El Pokémon Go, un productor de nuevos grupos de amigos en Galicia

Las nuevas actualizaciones han hecho renacer la aplicación entre todas las edades


FERROL / LA VOZ

No es extraño caminar por Ferrol y encontrarse, en un rincón cualquiera, a un grupo de personas de varias generaciones mirando fijamente al móvil, sumidas en él. El Ayuntamiento, la estación de tren, la plaza de España, el Cantón... Parecen lugares al azar. Sin embargo, no lo son. Se trata de puntos estratégicos, los conocidos como gimnasios, del juego para smartphones Pokémon Go. En esos puntos, con la mejora de la aplicación gracias a las últimas actualizaciones, los que antes eran usuarios individuales han formado equipos y, a raíz de eso, se han convertido en amigos.

«Hubo un parón y la gente se aburrió hasta que no le dieron más vidilla», explica Susana Sánchez (42 años). Eso es un hecho. El juego empezó en julio del 2016 como un auténtico fenómeno social, pero en cuanto había cumplido un año de vida, el 90 % de las personas que lo habían descargado ya lo habían abandonado. El grupo del que forma parte Susana, que denominan Pokémon Ártabro, lo componen 31 personas desde los 11 hasta casi los 60 años. Se comunican a través de Telegram. «De paso que estamos pokemoneando, hablamos de nuestras cosas», añade.

Son de Ferrol, Fene, Neda y Narón -municipios cercanos entre sí- y se veían paseando a diario, cada uno con su móvil. Sin embargo, no se conocían. «Ahora solemos quedar por lo menos una vez todos los días y la mitad del grupo o más suele acudir», comenta Fernando Fernández (25 años). En la zona hay casi un centenar de gimnasios que dan mucho de sí. En ellos, llevan a cabo incursiones (raids), gracias a las cuales consiguen a los Pokémon de los niveles más altos que una sola persona no es capaz de capturar. «Como nos pasábamos todo el día jugando, al final acabamos haciéndonos amigos», subraya Fernando.

La edad, basta con mirar quién compone el grupo, no es un impedimento. Como ejemplo, Celia Fernández (49 años), quien asegura que hay muchos de su generación enganchados. «A mí esto me parece fenómeno, me lo paso mejor que cuando jugaba sola», deja claro. Carlos Cubeiro (40 años) se aficionó cuando su hija dejó de jugar a los tres días de instalarlo. «Después de conocer a estas personas, fui cogiéndole más el gustillo y mejorando», recuerda. Aún así, apunta que «el juego es una parte pequeña de lo que es el grupo», por que más allá de la aplicación «están las charlas, los cafés y las comidas».

Gracias al Pokémon Go, además, recorren muchos kilómetros y se conocen la comarca al dedillo. «Posiblemente podría enumerar todos los gimnasios de la zona, nos acabamos sabiendo los nombres de todas las calles», agrega Rafael Victoria (32 años). Asimismo, han atraído a amigos de Madrid, Canarias, Cáceres o Cartagena. Eso sí, a veces están tan inmersos los unos con los otros que se olvidan del mundo real. «En el hospital de Caranza nos preguntaron si había habido un accidente, porque estábamos un mogollón reunidos», rememora Susana como anécdota. ¿Y no se acaba? «Todo depende de la ilusión y las ganas que tenga cada uno», concluye Carlos.

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