Bruselas carga contra la industria alemana del automóvil por sus experimentos con monos

La comisaria de Industria, Elzbieta Bienkowska, critica la falta de ética de un sector que «demuestra que no es fiable»


corresponsal / bruselas

«La primera vez que lo oí, no me lo creí. Pensaba que era una broma sin gracia», admitió ayer la comisaria europea de Industria, Elzbieta Bienkowska, durante la audiencia que celebró el pleno de la Eurocámara para debatir sobre el «Monkeygate», el escándalo de los experimentos con monos y humanos voluntarios que llevaron a cabo al menos tres fabricantes alemanes de automóviles (Volkswagen, BMW y Daimler) para testar el efecto de sus emisiones en algunos modelos.

Los estudios consistían en enjaular a los animales en cubos de vidrio y exponerlos durante cuatro horas a la inhalación de dióxido de carbono para ver el efecto sobre su salud. Los resultados fueron tan negativos que se escondieron los informes de las pruebas. «Es un escándalo triste y vergonzoso», aseguró ayer la polaca quien no dudó en cargar tintas contra el gigante Volkswagen (VW). La compañía ya se vio envuelta en el pasado en otra trama de trucaje en los sistemas de emisiones contaminantes de sus motores diésel: «Es la segunda vez que pasa algo así. El sector automovilístico ha demostrado que no es fiable», deslizó al tiempo que ponía el foco sobre Alemania: «Podríamos condenar esta falta de ética de la industria alemana». Bruselas es consciente de que los experimentos con monos no han sido una excepción sino «un problema sistémico» en una industria que hace dos días prometía un cambio cultural y que ha vuelto a dar muestras de su falta de escrúpulos. La empresas mienten y cuando son descubiertas, les sale a cuenta pagar las multas.

A pesar del monumental enfado que ha despertado este caso en la Comisión Europea, Bruselas asegura estar atada de manos: «Depende de las autoridades nacionales alemanas seguir adelante con el caso y se han comprometido a investigar a fondo», aseguró Bienkowska antes de anunciar que explorará junto al resto del equipo de comisarios medidas para evitar nuevos escándalos.

Los eurodiputados exigieron dejar de tender la mano a la industria del automóvil alemana, con la que se mostraron implacables: «No se trata de condenar, también de actuar. Se consideran intocables», defendió la socialista belga, Kathleen Van Brempt. Hay quienes apuntan a la connivencia del Gobierno alemán.

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