¿Hay alternativa al aceite de palma? sí, pero más cara

Las opciones más saludables se encuentran también en los bosques tropicales

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redacción / la voz

Recibe el nombre de aceite, pero en realidad es una grasa. Vegetal, pero saturada. Y es esta composición, que aporta consistencia, textura, untuosidad y duración a los alimentos que lo contienen, lo que ha convertido en pocos años al aceite de palma, unido a su bajo precio, en el más utilizado por la industria alimentaria, pese a que su consumo excesivo causa un aumento del colesterol malo y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Este efecto negativo, siempre que se ingiera por encima de los niveles recomendables, es lo que ha llevado al Congreso a pedir su progresiva eliminación en centros escolares, de salud y deportivos y lo que ha movido a grandes supermercados a plantearse la retirada o limitación de este producto. Pero la industria alega que es poco menos que insustituible y que no existen alternativas mejores. ¿Lo es? «Claro que es posible sustituirlo. Llevará más o menos tiempo, pero sí existen alternativas, aunque puede que no tan baratas», contesta Rafael Garcés, investigador en el Instituto de la Grasa del CSIC.

Garcés sabe de lo que habla, ya que trabaja con la industria en la búsqueda de otras opciones. «Hemos hecho pruebas con empresas y los resultados fueron muy positivos. El producto tenía la textura y la estabilidad adecuada y no se degradaba rápidamente. Si siguen apostando por el aceite de palma no será porque no haya alternativa».

Mangostán

La solución está en los frutos de otros árboles tropicales, como el hueso de mango o el mangostán, cuya composición es rica en ácido esteárico, una grasa también saturada, pero que, a diferencia de la de palma, no afecta a los niveles de colesterol. «Ocurre -destaca el investigador del CSIC- como con el colesterol bueno y malo, hay grasas vegetales saturadas buenas, como el esteárico, y malas, como el palmítico, que supone la mayor parte de la composición del aceite de palma». Las plantaciones con este tipo de cultivos, sin embargo, aún son escasas.

Pero la verdadera clave de la transformación no será si el producto tiene más o menos propiedades saludables, sino el precio. Y el de palma, a la espera de sus alternativas maduren o que el desarrollo tecnológico permita otras, sigue siendo mucho más barato que su competencia. Cada tonelada cuesta de media 600 euros, por los 900 del aceite de girasol o los 4.000 euros del oliva extra virgen.

Aunque parte del cambio también puede llegar de la presión que los consumidores ejerzan o no en su compra diaria. Será lo que mueva a la industria. «Que el aceite de palma era malo ya se sabía desde hace tiempo -apunta Garcés-, pero la industria no ha hecho sus tareas para buscar otra alternativas porque es más barato». En este contexto, Ramón Estruch, el coordinador del mayor estudio sobre los beneficios del aceite de oliva y nutricionista en el Hospital Clínic de Barcelona, asegura que, al menos, «al consumidor se le debe dar la oportunidad de elegir, con una etiqueta bien clara y legible, entre un producto más caro y saludable, y otro más barato que no lo es tanto».

Casi la mitad de los productos en máquinas contienen la grasa

Si el Gobierno respalda de forma definitiva la medida aprobada por amplia mayoría en el Congreso para retirar de forma progresiva los productos que contienen aceite de palma entre sus ingredientes en colegios, centros de salud e instalaciones deportivas, de las máquinas expendedoras habría que eliminar prácticamente la mitad de los artículos. La Voz ha hecho la prueba en la que está situada en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. ¿El resultado? De los 43 productos disponibles -varios ya estaban agotados- un total de 21 incluyen en su composición la grasa saturada de palma. Y hay que tener en cuenta también que seis artículos eran bebidas. En otras tres unidades no se identifican correctamente los ingredientes, ya que se opta por el genérico aceite vegetal.

Buena parte de los alimentos industriales que están a la venta son de bollería y en ellos predomina el chocolate, aunque la grasa saturada también aparece en algunas marcas de patatas fritas, cereales, galletas y aperitivos.

¿Conclusión? Con la cantidad de productos con aceite de palma es difícil no superar el 7 % de consumo diario recomendado de grasa saturada. «El aceite de palma es perjudicial si se consume en exceso, porque favorece la enfermedad cardiovascular», advierte el experto Ramón Struch.

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