Galicia esconde un bosque bajo la arena

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

El aumento del nivel del mar unido al fuerte oleaje de los temporales destapa fósiles de árboles y animales de entre 4.000 y 7.000 años enterrados en la costa gallega

14 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Un bosque al pie de un acantilado. No se ve, pero está ahí, sepultado bajo la arena, que oculta los fósiles de lo que hace unos 7.000 años fue un frondoso espacio ocupado por robles, pinos y, tal vez, abedules y avellanos. La línea de costa en Ribadeo, hace unos 15.000 años, estaba mucho más lejos que ahora, separada de la tierra a una distancia de entre 15 y 20 kilómetros, cuando el nivel del mar se encontraba cincuenta metros por debajo que en la actualidad. Y será el mismo océano, a medida que su cota vaya subiendo por el cambio climático, el que sacará a la luz el bosque fósil. También destapará los cantos rocosos que se encuentran por debajo de la playa, que se convertirán en proyectiles que el oleaje dirigirá contra los arcos de As Catedrais. Augasantas, su nombre original, perderá su encanto característico por el efecto de la erosión marina, pero no ocurrirá hasta dentro de 100 o 200 años. Es el destino que ha trazado para el entorno natural un estudio encargado por la Xunta al Instituto de Xeoloxía Isidro Parga Pondal, de la Universidade da Coruña.

«En 100 0 200 años la subida del nivel del mar, entre 0,4 y 0,7 metros por encima del nivel actual, habrá hecho desaparecer la arena, y la playa al pie del acantilado será de cantos. En ese momento se reanudará la erosión marina en As Catedrais, como lo hizo hace 135.000 años, en el momento álgido del anterior interglaciar, y continuará excavando las furnas, la base de los acantilados y retornando el trabajo en el intrincando laberinto», constata el catedrático de Geología Juan Ramón Vidal Romaní, el autor principal del trabajo.

Pero antes, a medida que se retire la arena, el mar desvelará el bosque fósil de Augasantas, la prueba de la existencia de un paisaje histórico muy distinto al actual. No será el único testigo del pasado, porque los geólogos ya han observando este mismo paisaje en otros puntos de Galicia y Portugal, en especial en las épocas de temporal y mareas vivas.