París se suma a 231 urbes de Europa y marca los coches por su contaminación

Hasta ahora la capital francesa restringía el tráfico por matrícula, como hace Madrid, pero no era eficiente


Redacción

El cálculo de la UE invita a pensar. Unas 450.000 personas mueren cada año en Europa (unas 33.000 en España) debido al efecto que produce sobre su salud la contaminación del aire. Bruselas ha contabilizado quince contaminantes dañinos, pero dos lo son especialmente: las partículas en suspensión y el dióxido de nitrógeno. Reducirlos se ha convertido en una cuestión de salud pública. Las medidas para hacerlo aplicadas por los diferentes gobiernos locales afectados son diversas. Además, unas funcionan mejor que otras. Desde ayer, por ejemplo, París se ha sumado a la estela de otras 231 urbes europeas, como Berlín, al obligar a todos los vehículos que circulen por sus calles (también a los extranjeros) a llevar una pegatina que indique cuál es su nivel de emisiones de ambos contaminantes.

Llegado un episodio de contaminación elevada, el Gobierno de la ciudad podrá prohibir la circulación de aquellos más nocivos. Son media docena de pegatinas las que usan. Van desde la de color verde para los más limpios hasta la gris para los más dañinos para la calidad del aire que son los vehículos diésel construidos entre 1997 y el 2000. 

Por matrícula

Hasta ahora París había usado el mismo método que aplica Madrid cuando el grado de contaminación excede los límites permitidos de forma puntual. Lo que hacía era prohibir la circulación en días alternos discrimando por el número de la matrícula. Pero se ha comprobado que el método que ha impuesto ahora la capital francesa es mucho más eficaz a la hora de controlar la contaminación. No lo es tanto el de prohibir los vehículos diésel como hace Oslo, al menos cuando se trata de controlar el nivel de dióxido de nitrógeno.

Lo explica el investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas experto en contaminación atmosférica Xavier Querol. «Un coche diésel construido en 1992 emite el mismo nivel de partículas en suspensión que 35 vehículos de ahora. [...] Pero cuando hablamos de dióxido de nitrógeno [un 90 % de las operaciones de ese gas proceden del tráfico rodado] los coches construidos hasta el 2015 emanan lo mismo que uno de 1992, debido al fraude de los motores diésel», dice. 

Medidas estructurales

Pero además de las medidas que pueden aplicarse cuando se produce un episodio de contaminación, Querol subraya la importancia de aplicar otros métodos que vayan más allá de la emergencia. En este sentido, dice que las ciudades más avanzadas de Europa han empezado a aplicar soluciones estructurales basadas en cinco pilares: la mejora del transporte público; la reducción del número de vehículos mediante aparcamientos disuasorios (la medida no funcionó en Londres porque, según este experto, la zona acotada era muy pequeña, pero sí en Milán, al prohibirse el coche en toda la ciudad); establecer zonas de baja emisión por las que solo circulan vehículos determinados en función de su potencial contaminante, que es lo que ha hecho París; controlar la distribución urbana de mercancías, porque la mayor parte de los vehículos de reparto y taxis son diésel en España, y hacer un cambio urbanístico con la construcción, por ejemplo, de carriles para vehículos menos contaminantes.

Actualmente en España hay media docena de ciudades que no cumplen el valor medio anual de dióxido de nitrógeno permitido por la UE (un valor que es el mismo que marca la OMS). Estas capitales son Córdoba, Madrid, Barcelona, Murcia, Granada y Valencia. En cuanto al valor horario o enmarcado en unas horas solo lo incumple Madrid.

Oslo prohíbe la circulación de vehículos diésel hasta el jueves

La polémica está servida en Oslo. En el 2006 el Gobierno noruego fomentó la compra de vehículos diésel y ahora la Administración de la capital nórdica apuesta por su prohibición dentro de las medidas de control de la calidad del aire. De hecho, los vehículos que usen el combustible no podrán circular en Oslo desde hoy y hasta el jueves, cuando mejoren las condiciones atmosféricas. La medida ha provocado las protestas de muchos conductores que, guiados por la batería de incentivos de hace unos años se animaron a hacerse con un diésel con el que ahora no podrán circular.

La prohibición, informa AFP, se implantará en las vías municipales, pero no en los grandes ejes nacionales que atraviesan la capital noruega.

Aquellos conductores que no cumplan con la orden de restricción podrían ser sancionados con 1.500 coronas (166 euros).

Es la primera vez que Oslo pone en marcha esta prohibición, decidida en febrero del 2016 por la mayoría municipal, que reagrupa a laboristas y ecologistas. No es algo que deje de preocupar en Noruega, donde el nivel de partículas en suspensión detectadas estos días en la capital es bastante elevado. Ese es el mayor problema para el aire de las ciudades de ese país nórdico caracterizado por su respeto al medio ambiente. De hecho, el Gobierno estima que esas partículas provocan la muerte al año de 185 de personas en un país de 5,2 millones de habitantes.

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