Los aires de transición llegan a las fiestas de Navidad de la reina Isabel II

Un resfriado le impidió ir, por primera vez en 30 años, a la misa en Sandringham


londres / colpisa

Un fuerte catarro, que ya retrasó su viaje desde Londres a la mansión de Sandringham, impidió ayer a la reina Isabel II cerrar el año de su nonagésimo aniversario atendiendo la misa navideña en la iglesia local. Los portavoces de la casa real afirmaron que participa en las celebraciones de la familia y que se trata de una precaución para que pueda recuperarse plenamente.

Felipe, duque de Edimburgo, que tiene 95 años y padecía también un catarro, acudió al servicio en la iglesia de la hacienda real, así como otros miembros de la familia, con la excepción de Guillermo y Catalina, quienes a pesar de vivir en el vecindario de Sandringham se trasladan en las fechas navideñas a la casa de los padres de ella.

A la cadena pública comercial ITV le correspondió este año el turno de emitir ayer el mensaje navideño de la soberana, grabado con antelación, que se centró en el concepto de inspiración. Recordó a los atletas olímpicos y paralímpicos, a los voluntarios de organizaciones caritativas y los orígenes humildes de Jesucristo para resaltar el potencial que tiene la suma de «muchas cosas pequeñas y buenas».

El príncipe de Gales había emitido su propio mensaje navideño el jueves, en Thought of the Day, que se incluye cada mañana, a las 7.45, en el informativo Today de la radio BBC. Es un espacio de tres minutos en el que líderes religiosos ofrecen su interpretación de algún evento o circunstancia de actualidad. Carlos se concentró en la persecución religiosa, evocando una reciente visita a la iglesia en Londres de los ortodoxos siríacos, cuya doctrina cristiana tienen sus raíces en la hoy turca Antioquía, Siria e Irak. Ofreció varios ejemplos de persecución y lamentó «el auge de muchos movimientos populistas en el mundo, crecientemente agresivos hacia los que se adhieren a una fe minoritaria».

El Daily Mail calificó el discurso de «muy político» y uno de sus columnistas, Stephen Glover, lo desmenuzó para mostrar que, partiendo de la persecución religiosa, Carlos pasó al aumento de refugiados en el mundo en el último año cuando, según el autor del comentario, la gran mayoría no huye en realidad de la persecución religiosa. Glover identificaba a Donald Trump como el objetivo del dardo del príncipe de Gales, calificaba de absurda la asociación por Carlos de esa elección en EE.UU. con lo ocurrido en los años 30 y contemplaba la posibilidad de que en realidad estuviese también «lanzando una furtiva pulla a esos supuestos zopencos populistas que fueron tan precipitados como para votar en favor del brexit».

Glover y su periódico advertían de los peligros que este tipo de manifestaciones plantean a la legitimidad del heredero precisamente cuando en torno a la monarquía y el cumpleaños de la reina se ha extendido un aire de transición. Isabel II lo fomentaba ayer compareciendo en su discurso junto a una foto de ella sentada y su hijo y heredero en pie.

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