Serafín Romero: «Hay que acabar con la política especulativa de los laboratorios»

Dice que la industria no puede poner un precio a los medicamentos que triplique o cuadriplique su coste


redacción / la voz

Fue el ingreso de su madre en una unidad de cuidados intensivos por una infección renal, cuando él cursaba quinto de bachillerato, lo que abrió a Serafín Romero (Sevilla, 1957) las puertas de la medicina. Pero lo que acabó afianzando su vocación fue el contacto con sus pacientes en Posada, un pueblo de Córdoba donde este especialista en medicina de familia y comunitaria ganó su primera oposición como médico rural. Tras haber sido vicepresidente del Consejo General de Colegios Médicos de España, este mes juró el cargo al frente de la institución como sucesor de Juan José Rodríguez Sendín. Hoy está en Galicia para exponer al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, los retos que se ha marcado. Además de lograr un gran pacto de estado por la sanidad, otro de los grandes objetivos es «primar el interés del paciente sobre cualquier otro».

-¿En qué se traduce eso, en que todo el mundo tenga acceso a los tratamientos?

-Tenemos la obligación de que nadie se quede sin tratamiento. En el caso de la hepatitis C, sabemos que su coste es alto. Por eso hemos llevado a Europa, a través de la europarlamentaria Soledad Cabezón, una propuesta para dar acceso a los medicamentos. No puede ser que la industria, aunque tenga un interés que es admisible, ponga un precio a un medicamento que triplique o cuadriplique su verdadero coste. No puede depender del dinero que tengamos poder pagarlo. Tiene que depender del valor que tenga para la salud. Por eso los Gobiernos en el ámbito de Europa han instado, con nuestro apoyo, la apertura de un debate sobre la elaboración de una normativa para poner coto a este tema. Las moléculas que están por venir, las denominadas como innovaciones terapéuticas que van de la mano de la genómica del tratamiento individualizado, no pueden salir al coste que están saliendo. De hacerlo, nuestro modelo sanitario no podría con el coste de ese tratamiento. Hay que poner un coto para que haya un equilibrio entre innovación y accesibilidad al medicamento

-Una brecha sanitaria dañaría a la salud pública

-Perder la oportunidad de tratar a un paciente con un medicamento que sabemos que funciona, no solo acaba convirtiendo el modelo sanitario en injusto, abre además una brecha entre los que tienen y los que no tienen. Eso va en contra de nuestro modelo sanitario, basado en la solidaridad, en el pago por impuestos. Pero, por mucho impuesto que paguemos, cuando los precios son desorbitados, no vamos a poder sostenernos. Lo que hay que hacer es cortar la política de locura y especulación de los precios de los medicamentos, no el necesario retorno de la industria que investiga. Lo que hay que romper es la aparición de una industria que está absorbiendo y comprando industria que investiga.

«No puede ser que me vea un médico cada día en Primaria»

Aunque costó «sangre, sudor y lágrimas» modificar la ley del tabaco, está dando frutos. Es el ejemplo que usa Romero para exponer que las medidas preventivas ahorrarían dinero y mejorarían la calidad de vida de los pacientes. Aplicar ese tipo de soluciones, dice, «no da gasto, lo que precisa es más tiempo de estancia con el paciente, además de crear grupos para facilitar cambios dietéticos o promover hábitos de ejercicio. Eso haría que gente con pocos años no tuviera que estar polimedicada contra el colesterol...

-¿Es ese el objetivo ahora?

-El reto del siglo XXI es atajar y hacer prevención para evitar las enfermedades crónicas, cambiar nuestro propio modelo sanitario. Lo que habría que hacer es tratar más a quien se lleva el 70 % del presupuesto, que es el enfermo crónico mayor, habitualmente polimedicado, pluripatológico, que generalmente vive en soledad y que, además, en algunos casos tiene alteraciones cognitivas. Ahí habría que dedicar más educación, más salud pública, más colaboración con el ámbito sociosanitario. Medicalizar menos para dar otras prestaciones que abaratan costes. No tiene sentido tener a estos pacientes en hospitales.

-¿Tendría que haber más colaboración entre la sanidad y los departamentos de trabajo social?

-La gran reforma que tenemos pendiente es el cambio de modelo de atención primaria. Esta pasa porque halla una gran colaboración sociosanitaria. El paciente no vive en el hospital, pero tiene que vivir en su entorno. A veces está falto de apoyo sociofamiliar. Atendiendo eso, ahorraríamos mucho gasto de estancia o derivación innecesaria a otros ámbitos. Hay que retomar al verdadero médico de atención primaria. No puede ser que cada día me vea uno distinto.

«No debemos continuar apretando a los profesionales de la salud»

Hay algo que Romero no deja de recordar durante la entrevista. La responsabilidad de mantener nuestro modelo sanitario «universal, equitativo, accesible y solidario». Lograr un gran acuerdo por la salud que incluya además otro para los profesionales resulta prioritario para lograrlo. Además, reivindica una cartera común de prestaciones para todos, porque, como apunta, no puede haber diferencias entre comunidades.

-Tenemos un modelo sanitario que es marca España. Su sostenibilidad es uno de los riesgos para mantenerlo, ¿Hay más?

-No se puede continuar apretando a los profesionales que trabajan en nuestro sistema sanitario. Hay que pedir un pacto por los profesionales que puede ir en ese mismo acuerdo global por la sanidad. Difícilmente encontramos a nadie que, pese a la crisis, no reconozca la calidad del modelo. Eso es por el esfuerzo que han hecho los profesionales. Pero el ámbito de precariedad en el que nos movemos, no es sostenible. Que todos los años más de 3.000 compañeros nos estén solicitando certificados de idoneidad para plantearse irse fuera de España es para preocuparnos. No porque tengamos únicamente pérdidas económicas, sobre todo de talento. Esto es muy importante porque la generación de médicos que tenemos, al igual que de enfermeros, es de lo mejor. No pueden estar infravalorados, mal retribuidos o infraorganizados en el ámbito de su ejercicio profesional.

_¿No podemos continuar recortando entonces o dejando de sustituir a médicos jubilados?

-En el 2009, el PIB que dedicábamos a sanidad estaba en la media europea, que está en el 6,5 o el 6,6. Vamos a cerrar el 2016 un poco por debajo. Lo prometido a Europa era un horizonte con un promedio del 5,3 o el 5,4. Nuestra sanidad no se va a parecer en nada a la que tenemos en el caso de que no nos mantengamos en la media de Europa. Hay 30.000 enfermeros y 10.000 médicos no repuestos, material no renovado. La tasa de reposición no puede ser la misma que ahora. La política de recortes ha tocado fondo, está afectando a la asistencia. Eso forma parte de ese acuerdo por la sanidad. No podemos garantizar la buena atención en sanidad al destinar un porcentaje del PIB a este sector por debajo de la media de Europa. No se trata de gastar más. El nuestro es un modelo muy eficiente, pero no podemos mantener una sanidad de calidad con las cifras actuales.

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