«Me gustaría coger un taxi sola»

Mara lucha por su derecho al voto, pero las personas con discapacidad intelectual reclaman más; quieren que no se limite su autonomía para demostrar su capacidad

«Me gustaría coger un taxi sola» Mara lucha por su derecho al voto, pero las personas con discapacidad intelectual reclaman más; quieren que no se limite su autonomía para demostrar su capacidad

Santiago / la voz

En noviembre, el pleno del Congreso aprobó por unanimidad una propuesta para reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral. El objetivo, modificar dos apartados de la norma, uno de ellos el que impide votar a personas que han sido incapacitadas por una sentencia judicial. Detrás de esta lucha están Mara, una joven con discapacidad intelectual, y su familia. Tratando de protegerla de terceros, sus padres solicitaron la ampliación de su tutela al cumplir los 18 años y un juez evaluó si podía votar. Le hicieron muchas preguntas y concluyeron que era influenciable.

Esta decisión y la lucha de sus padres para que Mara pueda ejercer su voto abren un debate más amplio, cómo proteger los derechos de las personas con discapacidad intelectual y, sobre todo, cómo garantizar su autonomía. Porque no solo quieren votar. Quieren estudiar, opositar, trabajar, tener relaciones sociales, afectivas y familia propia.

En la sede de Down Compostela se reúnen Yone Zas, Abel Castellano, Óscar Carril y Xoel Pardo. Salvo Óscar, ninguno de ellos está incapacitado judicialmente, pero aún así deben luchar cada día para conquistar su parcela de autonomía y libertad.

Porque votar les interesa a unos y a otros no, exactamente igual que le ocurre al resto de la sociedad. A Yone, por ejemplo, no le importa. Pero a Abel sí le gusta ejercer este derecho y lamenta la actitud de la Justicia hacia Mara. «Si con 21 años a muchos jóvenes les hacen su examen, suspenderían, porque hay a quien no le interesa la política, pero no me parece justo que a Mara no la dejen votar». En su caso admite que le gusta. Y tiene claras sus preferencias, hasta el punto de que apenas escribe en su Facebook pero sí lo hizo cuando Puigdemont declaró la independencia de Cataluña «y lo puse verde». Y es que es más partidario de Rajoy. Óscar, que trabaja en Santiago, es el único que no puede ejercer este derecho. Pero lo haría, e incluso manifiesta sus preferencias.

El voto es un ejemplo. Pero los obstáculos son muchos. Y proceden a veces de la sobre protección, de no verlos capaces, «pasa más fuera que dentro, pero incluso en la familia», cuenta Yone. Ponen dos ejemplos. En el caso de Yone muy simple, lo que le cuesta a sus progenitores dejar que maneje sola los cuchillos, «tienen miedo a que me corte o a que me haga daño, pero puedo manejarlos». Abel pone otro más delicado, las relaciones afectivas y sexuales. Todos menos Óscar tienen pareja. Yone y Xoel no encuentran obstáculos en su familia, pero Abel dice que es complicado estar a solas con su novia en casa de los padres de ella. «Estoy mucho mejor de lo que estaba, porque al principio era... (suspira), ya llevamos cinco años, pero queda ese pequeño atranco de estar en su domicilio.

«Me gustaría coger un taxi sola», añade Yone, o que algunos locales estén perfectamente adaptados a las personas que tienen movilidad reducida.

Si la falta de empleo y la precariedad afectan a todos, en su caso las dificultades se multiplican. De los cuatro solo trabaja Óscar. El más afectado parece Xoel, que ve ahí su principal barrera. Preparó oposiciones, fue a entrevistas de trabajo, pero no lo cogieron. Hasta está enfadado con el alcalde de A Coruña, de donde es natural, porque no los apoya lo suficiente en esta búsqueda. Viven con sus familias, pero a la mayoría les gustaría independizarse, con amigos o con sus parejas, y piensan en tener hijos. Xoel acaba de estrenarse como tío, tiene una sobrina de seis meses, está encantado y quiere vivir esa experiencia. 

Blogs y bailes

En su día a día necesitan apoyo, recursos y facilidades para integrarse en la vida laboral. Pero también necesitan independencia y poder disfrutar de su ocio. Como Yone, que se declara bailarina y fan de las orquestas, que va a ver todos los veranos. También tiene un blog de carpintería, que no empezó por su pasión por esta disciplina, sino porque sus compañeros hicieron un curso «y yo fui la reportera».

En el caso de Abel su principal afición pasa por la Play, «le doy mucho a los dedos, no sé como no tengo callo», por la política y por salir con amigos. Lo hacen en pandilla y unos se ayudan a otros. Sobre todo a Adrián, que tiene más dificultades para expresarse, «estamos de alguna manera integrándolo en la sociedad». Xoel disfruta cantando y jugando al fútbol y Óscar también es deportista: baloncesto, tenis de mesa, «y también la música y el fútbol, soy del Deportivo», explica. Los cuatro tienen claro sus destinos vacacionales, de Mallorca a Las Vegas pasando por las Maldivas.

Volviendo a la importancia de tener un mayor grado de autonomía, Abel, el más locuaz, retoma de nuevo el tema de Mara, «si todos somos ciudadanos tenemos derecho al voto y si nos lo quitan parece que somos de segunda. Y somos de primera o eso intentamos, porque la sociedad nos veta bastante», cuenta este joven de 31 años de Ponte Caldelas.

Se quejan de que en temas como la discapacidad a la sociedad le quedan pasos por dar. «Se creen que no podemos hacer nada, y somos capaces e iguales que el resto de la sociedad», concluye Abel. Necesitan los recursos precisos para demostrar de lo que son capaces, pero que nadie los limite o les atribuya unas discapacidades que no tienen.

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