Gerardo Fernández Albor: «En la política de ahora veo mucha ignorancia, incluso en mi partido»

A diez meses de convertirse en centenario, no obstante, el primer presidente de la Xunta autonómica continúa siendo un libro abierto


santiago / la voz

«Mi memoria para los nombres es puñetera», reconoce Gerardo Fernández Albor. A diez meses de convertirse en centenario, no obstante, el primer presidente de la Xunta autonómica continúa siendo un libro abierto. Tras una vida polifacética, conserva lucidez pasmosa. También el apetito. Y el humor fino.

-Cuando mira hacia atrás, ¿a quién ve: al aviador, al doctor, al intelectual, al político..?

-Creo que al político, es de lo que tengo más recuerdos. Lo médico va quedando en la penumbra. E intelectual no me considero, porque soy muy respetuoso con los intelectuales.

-En enero hará 35 años que ese político tomó posesión como jefe del Ejecutivo gallego. ¿Cómo fueron aquellos días?

-Pues los recuerdo muy tranquilo porque no teníamos dinero ni posibilidades de ganar. Y ganamos. Y, con solo dos escaños más que la UCD, nos dejaron gobernar. ¡Imagínese hoy!

-¿Qué queda de aquella política de los ochenta en esta de ahora?

-Entonces había mucha gente que solo pensaba en la política, en construir una autonomía que no existía. En nada más; no en ellos mismos, nunca. Otra cosa que noto es que ahora falta mucha gente católica en la política.

-A la política usted llegó formado y con experiencia laboral, como profesional de prestigio. Cuando hoy ve ocupar cargos de representación a gente que no ha hecho nada antes en la vida, ¿qué piensa?

-Pienso que no están enterados. En la política de ahora veo mucha ignorancia. ¡Pero incluso en nuestro partido! Veo que ni saben defenderse de los contrarios. Por ejemplo, ayer, en la televisión, les decían: «El Partido Popular es el más corrupto». Y eso lo dejaron así, sin rebatir. No saben ni defenderse. No conocen la historia de este país.

-¿Y cómo solucionar eso? ¿Cómo conseguir que en política entren los mejores, no mediocres?

-Esa es una labor de los partidos políticos.

En hora y media, Albor habla de casi todos. De Fidel Castro, de Mao, de Stalin, de Hitler, de «Manolo» [Fraga]... Y hasta de Rodrigo Rato, «un parlamentario cojonudo, preparadísimo, que luego perdió la cabeza y quiso hacerse rico». Encuentra hueco en la charla para introducir también a «ese chico que me metió la puñalada», en alusión a Xosé Luís Barreiro Rivas, quien en 1987 apoyó la moción de censura presentada por Fernando González Laxe contra el entonces presidente de la Xunta.

-Escuchándole, parece que aún no ha perdonado a los conselleiros que lo abandonaron...

-Sí, sí. Cuando eres cirujano y tienes que ver morir a la gente, cuando se te ha muerto un hijo... Cuando tienes en la vida tragedias de verdad... Vamos, yo veo a Barreiro hoy y le doy un beso. Ni me molesta. Tuve la suerte de dejar la política y hoy soy feliz. Lo que quiero es vivir en paz y que la autonomía siga adelante.

-La autonomía la dirige una de sus debilidades. Y en la Moncloa manda otra de ellas. Mójese: ¿Núñez Feijoo o Mariano Rajoy?

-Mire, mejor gestor es Feijoo, un valor. Pero es que Rajoy ha sufrido mucho y, además, lo conozco desde niño. Tiene otros méritos que no sé si tiene este.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, pudo hacerse millonario en un año, después de ganar las oposiciones a registrador, pero dejó todo eso, se sacrificó y se metió en política. Y en la política de verdad, pensando en servir a los demás. Porque Rajoy no es de los que tengan ideas políticas de liberal, o democristiano, o... Eso a él le importa tres carallos. Para él la política es servir al pueblo, a la gente. Además, Rajoy trabaja como un cabrón, es un trabajador enorme. Sin su trabajo, ahora nos gobernarían desde Bruselas.

-Trabajo también les costó a ustedes poner a andar la TVG...

-Dicen otros que la idea fue de ellos, pero no. La idea de la TVG me la dio Ramón Otero Pedrayo en una cena, cuando contó que en un pueblo de Cornualles iba a morir una vieja y con ella moriría una cultura, porque solo ella hablaba esa lengua. Yo pensé: eso no pasará aquí si puedo evitarlo. Necesitábamos una tele que hablase todo el día gallego para que los gallegos aprendiesen buen gallego, como los ingleses aprendían buen inglés con la BBC. Entonces, yo hice más por el idioma gallego que Castelao, qué carallo. Lo que pasa es que no se puede ni decir. También luché por llevar el gallego a todos los actos de la Iglesia: bodas, bautizos, misas... ¿No es eso una labor impresionante?

-Con todo eso que ha hecho y a un paso de los cien años, ¿cómo le gustaría que lo recordasen?

-Como una buena persona. Sonará a tópico, pero es la verdad.

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