Un grupo gallego aporta un enfoque nuevo para luchar contra la leucemia

Desvela el papel clave de una proteína en la regulación del ARN en la enfermedad


redacción / la voz

Se llama TET2 y es la protagonista de esta historia. Es una proteína que, como otras, tiene la capacidad de modificar el ADN, de apagar o de encender determinados genes, determinando así la función e identidad de las células de nuestro organismo. Y está mutada en las leucemias, otros cánceres sanguíneos e incluso en el tumor de próstata, en los que se ha comprobado que la proteína funciona deficientemente. Es la teoría, justo donde los investigadores han puesto el foco. Pero ahora también hay que mirar para otro lado, porque TET2 no solo influye en la macromolécula de la vida, sino también en el ARN, el mensajero de la información genética.

Es lo que han demostrado en un estudio en células madre dos equipos del Cimus de Santiago, el de Células Madre y Enfermedades Humanas, dirigido por Miguel Fidalgo, y el de Reparación e Integridad del Genoma, liderado por Miguel González-Blanco, cuyas conclusiones se han publicado en Nature Genetics. Es un trabajo de investigación básica en el que también se han descrito nuevos mecanismos de la proteína, pero que abre las puertas para un mejor abordaje de la leucemia y otros tumores y para mejorar en el futuro tanto el diagnóstico como el tratamiento de la enfermedad. «El trabajo es muy importante porque abre un nuevo enfoque que nos hará reevaluar lo conocido para afrontar las enfermedades desde otro punto de vista, ya que, por ejemplo, en el caso de la leucemia no habrá que mirar solo los cambios en el ADN, sino también en su ARN», explica Diana Guallar, la primera autora de la investigación.

La investigadora del Cimus pone un ejemplo gráfico: «Es -dice- como si tuviéramos gafas nuevas con las que ver el cáncer, ahora podemos reevaluar lo que ya sabemos, con un abanico más amplio de colores».

Asegura en este sentido que el trabajo «nos ayudará a dar respuesta a muchas cosas que ahora no se entienden». A efectos prácticos, el análisis de muestras de pacientes de leucemia desde este nuevo foco permitirá conocer por qué el funcionamiento de la proteína es deficiente, lo que permitirá identificar biomarcadores que pueden servir para el diagnóstico y pronóstico de la enfermedad, así como para evaluar la eficacia de los tratamientos actuales. Pero también posibilitará el desarrollo de fármacos más eficaces que complementen el actual arsenal terapéutico.

En el trabajo, los investigadores se encontraron con otra sorpresa. Realizaron el estudio en los denominados elementos transponibles, una suerte de parásitos fruto de nuestro legado evolutivo que pueden movilizarse hacia cualquier parte del genoma y que representan cerca de la mitad del ADN. Lo que se ha visto en este caso es que la proteína TET2 también es la responsable de controlar sus niveles óptimos para que se expresen de forma adecuada en el ARN. «Es algo que hasta la fecha, no se sabía», destaca Guallar.

En esta línea se abre una vía de estudio no menos prometedora, porque, según la investigadora, «la ciencia los ha relacionado ya con el desarrollo de numerosas patologías humanas, e incluso con el propio proceso de envejecimiento». Una excesiva presencia de estos fragmentos de ADN puede conducir a la aparición de enfermedades autoinmunes y neurodegenerativas.

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