«A los 38 días del trasplante de hígado me fui a esquiar con mi hija»

Varios gallegos participan en los juegos mundiales para trasplantados para demostrar que no hay barreras


Santiago / la Voz

Javier González trabajaba en el servicio de informática del Chuac cuando a finales del 2004, tras asistir a un congreso en Valencia «creí que venía moreno y resulta que tenía una ictericia enorme». En poco más de una semana entró en coma con una hepatitis autoinmune fulminante. Lo pusieron en código cero y afortunadamente apareció un donante de hígado. No se enteró de que estaba trasplantado hasta cuatro días después de la intervención y ni siquiera tuvo tiempo a tener un desgaste físico, por lo que «a los 15 días de salir del hospital y a los 38 días del trasplante me fui a esquiar con mi hija, que quería ir a la nieve porque nunca había esquiado».

Esa es la filosofía de muchas de las personas que han recibido un órgano, el optimismo y el seguir adelante. Javier González es junto a Carlos Sánchez uno de los gallegos que en el mes de junio participarán en Málaga en los juegos deportivos mundiales de personas trasplantadas, cuyo objetivo también es agradecer la donación. Otro gallego, aunque afincado en Málaga desde hace años, es Vicente Granados, coordinador del comité local de los juegos, en los que esperan que se superar ampliamente los dos mil deportistas de 70 países diferentes. En su caso le trasplantaron un riñón hace ya treinta años, cuando tenía tan solo 34. Además de organizador participa en las disciplinas de triatlón, marcha y 1.500 metros. «El sentido de estos juegos es dar las gracias a los donantes, que sus familiares vean que estamos de alguna manera cuidando ese regalo que nos han dado, la caja es nuestro cuerpo y debemos cuidarlo».

Porque después de un trasplante puede llevarse una vida normal, aunque no exactamente igual a la de una persona totalmente sana, dice Granados, «me he tomado 14 pastillas esta mañana, la gente no suele tomar 14 pastillas, ¡Igual non che é!», dice riendo. La Axencia de Doazón de Órganos e Sangue acogió a estos deportistas para animar a otros trasplantados gallegos a participar en los juegos, ya que Galicia no es una comunidad que tenga mucha representación en este evento deportivo y solidario. Hay mucha vida tras recibir un órgano, pero también mucho deporte, «yo hice el maratón de Nueva York tres veces», dice Vicente, para quien su reto tras el trasplante es «vivir, disfrutar y transmitirlo».

Javier González, que se sometió a un segundo trasplante en el 2009, optó por el golf, y es esa la disciplina en la que competirá en los mundiales. Tras las dos intervenciones y tras haber superado un ictus hace dos años tiene muy claro cómo cambian las prioridades, «la vida se ve diferente, la ves mejor, con optimismo, y a las pequeñas cosas que te agobiaban no les das importancia».

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