«En Galicia no está normalizada la cultura del enterramiento de mascotas»

Ourense cuenta con un tanatorio para animales domésticos y una empresa ourensana fabrica ataúdes, de cuatro tamaños diferentes

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ourense / la voz

Cuando uno decide adoptar o comprar una mascota sucede algo parecido a cuando comienza una relación: se obvia el inevitable final. Y, tras lanzarse de cabeza al vacío de semejante compromiso, está bien que alguien nos oriente y ayude cuando llega el punto y final. Eso es lo que trata de hacer Rosi Guerra (A Coruña, 1972) desde que en marzo de 2016 inauguró en Ourense un tanatorio para mascotas.

«Yo me daba cuenta de que cada vez más la gente preguntaba por un sitio donde despedir, de una forma más profesional y especializada, a sus animales. Fue por eso que me atreví a empezar con Galimascota», comienza explicando la empresaria sobre qué la impulsó. «Yo ya conocía un poco este mundo porque tengo una empresa que trabaja con centros de recogida de animales abandonados», puntualiza. La iniciativa del Ayuntamiento de la ciudad herculina de instalar un horno crematorio, hace algunos años, para incinerar mascotas estaba incompleta para ella. Faltaba darle sensibilidad e intimidad al último adiós de lo que para muchos son compañeros de vida.

«Hay personas cuya única compañía son sus mascotas y el vínculo que se crea entre ambos es muy fuerte. Similar al que se puede tener con un familiar, aunque a algunos les pueda parecer una exageración. Pasean juntos y se cuidan mutuamente. Y yo creo que es entendible que quieran asegurarse de que todo el procedimiento se hace correctamente, poder escoger la urna, o tener a alguien que lo entierre en caso de que se decanten por esa opción», añade.

El 70 % de los animales que incineran -incluyendo los usuarios del otro tanatorio que hay en Bergondo (A Coruña)- son perros, mientras que los gatos solo suponen un 20 % y el porcentaje restante corresponde a hurones, cobayas, conejos, aves... Pero no solo la gente con perros o gatos se decanta por esta opción. Ya han incinerado tortugas, cerdos vietnamitas, periquitos e incluso un loro que tenía 24 años.

«Buscando en Internet ataúdes para mascotas me encontré con un anuncio de alguien de Barcelona que los vendía y le escribí. Pero el hombre me contestó que los compraba aquí, en Ourense, y así fue como llegué hasta Ataúdes Gallego. Tiene cierta lógica siendo esta la provincia por excelencia del sector funerario, pero no sabía que también habría ataúdes para mascotas», relata la empresaria sobre cómo conoció a los hermanos propietarios de la empresa que fabrica los féretros en Ourense.

Desde el 2017 un decreto aprobado por la Xunta establece que si el terreno donde se quiere dar sepultura a un animal es de titularidad propia no es necesaria una autorización del Ayuntamiento. Aunque deben cumplirse una serie de condiciones para que todo discurra entre los márgenes legales: enterrar la urna o el ataúd a un metro y medio de profundidad como mínimo y depositar cal o cualquier otro desinfectante para evitar que se puedan propagar enfermedades, que se generen malos olores o se contaminen aguas próximas. Tan solo hay que pedir permiso a la Administración cuando en una misma parcela se pretende dar sepultura a un gran número de animales -por ejemplo, si se crease un cementerio de mascotas-. «La gente que lo quería enterrar lo hacía igual sin decreto que lo permitiera. Y ahora por lo menos está regularizado», incide Víctor Gallego, uno de los hermanos que está al frente del negocio familiar de ataúdes.

«La idea surgió hace algunos años cuando no había ninguna empresa que se dedicase a ello en España», confiesa. Fabrican féretros de cuatro tamaños diferentes en correlación con las alturas de las mascotas más comunes. «Debido al amplio abanico de mascotas que hay y a que mucha gente posee un terreno privado algunos ya no se decantan por la incineración, aunque hay que darle cierto margen porque la cultura del enterramiento de animales aquí no está normalizada aún», señala.

«Hay incineraciones individuales, con devolución de cenizas en una urna básica y recogida del animal, en clínica o domicilio, que pueden costar unos 120 euros, dependiendo del peso de la mascota», puntualiza Guerra añadiendo que todo el mundo se merece poder costear la despedida.

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