«Una noche fui a la cuna de mi hijo y cambié de actitud ante la esclerosis»

Este vasco, que el sábado dará una charla en A Coruña, es un ejemplo de superación


a coruña / la voz

A los 32 años a Ramón Arroyo le diagnosticaron una esclerosis múltiple. Le dijeron que sería cuestión de tiempo que dejara de caminar. Se vino abajo, tardó tres años en aceptarlo, pero una noche se acercó a la cuna de su hijo y cambió el chip. Comenzó a cuidarse, a hacer deporte, y a ponerse retos. En el 2013 completó el Ironman, la prueba de triatlón más exigente del mundo.

-¿Cómo ve su vida en el cine?

-Una sensación extraña, porque somos una familia normal, nos ha pasado algo extraordinario, y no hemos hecho nada más que intentar salir adelante.

-Una enfermedad así arrastra a toda la familia, ¿no?

-A toda la familia y a todo el entorno, a mí me gusta llamarlo mi equipo, yo llevo la cojera pero cada uno a su manera, lo sufrimos de la misma forma. Todo lo hemos vivido juntos.

-¿Recuerda aquella mañana de hace 13 años?

-Sí, perfectamente. Al principio fue un diagnóstico erróneo, y cuando fue definitivo, recuerdo esa sensación de miedo, de pánico, de vacío, de enfrentarte a algo que no sabes qué es.

-¿Cómo reacciona?

-Hay dos tipos de moteros, los que se han caído y los que van a caer, pues con un diagnóstico así es lo mismo, antes o después pasas un proceso de negación. Yo estuve tres años dándole la espalda a la enfermedad. Pero nadie es capaz de encajar esto.

-Uno quiere desaparecer...

-A mí me pasó que no iba conmigo. Encima yo tenía la excusa de que ya se habían equivocado en los dos primeros diagnósticos, y decía por qué no hay dos sin tres. Pero con la ayuda de mi equipo y en manos de especialistas, acabas conviviendo con eso.

-¿Qué le hizo cambiar el chip?

-Acababa de nacer mi hijo el mayor y una noche me acerqué a la cuna a recibir mimos de él, en vez de dárselos yo, y fue una noche muy importante donde me di cuenta de que yo debía cambiar, que no tenía la culpa de tener esclerosis múltiple pero sí era responsable de cómo convivía con la enfermedad. Poco a poco empecé a escuchar a los demás, me dejé aconsejar y funcionó. Hay épocas mejores y peores, es una montaña rusa, pero cuando sabes que vas a bajar, también sabes que vas a subir, y hemos tirado para delante de una manera digna.

-¿Se puede llegar a vivir olvidándose de la enfermedad?

-No, y no creo que sea la actitud más coherente. No puedes olvidar que tienes una patología. No es vivir con la espada de Damocles, pero es decir: «Oye, que aquí estamos un ratito, hoy puedo andar pero mañana igual no, así que si hoy puedo, voy a disfrutar del día de hoy». Hay que convivir con la enfermedad de manera amistosa.

-¿Qué le enseñó la esclerosis?

-A ser mejor persona y me ha cambiado la escala de valores, cosas que antes me parecían importantes ya no lo son.

-Le ha hecho jaque mate a la enfermedad.

-Hemos hecho tablas, de vez en cuando me pega unas manos muy fuertes, ahora mismo estoy recuperándome. Hay una cosa que digo, yo ni sufro ni padezco, yo la tengo, al igual que soy feo y bajito, es una condición más.

-¿Se vive con vértigo?

-Sí, psíquico y físico porque tengo un problema visual, los colores en el suelo me causan vértigo, pero también tiene su rollito, ¿no?

-¿Cuántas veces pensó en «por qué a mí»?

-Al principio muchas, pero desde hace tiempo ya no. También soy muy simpático y no pienso por qué lo soy. No puedo ser cínico, mi balance es muy positivo, gracias a esta enfermedad me han pasado cosas maravillosas.

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