«Ningún pequeño se traumatiza por no recibir todo lo que quiere»

Los expertos alertan de que la saturación de regalos fomenta una baja tolerancia a la frustración

«Hay quien pide créditos personales para comprar los juguetes» La saturación de regalos preocupa a los expertos que alertan de niños intolerantes a la frustración

REDACCIÓN / LA VOZ

Hubo una época, no muy lejana, en la que el 6 de enero era el único día del año en el que muchos pequeños abrían un regalo en nuestro país. La transición de la escasez a la superabundancia fue meteórica. Tan apresurada que los psicólogos infantiles han comenzado a manejar una nueva expresión: el síndrome del niño hiperregalado. «Hai unha tendencia a suplir o tempo que non se pasa cos fillos colmándoos de agasallos», reconoce Begoña Castro Iglesias, orientadora y psicóloga educativa. La consecuencia más evidente es la sobreestimulación de los pequeños: «Cando chegan datas como Reis, nas que abren tantos paquetes, a realidade é que non se centran en ningún. Non lles dan o valor que merecen, fomentamos unha baixa tolerancia á frustración e, por riba, incrementamos a impaciencia. Queren todo agora e xa», añade la especialista, miembro del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia. La pérdida de ilusión y la falta de creatividad son otros efectos.

En su consulta, Carmen Pomar Tojo se encuentra con padres sobrepasados. «Se ha puesto el umbral tan alto que es difícil alcanzarlo. Aunque son pocos, he tenido casos de familias que piden créditos personales para comprar los regalos que les piden. Ocurre en los cumpleaños. Se está perdiendo el sentido común», subraya. Pomar es especialista en psicología evolutiva y de la educación, área sobre la que imparte clase en la USC. Además de las experiencias que afronta en su despacho, recuerda que son muchos los estudios que abordan este problema que califica de reto social: «Es cierto que estamos saturando a los niños de cosas, pero es que los adultos también lo hacemos. Ellos tienen un argumento fantástico: ‘Cómprame algo porque tú también lo tienes’». Esta dinámica es el resultado de un clásico de la psicología, el aprendizaje observacional. «El regalo no puede ser nunca hiperbólico, sino pierde su esencia», apostilla la docente.

Sacrificios paternos

Aunque las Navidades son una de las fechas más críticas en muchos hogares, «se llegan a abandonar necesidades básicas en aras de contentar a los hijos con peticiones superfluas. En un caso, sacrificaron la ortodoncia de uno de los progenitores», resalta Pomar. «Hay quien regala cosas a sus hijos todos los días. Los niños se han acostumbrado a reclamar premios por todo. Es un chantaje constante y el mensaje que se les está dando es de sumisión total», insiste. Los expertos abogan por poner límites. «Hay que pensar que ellos siempre van a demandar. Pero les hacemos un flaco favor si les damos todo lo que piden. Cuantas más cosas necesitan, más infelices son», opina la doctora en Psicología Infantil.

Castro, que trabaja con niños y adolescentes como orientadora de la Xunta, coincide: «A felicidade non é iso. Ningún xoguete pode dar cariño. O emocional e o afectivo nunca se poden compensar co material», argumenta en alusión al alivio que puede llevar a muchos progenitores a llenar la falta de momentos compartidos con obsequios.

¿Qué se puede hacer? Pomar opta por el diálogo: «Estamos creando una generación muy blanda». La psicóloga explica su postura: «Siempre recibimos regalos, incluso en las épocas más difíciles, pero se está perdiendo la excepcionalidad de los mismos. Vivimos en una sociedad de un presentismo total. Si les hablas de una forma directa y con un lenguaje racional lo entienden mejor de lo que a nosotros nos parece. Hay que ser claros y perseverantes. Ningún niño se traumatiza por no recibir todo lo que quiere, todo lo contrario».

Begoña Castro Iglesias dice que no se trata de buscar culpables, sino de ser responsables: «Piden e piden, pero non porque realmente o queiran, senón porque o ten un amigo, está de moda». Carmen Pomar Tojo cree que hay que simplificar: «‘Si su compañero lo tiene, mi hijo también lo tiene que tener’, o ‘soy un mal padre si no consigo lo que me pide’ son argumentos muy recurrentes. Los adultos somos muy poco valientes en este sentido. No debemos tener miedo a, desde pequeños, marcarles unas pautas».

Con todo, la especialista también deja un margen a la esperanza: «Cada vez más padres se animan a regalar, por ejemplo, una entrada de cine para pasar una tarde en familia». Los excesos navideños no se producen solo a la mesa. «Tenemos que canalizar lo que piden. Hay que saber jugar un poco, y nunca mejor dicho», concluye Pomar.

En busca del regalo perfecto para abrir el día de Reyes

Probablemente el regalo perfecto no existe, pero hay hábitos con los que acostumbrar a los pequeños a la mesura y, también, a ser razonables en sus peticiones.

Una carta de su puño y letra

«Los niños ya no escriben cartas, cogen catálogos y marcan», dice la profesora Carmen Pomar. Para ella, el primer paso es redactar una lista de peticiones a mano. «Exige un mayor esfuerzo y ahí ya van a hacer una selección. Sabemos que una parte importante de lo que les regalen va a quedar abandonado».

Lo que de verdad quieren

Begoña Castro aconseja, tras una primera lectura y si el listado es muy extenso, sentarse con ellos y hacer una segunda versión. «Das dez cousas que piden, seleccionar unha ou dúas que desexen de verdade. Facémolos pensar e traballamos con eles a toma de decisións», indica.

Juguetes creativos y libros

«É aconsellable algo de lectura, pero relacionada cun tema que lles interese. Tamén está ben incluír cousas necesarias, coma unha mochila, por exemplo», recomienda Castro Iglesias. Por otra parte, la psicóloga infantil Carmen Pomar recuerda los numerosos estudios en los que se descubrió que el mayor objeto del deseo de los pequeños no es algo material: «Nos sorprenderíamos si les preguntamos, cosa que a muchos padres les da miedo. La mayoría de niños responden que prefieren pasar más tiempo con ellos. Por eso, está bien hacer una actividad en familia, una excusión o ir al teatro. También juegos para compartir y que fomenten la imaginación y la creatividad».

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