Miss Tercera Edad: «Nunca fui presumida»

Las armas de Isabel Muíño son el desparpajo, el sentido del humor y la belleza


Desparpajo y sentido del humor. Y belleza. Esas son las armas de Isabel Muíño (A Coruña, 1944), una señora menuda que habla y habla y que me dice cada poco «pero eso no lo pongas». Así que me veo en la difícil tesitura de hurtarles algunas de las cosas que más me divirtieron en este encuentro un poco apresurado que tuve con ella en una cafetería del corazón de A Coruña. También les advierto de que no todo lo que me contó era verdad y que ella sabía que yo sabía que no lo era. Pero, como se suele decir, ¿por qué estropear una bonita anécdota con la aburrida verdad?

-¿Cómo le dio por presentarse al concurso de Miss Tercera Edad?

-Pues porque como yo ahora me aburro, el año pasado me apunté a unas clases de baile en la asociación de vecinos de Os Mallos. Y un día, la directora de la asociación me propuso ir a las fiestas de Melide. «Lleva un vestido mono para desfilar», me dijo. Y yo llevé un vestido normal y corriente [he aquí un ejemplo de postverdad]. Después de comer nos llevaron a un garaje grande y allí todas las señoras empezaron a sacar los trajes de las bodas de sus hijos: flores en los vestidos, flores en la cabeza... y yo me empecé a encontrar pequeñita, pequeñita.

-Pero no se le dio mal.

-No. Allí éramos unas cuarenta mujeres. Yo ví la pasarela tan larga que no sabía qué hacer, así que me puse a saludar a la gente y se me ocurrió sacarme la chaqueta. Hice un poco el tonto con la chaqueta, seguí saludando y me aplaudieron. Luego me fui a una cafetería con mis primas y unas amigas porque tenía tanta idea de que iba a ganar como de morirme. Y vino una señora corriendo a buscarme para decirme que la acompañara, que tenía que volver a desfilar porque había sido elegida Miss Tercera Edad. Y allí fui. Me dieron un ramo de flores; una placa muy grande de metacrilato, una diadema de los chinos preciosa y una banda divina.

-¿De joven le decían que era guapa?

-Decían que me parecía a la princesa Soraya. Pero nunca fui presumida. Mi belleza más grande es la lengua y el sentido del humor. No me corto por nada. Y ahora me ven por la calle y me dicen «¡Adiós Miss!», porque me vieron por la tele gallega.

-Cuando se tienen 18 años, la belleza puede con todo. Pero cuando ya no se tiene esa edad, ¿cuáles son las armas de mujer?

-Yo fui carnicera en la plaza de Lugo. Era la carnicería de mi padre pero las clientas me preferían a mí. Porque la labia se me desprendía sola. Y es que no hay nada más bonito que una señora te venga a comprar y tu le digas: «¡Qué guapa vienes!». Entonces le puedes vender lo que quieras. La labia es muy importante. Pero yo no la exploto, es que nací así.

-Cuénteme una locura que hiciera alguna vez.

-Salimos cuatro matrimonios juntos a un espectáculo de hipnotismo. El hipnotizador pidió una voluntaria y me presenté yo. Me dio un golpe en la frente y me dijo: «Duérmete».

-¿Y se durmió?

-¡Claro que no! pero fingí que sí lo hacía. El hombre me dijo que iba a ver a toda la gente de la sala como si estuvieran desnudos. Me levanté, miré y puse cara de sorpresa. Las mujeres no reaccionaron, pero los hombres se taparon todos con el vaso, ja, ja. Me encanta hacer el tonto. Pero si le cuento mi vida de verdad estaríamos llorando toda la tarde.

-¿El amor llega a cualquier edad?

-Sí. Por supuesto

-¿Cómo sería su día perfecto?

-Pues un día cotidiano sin ninguna cosa rara, sin nada que interfiera. Yo soy una mujer muy activa. Nunca me aburro. Y si me aburro me pongo a hacer un solitario.

-¿Qué tal duerme?

-Como una niña de 15 años. Mi lema es: «Si no puedes arreglar los problemas, archívalos».

-¿Qué consejo le da a la gente de su edad?

-Que disfrute, que ya queda poquito.

-Si fuera joven ahora, ¿se haría un tatuaje?

-No.

-¿No le gustaria ser joven en este tiempo, cuando la mujer está más valorada, goza de más libertad?

-No. Se han perdido aquellos valores.

-¿Cuál es su sitio favorito?

-Me encanta cuando el Orzán está enfadado. Soy capaz de hablar con el mar.

-¿Y su canción?

-La de «Si tu eres mi hombre» [The Power of Love, de Air Supply]. Me marcó desde pequeñita.

-¡Pero si es una canción de los años 80!

-Es que yo siempre he sido pequeñita, ¿no me ve?

-¿Qué es lo más importante en la vida?.

-Ser honesto.

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