«Un roce incidental», la sentencia que escandaliza a los mexicanos

Un juez absuelve a un joven que reconoce que tocó las partes íntimas de una menor sin su consentimiento


redacción / la voz

«Roce o frotamiento incidental»: Tocarle a una menor los senos contra su voluntad, meterle las manos debajo de la falda e introducir sus dedos en la vagina de la joven. Es el dictamen de un juez de México que ayer declaró que Diego Cruz, implicado en el caso de abusos sexuales a Daphne Fernández por el que fue capturado hace dos meses en Madrid y extraditado a México, sería absuelto al no haber cometido el delito de pederastia por el que fuera acusado dos años antes, justo en el momento en el que en el país del tequila se inició una polémica que ha ido in crescendo hasta alcanzar, ayer, su cota más alta.

«No doy crédito», comentaba ayer Beatriz Piñeiro, de la asociación Mulleres en Igualdade, de Pontevedra. «Se agredió a esa chica tanto a nivel físico como psicológico, invadiendo su intimidad y actuando contra su consentimiento». Sobre todo, a Piñeiro le llama la atención que la ausencia de penetración, que para el juez demuestra que no se apreció «interés por satisfacer placeres sexuales» sea un eximente. «Un violador comete una agresión por muchísimas circunstancias, da igual cuales sean si la cuestión de fondo es que la mujer no está de acuerdo», comenta Piñeiro. Pero el juez mantiene que Fernández pudo haberse cambiado de asiento en el coche y, aunque reconoce que hubo tocamiento, «no expresó palabra alguna» sobre una «intención lasciva».

El abogado Diego Reboredo, por su parte, aclara que «la intención lasciva va implícita; es una cuestión de sentido común. No hace falta decir nada». Además, dice, a nivel legal se distingue entre «el elemento objetivo, que sería el contacto corporal y el elemento subjetivo, que sería lo que entendemos por ánimo libidinoso, es decir, el propósito de obtener una satisfacción sexual, pero en cualquier caso hay delito». Este delito cobraría un cariz diferente si se hubiese producido con violencia o, efectivamente, si hubiera habido penetración que, recuerda Reboredo, puede ser con «cualquier instrumento, no solo el pene».

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