La frontera entre el flirteo y el acoso sexual

La campaña contra el abuso en el cine desatada en EE.UU. y la contestación francesa abren dos frentes de opinión

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redacción / la voz

Las espadas están en todo lo alto del debate público: ¿acoso o flirteo? Los postulados eran firmes desde hace meses desde que el movimiento #MeToo en EE. UU. -con más de una década de existencia- se reactivó para denunciar casos de acoso sexual tras el escándalo de Harvey Weinstein, el magnate de la industria cinematográfica norteamericano. Las denuncias masivas de actrices contra el productor a partir de dos artículos publicados en dos cabeceras del país pusieron en evidencia prácticas de abusos, al parecer habituales durante décadas, pero que no habían conseguido trascender más allá de la escena de Hollywood.

Sin embargo, la polémica se ha desatado esta semana con un debate muy agitado que pone en cuestión dónde está la frontera entre la seducción y la agresión sexual. Era cuestión de tiempo. Y Francia ha tomado el protagonismo con la publicación de un manifiesto en el que un colectivo de reconocidas mujeres de la cultura francesa -entre las que se encuentra la actriz Catherine Deneuve- temen el retorno del «puritanismo» y que se forje un clima propio «de una sociedad totalitaria que ponga en peligro la libertad sexual». Las críticas al texto se han extendido dentro y fuera del país galo.

Más allá de la necesidad de seguir legislando y de poner coto a la cultura de abusos contra las mujeres, como el destapado en la poderosa industria del cine, esta controversia invita a la reflexión.

Comprender las diferencias

«Los dos argumentos son válidos. Deben abrirse al debate. Un único posicionamiento no debe dominar este tema». La psicóloga de la UDC Adina Dumitru entiende que no se trata de contraponer los dos posturas -americana y francesa-, sino de comprender sus diferencias. A su juicio, es una cuestión cultural. Mientras la posición estadounidense responde a una actitud de la sociedad ante la sexualidad «más represiva», la perspectiva francesa (y por tanto la europea) «es más natural, más permisiva. Entiende la sexualidad como una parte integral de la vida y reprimirla no tiene sentido».

Para reforzar sus argumentos, Dumitru alude a las reflexiones que la reputada psicóloga belga Esther Perel utilizó en su momento en uno de sus libros para explicar la reacción de los norteamericanos al caso Lewinsky que casi le costó la presidencia a Bill Clinton en la Casa Blanca. «Preferían no hablar del caso» debido a esa concepción «puritana» del sexo que les caracteriza, quizás «por sus fuertes convicciones religiosas».

Para Dumitru, la reacción francesa le otorga el protagonismo a la libertad, «a no reprimir el flirteo o el intento de seducir a alguien. Creen que no debe regularse hasta volverse absolutista en este tema».

Para ella, el error cometido por el colectivo de mujeres galas en su manifiesto y que ha descompensado el debate ha sido incluir esa concepción de la libertad sexualidad en el contexto laboral. Porque lo que ha ocurrido con el escándalo Weinstein es que «se ha denunciado la sexualidad como abuso de poder».

La psicóloga social sí aboga por una regulación que penalice «aquellos comportamientos que bordean el acoso en situaciones laborales y se ejerza abuso de poder en el lugar de trabajo».

La conspiración del silencio

La ola de denuncias de acoso en el mundo del cine presenta la estructura de lo que «en psicología llamamos una conspiración de silencio». Así se pronuncia el psiquiatra Luis Ferrer i Balsebre, para quien «tan deleznable es el productor, como aquellas actrices que, sabiendo sus usos y maneras, consintieron entrar en la conspiración de silencio por interés y que ahora proclaman como vergüenza o temor».

Ferrer i Balsebre se pregunta «¿cómo es posible que la brecha de género en la personalidad entre hombres y mujeres aumente ante mayores tasas de igualdad? ¿Cómo es posible que las víctimas de la violencia de género sean más en los países civilizados? ¿Por qué los jóvenes muestran actitudes más machistas que sus antecesores?». A la vista de esta evolución de las conductas, para el psiquiatra lo que se está consiguiendo «es una igualdad en la que todos somos hombres».

Si tiene que posicionarse, Ferrer i Balsebre lo hace a favor del manifiesto francés porque «reconoce la diferencia entre sexos, pero reivindica la capacidad de la mujer de imponer los límites que quiera desde la igualdad y libertad reconocida socialmente».

«Voces disonantes»

En relación al manifiesto francés, Isabel Tajahuerce, directora del título universitario Igualdad e Intervención en Violencia de Género en Diversos Ámbitos Profesionales, de la Universidad Complutense de Madrid, cree que «cada vez que se da un paso grande en materia de igualdad» o se denuncian situaciones como las protagonizadas por las actrices norteamericanas «se producen este tipo de reacciones». Considera que «son voces disonantes» que responden a la propia socialización de la mujer.

En opinión de esta experta en igualdad, los supuestos comportamientos de acoso que se estaban produciendo en Hollywood «no estaban tan ocultos. Lo que ocurre es que no se había dado el salto a la denuncia». Cree que los abusos que han trascendido a la opinión pública responden a comportamientos propios de maltratadores habituales. «Se muestran como personajes encantadores y cuando cierras la puerta de casa se convierten en auténticos violentos».

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