo nada más conocerla, y en Viveiro reside y trabaja desde hace siete años.

La gastronomía gallega también lo ha cautivado. «Me encanta la comida, sobre todo el pescado, que está muy rico, y el centollo a veces», sonríe. Hace más de una década que la Semana Santa de Viveiro trascendió el ámbito religioso para dar paso a un fenómeno bastante más profundo y complejo, en el que conviven en armonía la religión, lo social, lo cultural y lo turístico. En definitiva, algo universal.

«Nosotros rezamos en las mezquitas; fu, solo celebramos la fiesta del cordero»

«Nos gustan más las procesiones que ver un Madrid-Barça»

Abraham lleva una borla en las procesiones, Mateo toca el tambor
Abraham lleva una borla en las procesiones, Mateo toca el tambor

La Semana Santa de Viveiro traspasa fronteras y tiene futuro, como demuestra la cantidad de niños que correteaban el jueves pasado por la carpa en la que se exponen muchos de los pasos que saldrán en procesión desde hoy, domingo de Ramos, al próximo, domingo de Resurrección. La Voz charló con varios. «Aquí lo pasamos bien, carretamos cosas como bombillas de lámparas, hachones... Estamos entretenidos», confesaron Abraham y Mateo, amigos y compañeros de afición con 10 años. Su sueño es «llevar un paso». Los dos llevan mamando lo que se cuece en torno a las procesiones desde que nacieron. El primero es cofrade del Nazareno dos de Fóra. «Como Chevi, mi padre», destaca con orgullo el crío, y revela que en las procesiones se encarga de llevar «la borla», los cordones que cuelgan de los estandartes de las hermandades, y que presiden los recorridos que realizan los santos a hombros por el casco antiguo de Viveiro. El segundo toca el tambor en la banda TAU. Su abuela Pacola es una de las mujeres más activas en la preparación de las procesiones, ya que se ocupa de tener a punto los trajes de «hachones» (quienes portan las velas) y «levadores» (quienes portan los santos). Junto a ellos, Cayetana, de 6 años, tiene claro que en el futuro saldrá de mantilla. «Nos gustan más las procesiones que ver un Madrid-Barça», dicen los niños. Aunque la respuesta tiene trampa, porque a ninguno le apasiona el fútbol.

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