«El aceite de oliva gallego tiene tanto futuro como el albariño, que hace 30 años ni se conocía»

Científicos del CSIC trabajan en el análisis y reconocimiento oficial de al menos siete variedades autóctonas de olivo

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Santiago / La Voz

«Los olivareros y los agricultores nos cuentan que nunca compraron aceite, sino que siempre lo hicieron en casa, al igual que sus padres y sus abuelos, con olivos de variedades que llaman brava y mansa». Carmen Martínez Rodríguez, directora del grupo de viticultura de la Misión Biológica de Galicia del CSIC, explica así la existencia de variedades autóctonas gallegas de olivo, pese a que nunca se han legalizado ni recogido en el registro español. Y ese es el principal objetivo del proyecto de investigación que llevará a cabo el grupo en los próximos cuatro años, junto a la Asociación de Productores de Aceite y Oliva de Galicia y con la financiación de la Fundación Juana de Vega.

Los investigadores harán una prospección en toda Galicia para coger muestras de olivo, sobre todo en la provincias de Ourense y Pontevedra, en donde ya han comenzado, y realizarán análisis de ADN, descripciones botánicas y organizativas, con el fin de comprobar si son variedades diferentes y únicas a las que hay en el resto del mundo. De momento han confirmado la existencia de dos, brava y mansa, y en el estudio de estas dos han aparecido otras cinco «y sospecho que encontraremos más, aunque no sabría decir cuántas» asegura Martínez. La legalización posterior de estas variedades es fundamental porque solo así puede incluirse en la etiqueta del aceite que se comercializa, por lo que esta investigación puede suponer un antes y un después para el sector. De hecho, explica la directora del grupo, la situación actual con el olivo gallego es muy similar a la que se vivió hace 30 años con la viticultura, cuando ni estaba descrito el albariño. «Le veo tanto futuro como a la viticultura, tengo la sensación de que se repite la historia del albariño y de otras variedades, ya que cuando yo empezaba a trabajar hace 30 años ni se conocía», añade Martínez Rodríguez.

Aunque el proyecto tiene un plazo de cuatro años, se trata de una línea de investigación muy ambiciosa, porque los científicos también quieren, cuando se definan las variedades, poner a punto las técnicas de enraizamiento y suministrar a los viveristas y olivareros plantas de los olivos autóctonos de Galicia.

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