Que brille la noche en el cielo gallego

Galicia cuenta todavía con lugares en los que la oscuridad permite ver las estrellas, pero es un patrimonio en peligro si no se racionaliza la iluminación nocturna

Que brille la noche en el cielo gallego Galicia cuenta todavía con lugares en los que la oscuridad permite ver las estrellas, pero es un patrimonio en peligro si no se racionaliza la iluminación nocturna.

santiago / la voz

Víctor Dios, bateeiro de A Illa de Arousa, lamentaba hace unos días el naufragio del Nuevo Marcos en el que perdieron la vida tres marineros. Pero a la hora de barajar medidas para evitar tragedias de ese tipo, afirmó con rotundidad: «Non podemos pór 10.000 luces na ría». Para Borja Tosar, astrofísico y divulgador, su testimonio es una prueba de que la gente del mar sabe que el exceso de iluminación es perjudicial. Pero no todo el mundo es consciente de los efectos de la contaminación luminosa que, como indica Lucía Giráldez, del colectivo Calidade do Ceo Nocturno, tiene la desventaja de que no molesta como la acústica. De hecho, los puntos de luz en cualquier esquina de los municipios son demandas habituales a las que tienen que hacer frente los gobiernos locales.

Pero poner freno a ese exceso de luz artificial se hace necesario, y en ese empeño trabajan astrónomos, físicos, ópticos y meteorólogos que saben que una iluminación desmedida no solo priva a la población del maravilloso espectáculo de observar las estrellas, sino que es perjudicial para la salud. Usurpar a los seres vivos de la diferencia entre la noche y el día tiene sus consecuencias. «Estamos cambiando as regras do xogo da vida, e cada vez hai máis evidencias dos efectos disruptores que a iluminación artificial ten no medio ambiente», avisa el profesor Salvador Bará.

Bará Vilas, desde la Universidade de Santiago, colabora con MeteoGalicia en la Rede Galega de Medida do Brillo do Ceo Nocturno, una plataforma con catorce detectores que ofrecen datos en tiempo real y que informan sobre la contaminación por luz artificial. Hay, además, mapas que cuantifican en una escala la relación entre el brillo natural del cielo por la noche -el que ofrecen la luna y las estrellas- y el que produce la polución lumínica, que puede ser 25 veces superior por efecto de las luminarias.

En Galicia hay una enorme desigualdad entre la costa, sobreiluminada, y el interior, donde todavía quedan zonas en las que la noche se mantiene estrellada. Sin embargo, en las ciudades ya es casi imposible observar la Vía Láctea, y el impacto lumínico de sus farolas indiscriminadas es tal que no hay territorios vírgenes, solo espacios menos contaminados. Reducir los puntos de luz, colocarlos solo donde son necesarios y controlar las horas de exposición es fundamental para proteger un patrimonio en peligro de extinción.

Trevinca atrae a un turismo aficionado a la astronomía

El turismo astronómico, selecto y sostenible, interesa a Galicia, y sobre su potencial saben mucho en el municipio ourensano de A Veiga, que hace dos años obtuvo el sello Startlight que lo distingue como uno de los trece destinos mundiales en los que se puede disfrutar de la observación de las estrellas por la limpieza de sus cielos y la escasa contaminación luminosa. Este distintivo que persiguen también las Illas Cíes encendió la luz de las autoridades municipales de un paraje que cuenta entre su patrimonio con la cumbre más alta de Galicia (Pena Trevinca, a 2.124 metros de altura), un observatorio natural que atrae a aficionados a la astronomía de todo el mundo, y que sus gentes han sabido aprovechar. De hecho, las casas de turismo rural se nutren de esos visitantes, y todas ellas disponen de un telescopio que les donó el Concello para que sus clientes puedan reencontrarse con las estrellas.

Óscar Blanco, astrónomo y autor de las más bellas imágenes del cielo del macizo, impartirá a los propietarios de esos alojamientos un curso para que sepan transmitir a sus huéspedes unas nociones básicas del tesoro que tienen sobre sus cabezas. Él está convencido de que A Veiga puede ser «un ejemplo a seguir en la protección del patrimonio natural».

No hay contaminación cero en Europa. Habría que ir a África, como hizo él el año pasado. «La noche en Namibia es un paraíso», asegura. Por eso, aunque identificar el asteroide de El principito desde Galicia sea fantasía, observar la galaxia de Andrómeda desde sus cumbres es un sueño que puede hacerse realidad.

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