Paloma nace libre... de un cáncer

r. domínguez A CORUÑA / LA VOZ

SOCIEDAD

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El Hospital Quirón de A Coruña realizó el procedimiento para evitar que una niña portase la mutación genética más agresiva del tumor de mama; su madre lo sufrió a los 29 años

19 sep 2017 . Actualizado a las 16:44 h.

Se llama Paloma y ha nacido libre del cáncer que, cosas de la herencia, más probabilidades tenía de llevar grabado en su ADN. Es la primera niña de España que ha venido al mundo tras un procedimiento médico para evitar que portase la mutación en el gen BRCA1, la más agresiva de las vinculadas al riesgo de sufrir un tumor de mama, entre otros. Como el que padeció su madre a los 29 años. Nació el pasado 31 de agosto en el Hospital Quirón de A Coruña gracias a la intervención del Grupo Ron de la Unidad de Ginecología y Reproducción Humana del centro, que mucho antes de que Paloma fuese concebida trazó su hoja de ruta para evitarle, al menos, una amenaza que tenía cerca del 70 % de probabilidades de heredar.

«No puedo expresar lo que significa, profesional y personalmente», reconoce el doctor Roque Devesa, director de la unidad, cuyo despacho es una galería de retratos. Todos de bebés que él ha ayudado a ser. La puerta hacia la vida para la pequeña empezó a entreabrirse hace cinco años, en el 2012, cuando la que se convertiría en su madre se palpó un bulto en el pecho. «Le aconsejamos que congelase sus óvulos antes de la quimioterapia, porque podían dañarse los ovarios», cuenta el especialista. «Entonces la vitrificación de ovocitos era bastante novedosa», apunta. Se la sometió a un protocolo especial de estimulación para pacientes con cáncer y, dada su juventud, «supusimos que podía ser portadora de la mutación del gen BRCA1 o BRCA2, le hicimos los estudios que confirmaron el 1, que es el más agresivo». Hasta el 65 % de las mujeres que lo heredan acaban desarrollando un cáncer de mama.

Una vez recibida el alta por el tumor, en el 2015, la mujer se planteó que quería ser madre, pero desde luego no a riesgo de exponer a su bebé a pasar por lo que ella había pasado. Entonces, le plantearon la posibilidad de descongelar sus ovocitos, realizar una fecundación in vitro y, una vez obtenidos los embriones, el diagnóstico genético preimplantacional: estudiarlos y seleccionar los que no tenían la mutación antes de su transferencia al útero. Hubo que pedir autorización a la Comisión Nacional de Reproducción Asistida. «Solo detectamos los que no portan el gen malo, no alteramos nada», subraya Roque Devesa. En laboratorio, encontraron que solo el 25 % estaban libres de la mutación y el estudio de las embriólogas permitió, además, descartar otras anomalías cromosómicas.