Nomofobia, el miedo patológico a quedarse sin el teléfono móvil

Uno de cada cinco adolescentes están en riesgo de sufrir un problema que deriva en ansiedad, angustia y malestar


redacción / la voz

Consultan el móvil más de cuatro horas al día; no pueden pasar sin mirarlo más de diez minutos seguidos; están obsesionados con tenerlo siempre cargado y llevan siempre a mano un cargador; sienten ansiedad ante el mero pensamiento de no poder usarlo, de no tener batería o cobertura y evitan a toda costa lugares donde no pueden utilizarlo, como cines o teatros... Y, sobre todo, entran en pánico si por cualquier descuido lo pierden o se lo han dejado en casa.

¿Responde este perfil al de un adicto al smartphone? Puede, pero si los usuarios presentan estas conductas su problema posiblemente sea otro. Se llama nomofobia, derivado del inglés no-mobile-phone phobia. No está considerada aún una enfermedad, pero sí un problema psicopatológico que cada vez adquiere mayor relevancia y que afecta fundamentalmente a jóvenes y adolescentes. Se encuadra dentro de lo que se cataloga como fobia situacional, en la que un individuo siente un miedo excesivo e irracional ante una situación u objeto, en este caso ante el temor de quedarse sin teléfono móvil o de no poder utilizarlo cuando se desee.

«Es un miedo irracional, un auténtico pavor y terror que algunas personas sienten cuando se quedan desconectadas del aparato, por perder el acceso a la información de su teléfono y a la red de sus contactos sociales. Sienten como una desconexión entre la personalidad virtual y la física», explica Joaquín Manuel González-Cabrera, director del grupo Cyberbulling-OUT de la Universidad Internacional de La Rioja y autor principal de un estudio sobre la situación, publicado en la revista Actas Españolas de Psiquiatría, en el que se examina el comportamiento de 306 adolescentes de entre 14 y 19 años.

Los investigadores probaron en esta muestra la adaptación al español del cuestionario utilizado en Estados Unidos y otros países para identificar a las personas que sufren esta particular fobia. «Un 20 % de los examinados presentaban unas puntuaciones extraordinariamente altas, por lo que se podría decir que uno de cada cinco están en zona de riesgo de nomofobia», destaca Joaquín González-Cabrera, que considera que son necesarios más estudios de este tipo, con una muestra más amplia, para evaluar el impacto real en jóvenes y adolescentes, aunque de este abuso problemático del smartphone tampoco se libran los adultos. De los chicos analizados, un 24,2 % dedicaba más de cuatro horas al día a consultarlo. Y son las mujeres las que presentan un consumo más problemático.

Miedo patológico

Están continuamente pegados al aparato y, si en algún momento dejan de tenerlo, sufren las consecuencias. ¿Cuáles? Angustia, desilusión, preocupación cognitiva, ansiedad, malestar, nerviosismo... La nomofobia no es una dependencia al teléfono móvil, que se entiende como una falta de control sobre su uso que causa interferencias en otras actividades, sino que es algo que hace alusión a un miedo patológico. Es un trastorno de ansiedad específico que engloba distintos síntomas y comportamientos, aunque sí se encuadra dentro de los denominados trastornos de uso de Internet.

Tampoco es una patología como tal, pero puede llegar a serlo. Y así lo advierten los investigadores en el trabajo. «Estamos -aseguran- ante un problema de especial importancia que puede constituir, al tiempo, un problema psicopatológico de gran relevancia». El primer autor del estudio, González-Cabrera, incide en esta apreciación. «No sería de extrañar -dice- que se considere como una patología en el futuro». El psicólogo advierte que el móvil no es de por sí algo negativo, pero su uso tampoco es algo inocuo. «Como sociedad en general -indica- es necesario que nos formemos en su utilización adecuada, porque se está convirtiendo en la puerta de entrada de muchas patologías contemporáneas, como es el propio ciberacoso».

El uso patológico de los videojuegos o la adicción a las redes sociales son otros de los problemas sobre los que advierte el especialista, relacionados con un estilo de vida hiperconectado. «Estamos ante un problema general -alerta- del que aún no sabemos las consecuencias que tendrá, porque los investigadores siempre vamos por detrás de los cambios sociales».

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