Al sol que más adelgaza

La operación bikini, ese fenómeno por el cual los cuerpos de buena parte de la población se definen, cincelan y esculpen tanto más conforme se aproxima el periodo estival puede tener una justificación científica


La operación bikini, ese fenómeno por el cual los cuerpos de buena parte de la población se definen, cincelan y esculpen tanto más conforme se aproxima el periodo estival puede tener una justificación científica e incluso llegar a ser considerado una adaptación evolutiva.

Todo a raíz del sorprendente descubrimiento efectuado, de forma casual, por investigadores de la canadiense Universidad de Alberta. Quienes han comprobado que las células grasas subcutáneas reducen su tamaño, se chumen, bajo el efecto de la radiación solar. En concreto, cuando la radiación del extremo azul del espectro visible, de menor longitud de onda y por tanto más penetrante, alcanza las células grasas subcutáneas, las localizadas justo bajo la capa de piel, activa una reacción que conduce a la reducción de las gotas de grasa acumuladas en el interior de aquellas y con ello su salida de las mismas. O dicho de otro modo: que a más luz solar menos grasa acumulada.

Un mecanismo que bien podría explicar porqué durante los meses de invierno y especialmente en las regiones más allá de los trópicos, donde las horas de luz solar se reducen de forma acusada, gran parte de la población tiende a ganar peso. Olvídate de echarle (toda) la culpa a turrones, cocidos y otros contundentes guisazos -con su correspondiente compango- de toma pan y moja. El verdadero motivo es la ausencia casi total de sol.

Como se ha anticipado, el descubrimiento tuvo lugar de forma causal en tanto que los investigadores lo que pretendían era crear células grasas que produjesen insulina en respuesta a la radiación lumínica.

Todavía queda casi todo por investigar al respecto de la relación luz solar-adipocitos. Y fundamentalmente el tiempo y la intensidad mínima necesaria para estimular este mecanismo. Que bien podría tratarse de una adaptación evolutiva propia de nuestra especie dado que el ser humano, a diferencia de muchos otros mamíferos, no concentra sus reservas grasas en una región localizada, sino que las células adiposas se encuentran distribuidos de una forma más o menos homogénea por todo el cuerpo y bajo la capa de piel. De este modo, la evolución nos habría provisto de este mecanismo para favorecer y garantizar las necesarias reservas de grasa y su capacidad aislante durante el crudo invierno y con la llegada del buen tiempo deshacernos de ellas y así poder lucir bañador.

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