Enviados especiales / LA VOZ

Según Google Maps, del Teatro Real al paseo de la Esperanza se tardan 13 (como la terminación) minutos en coche. Son apenas tres kilómetros de distancia. Las voces de Nicol Valenzuela y Lorena Stefan (la más alta de los niños de San Ildefonso) al cantar el gordo de Navidad casi se pudieron oír en la administración que vendió las 165 series del gordo.

Los frikis que hicieron cola de madrugada se quedaron helados a las 11.56 minutos. Casi tanto como los funcionarios de Loterías cuando el bombo de los números empezó a dar problemas que finalmente acabaron en nada. Como el gran premio salió tarde, los espectadores disfrazados tuvieron más de cuatro horas de gloria hasta que la atención mediática se trasladó a 3.000 metros de distancia.

Por lo demás, el sorteo atrajo otro año a lo más peculiar del país. Desde una señora disfrazada de hada que llegó al teatro con más de 24 horas de antelación para ser la primera en entrar hasta un personaje ataviado como el papa, pasando por los miembros de una plataforma llamada Nuestro Propio Rey Mago, que propone que Felipe VI, en su mensaje de Navidad, haga un truco de ilusionismo para así tener un auténtico monarca mágico en España: «No me digas que no sería un puntazo», dice convencido uno de sus integrantes que repartía coronas de papel entre el público del Teatro Real. Gente de todo tipo y pelaje, seres extraños, desconcertantes y absurdos que dejan pequeño el término friki. Todos ellos, por algún misterioso motivo, encuentran en el sorteo de Navidad su particular escenario en el que mostrar sus ocurrencias.

A estos se les suman también año tras año los auténticos fanáticos de la lotería, que los hay. Los que acuden con un listado infinito de números con los que participan y atienden a lo que van cantando los niños con un fervor casi religioso. O esos que, a pesar de no poder entrar en el Teatro Real por falta de espacio, permanecieron toda la ceremonia en la puerta, aguantando el frío: «Ya que he venido desde Fuenlabrada podían dejarme entrar, aunque fuera para estar de pie. Porque ahora no me voy a volver a casa, claro», razonaba una mujer que encabezaba este centenar de aficionados que se quedaron a las puertas del espectáculo.

Fue un sorteo peculiar hasta en los números premiados. Nunca en la historia el gordo había acabado en 13. Justo los minutos que se tarda en ir hasta el paseo de la Esperanza.

Un pellizco para Barcelona: cien décimos del primer premio

«Hay mucha gente que nos pedía un número terminado en 13», explica Montserrat Malagelada, de la administración del Raval, en el casco antiguo de Barcelona. Agustín, el lotero de Madrid, les vendió diez series del número 66513. Un total de cien décimos que han repartido entre clientes asiduos a la administración de la capital catalana un total de 40 millones de euros.

Pareja de niñas talismán: cantan el gordo dos veces

Resulta muy improbable cantar el gordo de la lotería en dos ocasiones. Pues la pareja formada por las niñas Nicol Valenzuela, de 11 años, y Lorena Stefan, de 13, del Colegio San Ildefonso de Madrid lo han cantado. La madre de Nicole invitó a que los agraciados por la lluvia de millones sean generosos con su hija. Recordó que el año anterior nadie se acordó de ella, ni un detalle.

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Frikis a solo tres kilómetros del gordo