«Esta acogida es un proyecto a futuro, no cosa de un verano»

Más de sesenta familias recibirán este verano a niños que viven en la conocida zona roja del desastre de Chernóbil


santiago / la voz

Yulia nunca había tenido una fiesta de cumpleaños. Así que ahora cumple dos veces. En septiembre, cuando nació, y en agosto, cuando celebra su fiesta en A Coruña. Este verano cumplirá 15 años. Yulia vive en Novozybkov, una población rusa en la que la tragedia llovió en abril de 1986, conviriténdola en una de las zonas más afectadas por el desastre de Chernóbil, en el que todo lo que pudo ir mal, fue mal. Y sigue yendo mal treinta años después. Así que Yulia tiene radiación acumulada en su cuerpo. La comida y el agua están contaminadas. Y la única forma de dejar de absorber radiación es saliendo de allí.

Desde hace ocho años, Yulia se queda durante los meses de verano con Susana Álvarez, miembro de Ledicia Cativa, una organización que aglutina a las familias que acogen durante el verano a pequeños afectados por la radiación de Chernóbil. «Te explican que esto es un proyecto a futuro, que la filosofía es que no sea una experiencia de un verano». Lo explica Susana, que la primera vez que se encontró con Yulia la niña tenía seis años. «Ya casi es española, gran parte de su vida la ha pasado aquí». La asociación se centra en las estancias temporales de verano con fines de salud. Pasar dos meses fuera de la zona contaminada aumenta su esperanza de vida y mejora notablemente su salud. Las estancias de estudios -que ya supone venir a pasar el invierno- están fuera del ámbito de actuación de Ledicia Cativa. Lo explica Mercedes Gil, secretaria de la organización y una de las primeras gallegas que acogió niños que sufren las consecuencias de Chernóbil. La primera, que también se llama Yulia, tenía apenas un año cuando el reactor explotó. Hoy es médico.

Este verano será el noveno para Yulia y el segundo para Aarina, una pequeña de nueve años que el año pasado viajó desde Rusia hasta A Coruña y se quedó en casa de Isabel Parcero. «Es una experiencia muy gratificante, pero ha sido un verano duro», explica. Isabel y Susana estuvieron ayer en Santiago, junto a buena parte de las 60 familias de acogida, para hacer balance económico y avanzar en los preparativos de la campaña de este año. ¿Qué es lo más importante? «Que beban leche y que vayan a la playa», resume Isabel. Aarina tomaba entre un litro y medio y dos de leche cada día. Al regresar a casa, era cinco centímetros más alta y pesaba cinco kilos más. «La fruta también es importante, porque allí tienen casi solamente plátano y naranja».

¿Cómo se comunican? «Que no hablen español es el menor de los problemas», dice Susana, que los primeros días con Yulia tuvo que comunicarse por señas y después «hablar como los indios». Pero los niños aprenden. Aprenden muy rápido. «Aarina se marchó entendiendo y hablando español», afirma Isabel, que los primeros días encontró como medio de comunicación los dibujos.

Y aunque solo vienen durante el verano, el contacto se mantiene durante el año. Isabel y su familia hablaron con Aarina el 31 de diciembre, que es cuando comienzan las celebraciones navideñas en Rusia. Susana y su familia primero solo tenían el teléfono para saber de Yulia. Hoy ya hablan por Skype. «Antes venía a España. Hoy tiene el sentimiento de que viene a su casa. A su casa de España», explica Susana. ¿Y cuando sobrepase la edad para estar en el programa? «No lo vemos como un final», porque el contacto se mantiene. Y las visitas. Al fin y al cabo, es su otro hogar.

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