El objetivo «lixo cero» es viable en zonas periurbanas con el compostaje

Foro Voz reúne a varios implicados en un proceso que ya está en marcha en Pontevedra


pontevedra / la voz

Es sencillo. En un mundo basado en el carbono, se trata de dejar que la naturaleza haga su trabajo, que los habitantes del medio rural sigan alimentando a sus animales con residuos orgánicos y que el oxígeno ayude a reciclar. Solo con evitar interferir en un proceso lógico, y biológico, se podría conseguir el objetivo de lixo cero en las áreas periurbanas de Pontevedra. Por poner un ejemplo. Porque la única forma de que la basura no contamine es que no haya basura. Y, siempre que no salga del lugar en el que se genera, no es basura, sino prevención. No se trata simplemente de una cuestión nominal, sino de todo lo que implica tanto a nivel económico como ecológico o social. La Voz de Galicia lo diseccionó y analizó anoche en una nueva edición de Foro Voz celebrada en el Pazo da Cultura de Pontevedra a través de una representación de todos los implicados en el proceso. Desde el autor de la idea original del Plan Revitaliza, el asesor de la Deputación de Pontevedra en temas de reciclaje, Carlos Pérez; hasta la teniente de alcalde de una de las siete grandes ciudades de Galicia, la del Lérez, Carme da Silva; el concejal de Medio Ambiente de Vilaboa, Francisco Costa; pasando por una de las primeras maestras composteras, Mariña Lobelle; y la cocinera de una de las facultades del campus, la de Forestais, que ya se ha sumado al proyecto, Rosario Alfonsín.

Cada uno de ellos aportó un punto de vista diferente de un proceso que, coincidieron todos, es sencillo y natural. Lo antinatural es todo lo contrario, que la piel de una manzana sea arrojada a una bolsa de basura que más tarde se trasladará a un contenedor que, a su vez, será llevado a otro situado a varios kilómetros de distancia para acabar siendo quemado. «Non se critica que en Cerceda haxa unha planta de transformación, senón que haxa que levalo ata alí», matizaba Carlos Pérez. Sobre todo, sin haber necesidad. Si la mitad de los residuos que se generan son orgánicos, reciclándolos se soluciona la mitad de uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad hoy en día. 

Tres alternativas

La solución varía en función del tipo de núcleo de población del que se trate. En las zonas rurales, de viviendas unifamiliares, los composteros individuales permiten continuar con las tradiciones de reciclaje de toda la vida de una manera más moderna y eficaz. Por eso el Concello de Pontevedra está a punto de empezar a distribuir 8.000 contenedores individuales entre todas las casas del municipio, explicando cómo aprovecharlos. En las áreas periurbanas o las urbanas con menor densidad de población, por ejemplo, el secreto está en los contenedores colectivos. Y en las de mayor número de habitantes por kilómetro cuadrado, en la recogida selectiva real, sin colectores verdes «en los que se mezcla todo». Estos tres sistemas de compostaje permitirán reducir al 30 % los residuos que no pueden ser reutilizables.

Poner en marcha el proceso de generación de compostaje no es complicado, pero sí tiene que ser cuidadoso y cumplir varios requisitos, advirtió Da Silva. En primer lugar, tiene que ser completo y coherente y garantizar la máxima calidad ambiental; en segundo, ha de ser viable económicamente -los costes de recogida y tratamiento de residuos se reducirían drásticamente-; y por último, «sinxelo e accesible», resumió.

En tono coloquial, Alfonsín ratificaba con la experiencia diaria de una trabajadora la teoría de los promotores del Plan Revitaliza: «É súper fácil. Ao principio danche charlas e pensas que rollo, e máis coas cincuenta mil cousas que tes na cociña dunha facultade. Pero é todo costume. Só tes que separar o orgánico do que non, e vólvese case instintivo. E, ao final, reciclas tamén na casa», explicó desde la experiencia.

Tras el verde, ¿un contenedor marrón o la recogida puerta a puerta en áreas muy pobladas?

Los pañales que usan personas mayores son el principal reto al que se enfrenta en estos momentos el compostaje, más que los de los bebés por una cuestión de volumen y de prolongación en el tiempo. Pero no es el único. Son muchos los desafíos que experiencias anteriores han ido superando y resolviendo -en Pontevedra, que contará con una planta de compostaje situada en la parroquia de A Canicouva, ya hay ensayos a pequeña y mediana escala-, y otros tantos los que le quedan por solucionar a las actuales. La desaparición del contenedor verde es uno de ellos... y evitar que el amarillo ocupe su lugar de cara a los usuarios menos concienciados, otro. 

Código individualizado

Entonces, una vez que se elimine el verde, ¿dónde habrá que echar la materia orgánica en las zonas más pobladas? Dos alternativas se imponen, de momento, sobre el resto, con sus pros y sus contras. La primera es el quinto contenedor, de color marrón, opción que cuenta con la ventaja de dar más privacidad a los habitantes, y con la desventaja de ser menos eficaz. Y el segundo, la recogida puerta a puerta, con códigos de barra individualizados. Este sistema permite aprovechar el 80 % de los residuos -cerca de 400 gramos al día por persona, frente a los 180 del colector marrón- y controlarlos.

 

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