El uso de las vacunas y las teorías conspiratorias

Según una encuesta, las personas más propensas a las paranoias extraterrestres o a las leyendas urbanas, son más escépticos con la medicina convencional


Imaginemos esta situación: acudes a suscribir una póliza para un seguro de vida o médico y dentro del formulario que tienes que rellenar te encuentras con el siguiente cuestionario:

Señale cuales de las siguientes afirmaciones son verdaderas:

  • El asesinato de Kennedy fue un complot orquestado por la CIA.
  • La llegada del hombre a la Luna fue un montaje.
  • El Gobierno de EE.UU. sabía de antemano del ataque del 11-S.
  • Elvis está vivo
  • Una nave alienígena se estrelló en Roswell.
  • La muerte de Lady Di no fue un accidente.
  • Los «hombres de negro» existen.

Tal vez no sea un escenario tan descabellado ni tan injustificado por parte de las compañías aseguradoras si se tiene en cuenta la conclusión alcanzada por un reciente estudio efectuado a escala internacional, según el cual los individuos que creen en teorías conspiratorias, son a su vez más escépticos o se oponen al empleo de vacunas. Y cabe suponer que también lo serán a las transfusiones y al empleo de medicamentos y tratamientos de la medicina convencional u oficial. Un resultado que se ha alcanzado tras realizar una encuesta entre más de 5.000 personas de 24 países de todo el mundo. Más sorprendente, si cabe, resulta la constatación de que el nivel de estudios y educación apenas tiene incidencia en esta asociación. Es decir, que no por tener una mayor preparación se le da menos crédito a las teorías conspiratorias.

Una conclusión -la existencia de una vinculación entre paranoia conspiratoria y oposición a las vacunas- que se explica por sí misma, puesto que otra de las teorías conspiratorias más extendidas es que las grandes multinacionales farmacéuticas y las instituciones médicas en general nos emplean como involuntarios cobayas para experimentar los efectos de toda suerte de sustancias, drogas, venenos, terapias y vaya usted a saber qué más.

A la vista de lo anterior, lo más lógico sería que las aseguradoras quisiesen curarse en salud.

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