Alberto García-Basteiro: «Es inaceptable que de un mal curable mueran 1,8 millones de personas»

El microbiólogo gallego acaba de ser reconocido como el mejor investigador joven del mundo en tuberculosis


Redacción / La Voz

Fue Pedro Alonso, el actual director del Programa de Malaria de la OMS, el que se fijó en él cuando lo tenía a su cargo en el Hospital Clínic de Barcelona. «Necesitamos -le dijo- un coordinador de tuberculosis para el Centro de Investigación de Manhiça (Mozambique)». Y Alberto García-Basteiro (Vilalba, 1982) no se lo pensó dos veces. Aceptó el reto y ahora su esfuerzo se ha visto recompensado. Acaba de ser elegido como el mejor investigador joven del mundo, de menos de 35 años, en su área, una distinción concedida por la Unión Internacional contra la Tuberculosis y las Enfermedades Hereditaria, un premio que recogió anoche en la reunión anual de la organización, celebrada en Guadalajara (México). García-Basteiro, que también es investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), apoyado por la Fundación ‘la Caixa’, y de Ámsterdam, es el primer científico español que recibe el galardón.

-El premio reconoce la mejor trayectoria investigadora de un menor de 35 años. Y por su trabajo realizado en Mozambique.

-Yo no me lo tomo como algo personal, porque es una labor grupal, con mucha gente involucrada. Me lo dan a mi porque soy el coordinador y soy el que tengo un mayor visibilidad.

-¿No le resulta paradójico que la tuberculosis sea considerada una enfermedad olvidada y sea la patología infecciosa que más muertes causa en el mundo?

-Sí, cuando se habla de las grandes enfermedades infecciosas la tuberculosis siempre ha estado más relegada y recibe menos financiación. Pero las cifras están ahí, y es la enfermedad infecciosa que más muertes causa, muy por encima del VIH. En España se la considera una enfermedad de la pobreza, de la posguerra, pero cada año se detectan entre 4.000 y 5.000 nuevos casos. Pero en los países subsaharianos es un auténtico drama y, en algunos, es la principal causa de muerte.

-Pero ahora se la empieza a reconocer un poco más.

-Sí, se le da más visibilidad y un poco más de financiación, pero es necesario que el compromiso político se traduzca en más inversión para el desarrollo de nuevas herramientas de prevención, de tratamiento y de diagnóstico que nos ayuden a controlarla.

-¿No es suficiente la ayuda internacional?

-No. Es inaceptable que de una enfermedad tratable se mueran cada año 1,8 millones de personas en el mundo. Siempre que se diagnostique a tiempo es tratable, pero mucha gente en África desarrolla la tuberculosis y nadie los diagnostica hasta que se mueren.

«Es difícil controlar una epidemia en la que se nos escapan más de la mitad de los casos»

-Es, entonces, una enfermedad de la pobreza porque las personas con menos recursos no se pueden pagar el tratamiento.

-El tratamiento existe, pero tiene problemas porque es bastante largo, de seis meses con cuatro fármacos distintos. Pero ahora hay tuberculosis que son resistentes a estos tratamientos y se necesitan otros fármacos que sobrepasan el año de terapia y que son tóxicos y muy caros. El verdadero problema es la tuberculosis resistente que, gracias a Dios, solo supone el 5 % de los casos.

-Dijo que en algunos países la enfermedad es un drama. ¿Lo es también en su caso?

-Es un auténtico drama, porque se diagnostican menos del 50 % de los casos y la gente se muere. Es muy difícil controlar una epidemia en la que se nos escapan más de la mitad de los infectados. Mozambique, donde trabajo, es uno de los países con más tuberculosis del mundo y donde se dan más casos de coinfección con el VIH, que es un factor que predispone para tener la enfermedad.

-Imagino que habrá sentido más de una vez impotencia por no poder hacer más. ¿Ha pensado alguna vez en dejarlo?

-No. En absoluto. En primer lugar porque me siento un privilegiado, ya que trabajo en el centro de Manhiça, que tiene unas condiciones muy buenas. Y también porque poco a poco ves que llegan nuevos tratamientos, que hay una expansión de herramientas diagnósticas. Se ven algunas mejoras, aunque no las que quisiéramos, porque el reto al que nos enfrentamos es formidable. Además, los mozambiqueños son muy amables y me siento como en casa.

-La vacuna de la tuberculosis tiene casi 100 años y es muy poco efectiva. ¿Cree que en algún momento llegará una vacuna que realmente proteja?

-Si no hemos conseguido una vacuna realmente eficaz en casi cien años es porque no es fácil. El patógeno de esta bacteria es mucho más complejo que el de otros microorganismos y el reto es muy grande. Pero sí, en lo que dure mi vida profesional espero ver una vacuna efectiva y segura.

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