Galicia teje un futuro sostenible

Más de medio centenar de tiendas ya ofrecen moda ética y respetuosa con el medio ambiente en la comunidad, lo que la sitúa en una posición aventajada a nivel nacional

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Redacción / la voz

Galicia se ha subido al tren de la moda sostenible y ya son más de medio centenar de tiendas las que ofrecen moda ética y respetuosa con el medio ambiente en la comunidad, lo que la sitúa en una posición aventajada a nivel nacional. Hasta las grandes cadenas como Inditex han creado una colección que responde a un consumo responsable, con materiales orgánicos o reciclados, Join Life, una línea que ofrecen Zara y Massimo Dutti, pero que pretende extenderse también a Pull&Bear, Stradivarius, Bershka, Uterqüe, Zara Home y Oysho. El compromiso llega incluso al deporte, y el Deportivo se convirtió en el primer equipo de fútbol del mundo en vestirse con un equipamiento sostenible, con tejidos generados a partir de la basura procedente del fondo del mar.

«Ocurre que en las grandes ciudades, como Barcelona y Madrid, existe siempre mucha concentración. Pero, fuera de ahí, es difícil encontrar tiendas con moda sostenible. Galicia es un caso muy especial por la inusual oferta que tiene, algo que se explica por su tradición costurera (es pionera del sector textil), además de su implicación en la innovación y en la sostenibilidad», explica Ignasi Eiriz, un estudiante universitario que ha diseñado la primera aplicación de moda sostenible con la que busca poner a disposición del consumidor un mapa que muestre las tiendas que siguen esta filosofía de producción en su entorno.

Coste e invisibilidad

Eiriz, de padre gallego y alumno de Publicidad y Relaciones Públicas en la Pompeu Fabra, explica que el coste de producción y la invisibilidad son el talón de Aquiles de la moda sostenible, algo que confirman los empresarios.

Según los cálculos de Eiriz, actualmente hay una veintena de tiendas físicas en Galicia y unas treinta que operan en Internet: «Producir de forma sosteniblemente es más caro que no hacerlo, de ahí que haya una mayor presencia de comercios on-line, porque un negocio físico siempre implica más gastos: el alquiler, las facturas... Por otra parte, la falta de proximidad también es un problema y muchas veces el cliente acaba comprando en la tienda que tiene al lado, no porque comulgue con su filosofía, sino porque es lo más cómodo; algo que se salva con una web, cuya distribución llega a cualquier punto de España, incluso al extranjero».

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«Con este proyecto, hablando con las marcas descubrí que su principal debilidad es que estaban haciendo ropa y no se podían dedicar al márketing, por lo que nunca acababan siendo todo lo conocidas que deberían entre el público. De ahí la idea de la aplicación», subraya Eiriz. «Es, además, un sector en alza. En el último año en España ha crecido entre el 30 % y el 40 %, incluso más».

«Percibimos que existía una demanda que no estaba cubierta»

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Xurxo Chapela e Iria García venden desde Moaña, a través de Internet, prendas vaqueras ecológicas

Xurxo Chapela e Iria García están detrás de Xiro, una marca de ropa gallega especializada en el tejido vaquero y 100 % responsable. Desde el 2015 confeccionan y venden a través de una página web ecojeans. Su modelo de negocio busca rendir homenaje a «todas las personas que lucharon y siguen luchando por mantener la dignidad en una industria textil muy golpeada», indican.

Desde Moaña hacen su propia revolución: «Regresamos a los orígenes apostando por una producción local y sostenible, utilizando tejidos ecológicos y teniendo en cuenta los derechos de los trabajadores y los consumidores».

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«No quería vestir a mi bebé con nada hecho por niños de 12 años»

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«Es muy difícil competir con camisetas a 2 euros», lamenta Cecilia Paz, que vende en A Coruña ropa infantil en su tienda Caricias de Algodón

Cecilia Paz vende ropa infantil sostenible en su tienda de A Coruña, Caricias de Algodón. «Veía noticias sobre explotación infantil en la moda por parte de las marcas multinacionales y tenía un pequeño remordimiento de conciencia. Me fui informando e investigando sobre el consumo ético, que evita la mano de obra esclava. Pero, cuando nació mi hijo, en el 2014, me di cuenta de que no encontraba ropa para él que cumpliese esos criterios sin renunciar a que fuesen prendas bonitas. Yo no quería vestir a mi bebé con nada hecho por niños de 12 años o gente encadenada, y pensé que habría otras madres en mi situación que, teniendo la oportunidad, optarían por otra forma de consumo», relata.

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