Terapias ecuestres para integrar a niños con discapacidades

La Obra Social 'La Caixa' financia estas clases terapéuticas desarrolladas en el Centro Hípico Casas Novas

r. r.
redacción / la voz

El Centro Hípico Casas Novas pone a disposición sus instalaciones a la Obra Social ‘La Caixa’ para realizar un programa de terapias ecuestres. Desde las clases de hípica buscan la mejora de niños con distintas patologías: trastorno del espectro autista, síndrome de Rubinstein-Taybi, síndrome de Down, síndrome Klinefeler...

Este proyecto facilita un ocio saludable y económicamente asequible. «En estas familias y con estos niños, todo trabajo es poco y, al final, todo sale muy caro», dice Cristina Fondo, psicóloga responsable de la terapia.

El programa lo inició la propia Cristina, en el 2012. Para realizar las clases utilizan el concepto empleado por Jaime Rojas Bermúdez: emplear al caballo como vehículo para trabajar aspectos relacionales. En estas clases se trabajan sobre aspectos cognitivos, emocionales y de relación. Y al estar de por medio el cuerpo, también los aspectos psicomotores. Las sesiones son individuales y tienen una duración de 45 minutos. Una psicóloga y un técnico en equitación son los encargados en facilitar la labor a los pequeños. «Dependiendo de las necesidades que plantee cada niño se hace una cosa u otra. Siempre tenemos que asegurarnos que montar a caballo no esté contraindicado», explica la psicóloga Cristina Fondo.

No todos pueden entrar al box a cuidar al caballo, pero intentan que así sea. «La equitación al final es relación con el animal», afirma Cristina. El proceso no es sencillo, ya que debe ser progresivo hasta que el niño coja confianza con el animal. Al principio ellos no llevan las riendas, hasta que finalmente poseen la atención suficiente para manejarlo por sí mismos.

«Hay niños que sí que se vinculan con un caballo, pero sobre todo es un vínculo con el contexto. Esas ganas de relacionarse con lo que les rodea», dice la psicóloga. Los chavales encuentran una gran gratificación en estas sesiones. Los responsables de la iniciativa no se fijan tanto en el diagnóstico, sino en el niño en cuestión.

Grandes avances

«Hoy son menores con discapacidad, pero mañana serán adultos con discapacidad. Que tengan una afición o un deporte que los movilice es lo que perseguimos», enuncia Cristina Fondo.

En los niños con trastorno del espectro autista, por ejemplo, se observan grandes avances a nivel relacional y psicológico. «Incluso chicos con retardo mental, que en teoría están inatentos en el colegio, aquí corrigen al cabeza de tanda que guía al grupo en el trote», afirma la psicóloga.

Lo que persiguen desde la iniciativa es la integración social. Y lo están consiguiendo. Hay niños que incluso están realizando clases ordinarias.

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