«No me convencía el cirujano y diseñé una prótesis para mi propio corazón»

El relato de Tal Golesworthy cautivó en la Facultad de Medicina de Santiago; su técnica se ha aplicado a decenas de pacientes de distintos países


Santiago / LA VOZ

En el año 2004 al ingeniero inglés Tal Golesworthy, miembro del Energy Institute de la Royal Society of Chemistry, de Londres, le operaron de síndrome de Marfan, una enfermedad del corazón que provoca que la aorta se dilate, con riesgo de que rompa y provoque la muerte del paciente o complicaciones muy graves. La novedad fue que en la intervención se utilizó una prótesis que diseñó con su propio equipo. Ayer por la tarde, el relato de su experiencia impactó a los más de 350 estudiantes de Medicina que asistían al congreso internacional médico-quirúrgico CIMQ’17, en la Facultade compostelana. Vestía una camiseta con una reproducción de esa prótesis alternativa que promovió: «Es de poliéster y confío en que dure hasta que me muera».

Todo comenzó porque, cuando tenía que operarse, le ofrecieron como opción el recambio total de la raíz aórtica, y su reemplazo, con preservación de la válvula, como se hacía habitualmente entonces con casos como el suyo: «No me convenció el cirujano y diseñé una prótesis para mi propio corazón», explica. Tal Golesworthy, que trabajaba en el campo de la combustión y en la polución del aire, propuso a su equipo de ingenieros buscar una solución mejor. Comenzaron en el 2001, lo consiguieron y se probó en él con éxito. Aprovecharon los conocimientos propios de su formación y los aplicaron a la medicina, indica.

Antes de su operación asistió a un encuentro de pacientes con síndrome de Marfan, y allí contactó con un cirujano cardíaco, con quien acordó colaborar en la búsqueda de técnicas nuevas para su problema. Para desarrollar el prototipo que mostraba en la camiseta utilizaron procedimientos informáticos. Una vez que se diseñó un modelo satisfactorio, se pasó a la fase decisiva, que consistió en construir aquel diseño virtual con tejido, y con características válidas para poder implantarlo mediante cirugía. Después, en el 2008, agrega, se hizo una modificación «porque antes solo se utilizaba el prototipo que diseñamos para operar síndrome de Marfan, y ahora puede usarse para el tratamiento de cinco enfermedades más de la arteria aorta», explica.

Se utilizó la técnica «con 95 pacientes del Reino Unido, pero también de Bélgica, República Checa y Nueva Zelanda». Él fue el primero en recibir lo que se considera el primer soporte externo de la raíz aórtica, según se explicó en el congreso, y ahora trabaja para extender esa opción quirúrgica a un grupo más amplio de pacientes con dilatación aórtica.

Golesworthy decidió participar en el congreso clausurado ayer en Santiago, organizado por la asociación Uscience de la Facultade de Medicina, para que «los jóvenes de hoy, que son los médicos de mañana, comprendan que hay otras formas de tratar la enfermedad. Y para avanzar deben mantener la mente abierta a las posibilidades de otras áreas, además de la medicina». Su experiencia se conoce internacionalmente como la historia del ingeniero que reparó su propio corazón. Un caso de éxito que ha cautivado a los especialistas.

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