Seúl transforma una carretera de los 70 en un jardín de un kilómetro con más de 200 especies

El proyecto, diseñado por un estudio holandés, ha tenido un coste de 55 millones de euros


Una carretera elevada construida en los años 70, un objetivo -crear un jardín emblemático- y una pregunta: ¿cómo cambiar la vida diaria de miles de personas que cruzan cada día el centro de Seúl? Esos tres elementos fueron los que el estudio holandés MVRDV metió en su coctelera creativa para cambiar el corazón de la capital surcoreana. El resultado ha sido Seoullo 7017, un jardín público elevado sobre la calzada que los peatones han reconquistado a los coches y  en el que extienden sus ramas al sol unas 24.000 plantas.

El gran paseo verde, inaugurado el pasado día 20, tiene casi un kilómetro de longitud y, a lo largo de su recorrido, abre caminos y puentes para conectar con los edificios que se elevan a un lado y a otro del vial. El proyecto, que ha supuesto una inversión de 55 millones de euros, buscaba revitalizar el entorno de la estación central de ferrocarril de Seúl y ha aprovechado para ello la gran variedad de especies vegetales de Corea.

Seoullo 7017 -en referencia al año en el que se construyó la carretera y en el que el jardín se ha hecho realidad- tiene una superficie de más de 9.000 metros cuadrados en los que se distribuyen 645 macetas con ejemplares de 228 especies de árboles, arbustos y flores, a los que se irán sumando nuevas plantas con el tiempo, con el objetivo de hacer de la iniciativa un proyecto en continua evolución.

 Además de transformar el asfalto en un entorno verde y dar acceso peatonal elevado a miles de habitantes de la capital surcoreana, el enorme jardín también está pensado para disfrutar de momentos de ocio. A lo largo de su recorrido, sus promotores han proyectado una biblioteca dedicada al propio jardín, un café, un escenario para representaciones artísticas y un teatro de marionetas, y han instalado en algunas de las macetas pantallas en las que el visitante puede asomarse a presentaciones multimedia sobre la ciudad.

 La transformación no quiere, sin embargo, borrar la huella de lo que fue el proyecto original, el viaducto para los coches, por eso se han abierto a lo largo del recorrido algunos agujeros cubiertos con cristal en los que se puede observar el propio hormigón y las vigas y también, 17 metros más abajo, los coches que siguen circulando por el centro de la ciudad.

Para completar la experiencia sensorial, en la que destacan las amplias vistas de Seúl, el jardín-viaducto se ilumina por las noches con una luz azul que proporcionan 500 lámparas led, con las que se busca contrastar con la iluminación blanca y amarilla de la gran urbe. 

El proyecto también ha tenido un componente de reciclaje, ya que se ha creado una gran escultura desde el suelo hasta el viaducto formada por más de 30.000 zapatos viejos.

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