En Galicia Hawking vio el botafumeiro, comió ostras y peregrinó

En el 2008 estuvo en Santiago para recoger el premio Fonseca y allí dio una rueda de prensa

¿Qué legado deja Hawking a la ciencia? Ocupó la prestigiosa cátedra lucasiana de Cambridge y recibió en Santiago hace una década el premio Fonseca. Pero más allá de prestigiosos reconocimientos, Stephen Hawking deja para el futuro claves fundamentales para entender cómo es el universo.

Santiago, carballo / la voz

Todo en Hawking tenía un halo de misterio. Desde el desafío a su enfermedad hasta su empeño en que la humanidad colonizase el espacio. Y quizás sea un misterio su conexión con Galicia. Una relación que empezó, como tantas, de manos del azar. El científico era amigo de Claudio Bunster, un físico chileno colega de José Edelstein. Fue este, a través de una colaboradora de Hawking, el que inició las gestiones para traerlo a Santiago. Stephen Hawking estuvo en Galicia toda una semana para recibir el premio Fonseca del programa ConCiencia. Fue a finales de septiembre. La agenda del científico inglés era estresante. Hizo un pequeño tramo del Camino, fue a la Catedral de Santiago y vio el botafumeiro, se reunió con investigadores, con alumnos del instituto Rosalía de Castro, dio una rueda de prensa, presentó un libro con su hija Lucy. Fue una semana «exciting», como él mismo definió.

Su asistenta personal, Judit Croasdell, calificaba al científico como «enérgico», amante de la ópera y autónomo al decidir su rutina. No le gustaba el acento americano del ordenador a través del que hablaba, pero cuando hubo la posibilidad de cambiarlo le había cogido cariño a «su voz», esa voz que hasta hizo cameos en la serie The Big Bang Theory.

Pero lo más llamativo de estos días fue su capacidad de trabajo. Turistas, peregrinos y compostelanos lo rodeaban y se sacaban fotos con él mientras el científico y su equipo demostraban una paciencia infinita. Agradecido en cada uno de los actos que llevó a cabo, cumplió a rajatabla un programa que, como reconocerían después los que estuvieron con él, supuso una experiencia agotadora y satisfactoria al mismo tiempo.

Dos palabras por minuto

Un ejemplo, en aquel momento lograba escribir dos palabras por minuto. Contestó a 23 preguntas en la rueda de prensa. Los periodistas aguardaron una hora por los problemas técnicos y por el cansancio que acumulaba el físico. Nunca se mostró tanta comprensión al retraso de un entrevistado por parte de los reporteros, acostumbrados a esperar sin justificación alguna por parte de políticos y cargos públicos.

Hawking se llevó una gran experiencia y, años después, cuando su asistente técnico le preguntó un lugar para irse de luna de miel, le aconsejó Santiago. Aquí vino la pareja de recién casados.

Galicia ejerció una atracción para este científico hasta el punto de que tras esta primera visita volvería en varias ocasiones. Prácticamente de incógnito. En el 2014 estuvo en Vigo, con los vendedores de ostras de A Pedra. Decía el dueño del restaurante La Espuela, donde comió con su equipo, que había acogido a muchos famosos, «pero esto es otra dimensión». Y tanto que lo era. Un año después apareció en el parador de Cambados y se montó tal revuelo que hubo que cerrar el restaurante.

En el 2015 un grupo de estudiantes del instituto Rosalía viajaron a Cambridge a entrevistarlo, y una año después aceptó prestar su nombre a un premio de jóvenes investigadores de este centro. Dijo, en un mail, sentirse honrado de ceder su nombre.

Viajaba en barco o crucero, por lo que Vigo era una parada cómoda para volver a una tierra en la que se sentía a gusto. En su despacho, en Cambridge, estaba el premio Fonseca de Divulgación Científica. Por problemas económicos solo se otorgó cuatro veces, a cuatro eminencias de la ciencia. Aún así, Hawking había dejado el listón demasiado alto.

También tuvo una relación especial con Fisterra, de la mano del físico Jorge Mira. El alcalde, José Manuel Marcote, señalaba ayer que «o pobo de Fisterra, o faro, e a praza que leva o nome de Stephen Hawking están de loito».

El regidor se refería a la explanada anterior al acceso al faro, que desde abril del año pasado tiene una placa con su nombre, además de grabadas las palabras que dijo cuando el científico visitó el pueblo en septiembre del 2008: «Disfruté mi viaje al fin del mundo. Qué hermoso lugar». Fue un acto sencillo, presidido por la cónsul del Reino Unido, que sirvió de homenaje a las relaciones históricas entre Galicia e Inglaterra.

Hawking inicia su viaje a las estrellas

r. romar
A Hawking le diagnosticaron ELA a los 21 años, pero nunca se rindió
A Hawking le diagnosticaron ELA a los 21 años, pero nunca se rindió

El físico británico superó su incapacidad física para convertirse en el símbolo de la popularización de la ciencia, equiparable en cuanto a celebridad a Albert Einstein

Nació en Oxford un 8 de enero de 1942, justo 300 años después de la muerte de Galileo, y murió en Cambridge este 14 de marzo, el mismo día en que un tal Albert Einstein vino al mundo y en el que los matemáticos celebran el Día de Pi. No hay duda de que Stephen Hawking estaba predestinado a la ciencia, aunque nunca creyese en el azar. Quizás no a la física, porque su primera vocación fueron las matemáticas, pero en el University College de Londres, donde vivía con su familia, no se impartía este grado. Fue el destino, el mismo que años después quebró con su voluntad, el que le abrió las puertas de la física, gracias al que se convirtió en una de las mentes más brillantes de la especialidad y en el científico más popular del último siglo después de Einstein, aunque nunca haya ganado el Premio Nobel.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

En Galicia Hawking vio el botafumeiro, comió ostras y peregrinó