El reto gallego de aniquilar el ruido

Vigo y A Coruña están entre las diez ciudades más ruidosas: vecinos y hosteleros no se sorprenden, conviven con los gritos, que les pasan factura, pero de manera diferente


redacción / la voz

El ruido es un problema tan molesto como silencioso. Molesto porque las consecuencias, que van desde la pérdida de concentración a un comportamiento agresivo, pueden derivar en serios daños, como la hipertensión o los problemas cardíacos. Silencioso, por paradójico que parezca, porque es un perjuicio que afecta en menor o mayor medida a toda la sociedad y, sin embargo, la mayoría se quedan impasibles ante la desidia que genera la contaminación acústica. Esto ocurre en muchos puntos de la geografía gallega, pero sobre todo en Vigo y A Coruña, ciudades que, según la Organización Mundial de la Salud, se encuentran entre las más ruidosas de España.

El cierre a principios del mes de mayo del emblemático restaurante compostelano Galipizza, tras varias quejas vecinales provocadas por las molestias generadas por la pizzería, que tenía horario nocturno, ha podido ayudar a que muchas asociaciones contra el ruido, acostumbradas según dicen, a perder innumerables batallas legales, aún tuvieran algo que decir en la guerra por el fin de la contaminación acústica. Si bien el tráfico es el talón de Aquiles en esta materia, son los locales de ocio nocturnos contra los que se lucha más ferozmente, por dos razones fundamentales: primero, porque a priori resulta más factible que un establecimiento de hostelería se adecúe a los decibelios permitidos o evite concentraciones en la puerta del sitio en cuestión y, segundo, porque el tráfico, en gran parte, se concentra en horas en las que no se perturba el sueño de los vecinos.

«Es un problema grave que, además, las Administraciones no quieren solucionar porque se posicionan de parte del lobby de los hosteleros. Sin embargo, es una pérdida de derechos fundamentales protegidos por la Constitución, porque las emisiones acústicas contaminantes penetran en el domicilio violando el derecho a la vida privada y familiar», comenta María Abelleira Méndez, presidenta de la Asociación de Vecinos Compostela Vella, que apunta que «el ruido nocturno es incompatible con la habitabilidad, siendo una causa relevante en la despoblación y degradación de la ciudad histórica».

La polémica

En la capital gallega, cuna del ocio universitario, José Manuel Vázquez, propietario de los distintos Galipizza que peinan Galicia, es visto como víctima y verdugo según los ojos de quien lo mire. Para muchos estudiantes, su local era un hito en la noche santiaguesa antes de emprender el camino de vuelta a casa, pero para otros, una latosa fuente de molestias que, según Vázquez, se basan en que su restaurante «es un establecimiento de batalla».

El punto de vista del empresario es otro: «Si en lugar de ser Galipizza fuera un local de Ferran Adrià no estaríamos hablando de esto. El ruido es la base legal que han utilizado los vecinos para conseguir que nos cerraran. Desde la primera semana que abrimos nos enviaron una inspección, les molestaba hasta que hubiera personal extranjero. Tengo todo en regla e insonorizado, pero es imposible decirle a la gente que baje la voz».

Pontevedra, el espejo donde mirarse y superar la contaminación acústica

La estación de Meteogalicia de la ciudad del Lérez, al lado de una de las calles con más tráfico, ofrece normalmente el índice de ruido más bajo de Galicia

«O concepto de ZAS (zona acusticamente saturada) nin o barallamos, supoño que non temos diso». Es la respuesta que dan fuentes del Concello de Pontevedra cuando se les pregunta por las calles más ruidosas de la ciudad. No es para menos. La estación que MeteoGalicia tiene ubicada en la ciudad, al lado de la calle Fernández Ladreda, una de las que soporta más tráfico, ofrece habitualmente el índice de ruido más bajo de Galicia -de 47 decibelios el día de la elaboración de este reportaje-.

«O noso sistema de mobilidade reduciu o 97 % dos coches no centro histórico e comercial», explican desde la casa consistorial, para sostener que, por ejemplo, en las plazas de España y de Galicia en horas punta en ningún caso se superen los 60 decibelios (el máximo recomendado).

En el resto de las urbes gallegas, a excepción de Ferrol -«que no tiene un mapeo específico de zonas saturadas porque se derogó la ordenanza anterior, que estaba caducada», apuntan desde el Concello- sí se localizan enclaves determinados como zonas acústicamente saturadas, la mayoría centradas en puntos de alta concentración de pubs y vehículos. Por eso, desde MeteoGalicia, que anualmente realiza informes sobre el ruido ambiental en la comunidad, mantienen que la lucha debe empezar por reducir el tráfico y la velocidad a la que circulan los coches, la implantación de barreras antirruido y la elección de materiales aislantes. Además, mencionan la implantación de zonas verdes como factor relevante para cualquier ciudad, ya que actúan como barreras acústicas naturales.

Mejoría en el 2016

En términos generales, los valores obtenidos el pasado año en las estaciones que MeteoGalicia tiene repartidas por la comunidad, mejoraron «lixeiramente con respecto aos históricos». Así, fue en Santiago, Lugo y Ourense donde se registró un mayor descenso, mientras que Ferrol fue la única ciudad en la que se percibió un incremento de ruido. Ninguna estación, sin embargo, alcanza todavía los objetivos marcados.

En cuanto a la época de fiestas de cada ciudad, momento puntual del año en el que el ruido se apodera de las calles prácticamente las 24 horas, los valores aún superaban en el 2016 los 65 decibelios (sobre todo en el período nocturno), aunque los índices son algo más bajos que los de años anteriores.

«En España hay pocas ciudades con señales que inviten a moderar el tono»

En Galicia, al igual que en el resto del país, se tiende a elevar la voz más que en otros países

El problema, según los estudios, no residen en la charlatanería, sino en el volumen al que se comunican los españoles. También los gallegos. Antonio García es el abogado del ruido. Ofrece asesoramiento legal y jurídico en esta materia desde Elche, y asegura que clientes no le faltan -de hecho, su bufete tiene pendientes de valoración varias alertas por ruido recibidas desde las cuatro provincias gallegas a través de su página web-. «Sobre todo, recibo quejas de vecinos. Mucha gente pasa por alto que no se pueden hacer mudanzas nocturnas, y otros hablan muy alto a horas en las que la gente descansa. Aquí se tiende al grito, se comprueba fácilmente en aeropuertos de otros países». García añade: «Conozco pocas ciudades con alguna señal que invite a moderar el tono de voz».

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