Un final feliz para Ihab y Mustafá

El Ministerio de Exteriores denegó el visado dos veces a los padres de estos hermanos sirios que viven en Galicia desde hace años, al final rectificó y la familia ya se reunió

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Santiago / La Voz

Tras siete años sin verse, Mohamed y Naja pudieron abrazar a sus hijos y nietos. El matrimonio sirio al que el Gobierno central denegó dos veces el visado para poder visitar a su familia ya está en Galicia. Los dos ancianos llegaron el día 9, tras un viaje de tres días. Primero tuvieron que desplazarse desde Latakia (Siria) hasta Beirut (Líbano); al día siguiente acudieron a recoger sus ansiados pasaportes con visado a la Embajada de España;  de madrugada viajaron a El Cairo y posteriormente a Madrid. Y, por fin, allí, los esperaba su familia.

Ahora no piensan en el pasado. El pasado, pasado. Ihab, facultativo en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago, solo quiere agradecer la solidaridad y todo el apoyo que han recibido «de todo el pueblo gallego». Sus apdres han llegado, y lo que quieren destacar es «la alegría de toda la familia». Compañeros y conocidos que no veía desde hacía tiempo se pusieron en contacto con él: «Ya sabía que los gallegos son solidarios, pero aún así...», dice agradecido.

Ahora Mohamed y Naja pasarán unos meses con sus hijos, Ihab, y Mustafá, odontólogo en Pontevedra. No será la primera vez. Ya estuvieron en el año 1999 y en el 2003, y sin ningún problema para conseguir los visados. Pero el conflicto sirio despierta recelos, y aunque no se levanten muros físicos, el Ministerio de Asuntos Exteriores denegó el visado y el recurso, al aducir que no veía clara la intención de abandonar el territorio español una vez caducado el permiso.

Curioso, porque ni Mohamed ni Naja tienen intención de quedarse en Galicia. Son dos personas mayores, muy arraigadas en su país, con nueve hijos y 40 nietos en Siria. «Llevábamos intentando varios años que mi madre viniese, -relata Ihab-, pero se resistía porque no quería dejar a otro hermano y a los nietos. Se resistía, pero como esto se prolongaba aceptó», relata Ihab.

Con «esto» se refiere a una guerra que ha asolado un país y a su pueblo. Un conflicto que ha impedido que Ihab y Mustafá puedan volver a Siria, donde viven sus hermanos y sus sobrinos, a donde antes viajaban todos los años. Un conflicto que destruye una cultura y una arquitectura admirable. Que acabó con el zoco de Alepo, «una preciosidad», que arrasó la gran mezquita de los Omeyas, y que sobre todo destrozó a su gente. «Las guerras son muy duras, pero esta es muy cruel», cuentan. Y el próximo objetivo de Gobierno y milicias es Idlib, la ciudad en la que viven Mohamed y Naja.

Pero este matrimonio de 80 y 79 años no habla de guerras. Han venido a ver a los suyos, a su familia gallega. Sonríen, sonríen y sonríen. Enseguida dicen hola en español. Cuenta Mohamed que cuando recibieron la noticia de que no podrían viajar fue un momento muy triste. «No entendíamos por qué, ahora estamos muy contentos al ver a la familia después de siete años», traduce su hijo. Está delicado de salud, ve mal, ya que tiene una retinopatía diabética, y es cardiópata, pero su apariencia es la de un hombre fuerte. Y posa como el mejor: «Es que le encantan las fotos», dice su familia. Su mujer también es de sonrisa fácil, quizás más estos días que se rodea de los hijos que no ve a diario.

Santiago, Cuntis y Pontevedra

Durante el tiempo que estén en Galicia, se repartirán entre Santiago, Cuntis y Pontevedra. Aprovechando cada momento de una visita que en muchos momentos pensaron que no llegaría. Ihab sabe que su caso no es el único: «Espero que esto sirva -dice-. Por supuesto que entiendo que tiene que haber un filtro, pero hay casos en los que no se debería. Si se hubiesen parado a mirar la documentación bien, no habría problema: primero hay que ser humanos. Pero para nosotros es el pasado, ahora solo tenemos lo bueno y vamos a disfrutar», finaliza.

Es una historia con un final feliz. Una familia que quería verse y se encontró con la fría burocracia. Y que en este caso logró que la cordura se impusiese a los muros de la intolerancia.

El Gobierno alegó que las condiciones de la estancia no eran fiables

Cuando los hijos de Mohamed y Naja comenzaron los trámites para que sus padres viniesen a visitarlos, no contaban con que el Ministerio de Asuntos Exteriores les negase el visado, alegando que la información y las condiciones de la estancia no eran fiables, así como que no se había podido establecer la intención de abandonar el territorio al expirar el visado. Recurrieron adjuntando numerosa documentación, solvencia económica, propiedades de sus padres en Siria, pero el recurso de reposición fue rechazado. A estos hermanos solo les quedaba recurrir a la Justicia, lo que podría alargarse años. Apenas tres días después de que su caso saliera a la luz pública, Exteriores concedió el visado a sus padres. Explicaron que se había ponderado toda la información y finalmente se decidió conceder el visado.

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