Son fotos, aunque parecen cuadros

Un informático coruñés, Carlos F. Turienzo, premiado por cuarto año consecutivo en el certamen de fotografía artística en el que compiten más de cien mil imágenes


A Coruña / la voz

Ser premiado en el salón de fotografía artística más grande del mundo ya es un logro. Conseguirlo durante cuatro años consecutivos no es casualidad. Carlos F. Turienzo, coruñés de 36 años, lo ha hecho. El Trierenberg Super Circuit, que así se llama la cita con los artistas del objetivo, ha decidido una vez más que entre las más de cien mil fotografías remitidas desde 112 países, su imagen de la cascada de Bruarfoss en Islandia merecía la medalla de oro en paisaje.

La elección tiene algo de guiño en la historia particular de este informático que trabaja en Reganosa, ya que fue un viaje a Islandia el que, en cierta manera, inclinó su vocación «tardía», según él mismo reconoce, por este arte de captar la belleza de la naturaleza. «Fue en el 2013, y me decidí a dedicarme en cuerpo y alma, antes hacía más foto de turismo y recuerdo», cuenta.

Desde entonces, todo han sido éxitos. Si este año fue la cascada islandesa, el pasado logró también en Austria el oro en panorámicas con una foto del faro de Punta Nariga, la misma con la que, un año antes, fue ganador absoluto del Epson Pano Awards.

El 2015 fue prolífico en reconocimientos, porque también en el Trierenberg logró ser distinguido, y por partida doble: medalla de oro en la categoría Descubrir el mundo por otra instantánea de la playa de Gueirúa, en Asturias. y oro también en panorámicas por una imagen de la ermita de San Vitorio, en Guitiriz, con la cúpula de la Vía Láctea. De la capilla lucense ya había arrancado otro premio en el 2014, cuando Turienzo se llevó otra medalla de oro en fotografía nocturna. 

«Muy contento» dice cuando se le habla ya no de doblete, ni triplete, sino de cuatripitir en el top ten de un certamen en el que, además, entre los 20.000 participantes «hay gente muy buena, de los mejores fotógrafos de paisajes del mundo, gente a la que admiro mucho». 

«La noche es lo que más me gusta», cuenta Carlos F. Turienzo, que habla de las sensaciones de estar en soledad bajo el cielo estrellado o de lo «impresionante» de ver, aunque solo sea una vez en la vida, la aurora boreal. «Es una experiencia maravillosa, se lo recomiendo a todo el mundo». De Galicia, su mirada apunta hacia la playa de As Catedrais como «casi lo más bonito», junto a Loiba, «no tanto por el banco, sino por el paisaje» y cree que sin descubrir a los ojos de la gran multitud está la belleza de Lumeboo, una pequeña cala de Ferrol con una roca muy característica.

Ahora que la afición -de la que no vive, pero que le da vida- comienza a regalarle otras satisfacciones al margen de las vivencias, reconoce que «no me puedo quejar de viajes». Ya lo hacía antes de adentrarse en el terreno semiprofesional, y fue su gusto por la astronomía la que le hizo ir escalando y descubriendo. Holanda, Portugal, Egipto, Nueva York... En junio planea ir a los Alpes, porque los Dolomitas serán su siguiente parada fotográfica. Prepárate, Trierenberg, que no hay quinto malo.

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