O Morrazo viste su vino de etiqueta

Blanco y en botella: albariño. Y ahora, al fin, con el sello de calidad de una indicación xeográfica protexida

O Morrazo viste su vino de etiqueta Blanco y en botella: Albariño. Y ahora, al fin, con el sello de calidad de una Indicación Xeográfica Protexida. Viticultores de esta comarca han conseguido que la UE otorgue a sus caldos el distintivo de calidad Ribeiras do Morrazo.

La Voz / Redacción

Lo acreditaban sus viñedos, casi siempre soportados en vigas de granito. Parcelas a poca altura acariciadas por el suave clima atlántico. Uvas mágicamente insoladas desde la ensenada de San Simón hasta la ría de Aldán. Una península, la de O Morrazo, con furanchos y, sobre todo, con furancheiros. Aquí siempre se ha alabado al que Cunqueiro definía como «el príncipe dorado de los vinos», el albariño. Desde hace unos días, lo que en esta comarca todos bebían (y sabían) asciende a Primera División. No hay mejor símil que el futbolístico para semejante hito: la Unión Europea da el espaldarazo definitivo a los viticultores de la comarca nombrando indicación xeográfica protexida a las Ribeiras do Morrazo. Los caldos aquí producidos lucirán la prestigiosa certificación desde ahora. «Foi o mellor regalo de Reis», afirma con júbilo Guillermo Martínez. Desde su finca Os Areeiros, en Vilaboa, empezó las gestiones con la mismísima Bruselas. Aunque el albariño es la uva más representativa, otras seis variedades de blanco y siete de tinto tendrán distintivo IXP. Incluido en estos últimos el caíño, que los morracenses solo conocen como tinta femia.

16 años de lucha

Esta aprobación afecta a los concellos de Bueu, Cangas, Marín, Moaña, Pontevedra, Poio, Redondela y Vilaboa. Han hecho falta más de 15 años para conseguirlo. Desde el 2002 llamaron a la puerta de la Denominación de Orixe Rías Baixas. Pero nunca se la abrieron. «Iso está esquecido e tomamos outro camiño. Longo, porque precisamos acordos plenarios dos oito concellos afectados, reunións coa consellería... Pero conseguímolo», explica Martínez.

«Con este recoñecemento faise xustiza. E vai supoñer un incremento nas vendas. O primeiro que mira o consumidor na etiqueta é a variedade da uva, e sendo albariño tiñamos que poñer só branco», dice rotunda Fina Cabaleiro, de Adega Ardán de Marín. Los nuevos circuitos de comercialización suponen complementar la venta directa entrando de lleno en los cauces logísticos de las grandes distribuidoras de alimentación, abrirse a la exportación internacional y presumir de sus buenos caldos en los lineales de las tiendas gourmet y delicatesen. La Comisión Europea calcula que una IXP puede suponer un precio final del producto hasta 2,3 veces superior.

Del monasterio al súper

Un pastel que no ha pasado desapercibido tampoco para los frailes mercedarios del Monasterio de San Xoán de Poio. De las cepas que en el recinto se albergan, con más de 40 años, se encarga Sergio Fernández: «Son das máis antigas da zona, e antes o viño era só para o consumo dos frades. Agora ampliaremos a comercialización baixo a marca Viñas del Monasterio». Y es que para el vino, hay que tener buen olfato. Y los frailes han aprovechado la coyuntura: «No seu modo de vida non encaixaba comercializalo, pero co paso do tempo viron que tería saída. Incorporamos máis extensión e plantamos tamén mencía», añade Fernández.

Esta indicación xeográfica protexida es además una marca. Como lo son Rioja, Ribera de Duero, Ribeira Sacra o Rueda. Al igual que Monterrei, Ribeiro o Valdeorras. Pronto podrá descorchar, tras comprarlo en el supermercado, un Ribeiras do Morrazo. ¡Salud!

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