Los saharauis que no dejan Galicia

Familias gallegas que siguen manteniendo el vínculo con los niños que acogían en verano intentan que, ahora que son mayores, continúen sus estudios en la comunidad


redacción / la voz

No es fácil romper los lazos con un ser querido. Ni fácil ni apetecible. Sobre todo si esa ruptura puede suponer una merma en la calidad de vida de la otra persona. Este sentimiento de desasosiego es el que tienen muchas familias gallegas que, tras años acogiendo a niños saharauis, ven cómo los menores, una vez alcanzan la edad límite para venir a pasar dos meses a Galicia, pueden quedarse sin una formación acorde a su nivel y sin un respaldo a la hora de hacerles tirar para adelante con los estudios.

A pesar de que en los campamentos de refugiados donde viven los menores -que tienen una edad comprendida entre los 12 y los 15 años-, los niños están escolarizados, muchas familias saharauis prefieren sacrificarse y no ver a sus hijos durante meses por el hecho de que puedan formarse en colegios gallegos. Este es el caso de los padres de Mohamed, un preadolescente de 13 años que lleva tres años conviviendo con Teresa Núñez y su familia en el municipio pontevedrés de Cuntis. Su familia, que vive en Auserd, al sur del Sáhara, le comentó a Teresa en una de sus continuas visitas a Mohamed si era posible que ayudaran a su hijo a viajar a España para mejorar su calidad de vida. Dicho y hecho.

«No fue fácil al principio, hablaba español pero el plan de estudios de Galicia no tiene nada que ver con el del Sáhara, además, le costó no estar con sus seres queridos. Ahora, sin embargo, es de los mejores del colegio y está encantado, aunque si quiere volver con su familia en un futuro nosotros siempre lo vamos a entender», explica esta pontevedresa, que a sus 63 años, asegura seguir teniendo fuerzas para cuidar de un hijo preadolescente -tiene dos biológicos en la treintena- y dos más durante el verano, todos saharauis. Mohamed viaja todos los veranos al Sáhara a ver a sus padres, aunque este año, por problemas con el pasaporte tendrá que quedarse en Galicia.

«Lo que más echo de menos es cuando salíamos todos juntos a comer, porque además la comida es muy rica». Hafdala Hmetu Salem tiene 15 años y en la actualidad vive con sus siete hermanos y sus padres en un campamento para refugiados en Dajla. Salem, ayudado por Esther Ybarra, que lleva años acogiéndolo en su casa de Ames, está intentando poder venir a estudiar a Galicia; situación que, Ybarra calcula, pueda llegar a buen puerto «a principios del año que viene». ¿Los requisitos? Tener pasaporte individual -cuando llegan a la comunidad con Vacaciones en Paz el documento es colectivo- y un buen expediente académico.

De mayor, futbolista del Celta

A pesar de su corta edad, a Salem le gustaría ser futbolista, pasión que comparte Edaih Sidahmed. Eso sí, este último lo tiene claro: «Yo quiero jugar en el Real Madrid o en el Celta». Este joven de 17 años, que descubrió que era celíaco gracias a unas pruebas que le realizó Henrique Porto cuando de niño Sidahmed pasaba el verano en Gondomar, no tiene especial interés en seguir estudiando. Ni en Argel -donde estudia su hermana mayor-, ni en Cuba ni tampoco en España, los destinos a donde suelen acudir estos niños cuando terminan el colegio y quieren seguirse formando. Para Porto, que trata a Sidahmed como a un hijo, esto ha supuesto un disgusto, sobre todo, «porque cuando era pequeño le llevaba a clases de refuerzo para que se animara a luchar por un buen futuro». Para este jubilado es básico que los niños aprovechen los recursos formativos de la comunidad en sus meses de verano, y feliz comenta: «la niña que tenemos ahora en casa es muy estudiosa, probablemente acabe en Galicia».

Las familias reciben a 278 niños y 48 se esperan en próximos días

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Desde ayer descansan con familias gallegas 278 menores del Sáhara. Faltan 48, que se prevé llegarán la próxima semana en vuelo regular. Este retraso se debe a que los dos aviones que les transportaron eran más pequeños de lo esperado, explica Mila Isla, presidenta de la asociación que organiza el programa Vacaciones en Paz. Algunas familias acogedoras esperaron para recibirlos varias horas, desde las dos de la madrugada, en Santiago.

Hay 298 hogares gallegos seleccionados para acoger a este colectivo, hasta la primera semana de septiembre. La mayoría van a Vigo (70), y a los municipios de Ames, Teo y Brión (16, con 7 más para Santiago).

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