Las cuevas gallegas guardan claves para la búsqueda de vida extraterrestre

El estudio de hábitats extremos ayudará a la futura exploración de Marte

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cee / la voz

Que las cuevas gallegas guardan todavía muchos secretos por revelar y cuentan con unas posibilidades tanto a nivel investigador como turístico excepcionales y poco aprovechadas era ya una realidad conocida entre los expertos, pero ahora algunos de ellos y, particularmente el ingeniero Marcos Vaqueiro Rodríguez, en su tesis Cavidades naturales en rocas magmáticas: las cuevas en rocas plutónica, dirigida por Juan Ramón Vidal Romaní, están abriendo el foco hasta el punto de evidenciar algunas cuestiones que estaban poco menos que esbozadas. El clima, los restos arqueológicos, pólenes con miles de años y las características propias para el desarrollo de la vida, así como las posibilidades de aprovechamiento turístico o los riesgos de la exploración cobran una nueva dimensión con este trabajo, que no es algo aislado, sino que continúa otras muchas investigaciones previas del Instituto Universitario de Xeoloxía Isidro Parga Pondal y está conectado con la tarea de otros especialistas de todo el mundo. Hasta el punto de que se han inventariado más de 400 cuevas graníticas repartidas por el globo. Incluso surgen algunas claves que pueden ser interesantes en la exploración espacial.

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Microclima particular

«Hemos evaluado qué temperaturas se podrán esperar en estas cuevas hace miles de años. Y también nos hemos planteado qué pasaría en cuevas de los mismos tipos que tenemos aquí, pero situadas, por ejemplo, en Marte. Así, viendo como sería su particular microclima, planteamos en qué partes de ellas podríamos encontrar agua líquida y, como agua es vida, tratamos de definir en dónde cabría esperar que existiesen biominerales que preservasen también ADN fósil. Tampoco hay que olvidar que podrían ser los primeros refugios espaciales. No hay que transportarlos, ni construirlos. Ya existen, y servirían de refugio a los exploradores. Solo hay que sellarlas y presurizarlas. Eso sí, conociendo qué nos podemos encontrar en su interior de antemano», detalla Vaqueiro Rodríguez, que aunque trabaja de ingeniero lleva más de 25 años explorando cuevas graníticas, encabeza un club de espeleología y ahora ha concretado parte de este trabajo en su tesis doctoral.

El estudio de algunas cuevas gallegas como modelo para la búsqueda de vida extraterrestre también fue objeto de una colaboración ente el instituto Parga Pondal, de la UDC, y el Centro Nacional de Astrobiología, colaborador de la NASA.

La investigación de Vaqueiro y de otros expertos, empezando por el propio Vidal Romaní , también apunta posibilidades muy interesantes, como la concepción de las cuevas como modo de refugio para la vida incipiente, «esa vida en tránsito entre el agua y el aire, pues ofrecen protección a la radiación solar y atenúan las variaciones climáticas exteriores». De hecho, solamente en bacterias han identificado más de 300 especies diferentes. Destacan, tanto por su belleza como por su valor científico, los depósitos de biominerales, especialmente el ópalo biogénico y los de pigotitas, porque se producen en la medida en que quedan atrapadas y fosilizadas en su interior. «Ellas y toda la cadena trófica asociada», como resalta Vaqueiro.

De hecho, tienen muestras de este ADN fosilizado (bacterias, algas, pólenes, amebas, ácaros...) verdaderamente antiguos. En el caso del Monte Pindo (Carnota) constataron pólenes de 4.000 años de antigüedad y obtuvieron muestras y registros desde hace 11.000 años hasta el presente.

«Aunque en superficie veamos solo piedras amontonadas, guardan todo un patrimonio a preservar» 

Con todo, la base del estudio es que, frente a los conceptos tradicionales en los que las cuevas afloran fundamentalmente en rocas calizas o dolomías, también se dan en granitos. Sus valores naturales y patrimoniales centran el foco de los trabajos, que abordan accesos, potencial turístico y científico, pero también riesgos, como avenidas, inestabilidades o funcionamiento de algunas de ellas especialmente profundas como trampas de radón. «Pensemos que hablamos de la existencia de cuevas en zonas dónde no deberían existir, y eso es uno de los aspectos importantes. Son refugio y protección de especies y de muchos tipos de depósitos. Preservan por que los aíslan del entorno y de las agresiones climáticas y humanas», incide el autor. «Aunque en superficie veamos solamente grandes piedras amontonadas, bajo tierra nos podemos encontrar cañones subterráneos con marmitas de erosión de hasta 15 metros de altura, cascadas, etc... Todo un patrimonio geomorfológico a preservar», concluye.

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