Las barreras que no hemos derribado

Más de 206.500 gallegos sufren algún tipo de discapacidad, a la que se añaden los múltiples obstáculos físicos y sociales a los que se tienen que enfrentar cada día

Las barreras que no hemos derribado Más de 206.500 gallegos sufren algún tipo de discapacidad, a la que se añaden los múltiples obstáculos físicos y sociales a los que se tienen que enfrentar cada día

REDACCIÓN / LA VOZ

Hasta hace diez años María José Cao era una mujer que vivía tranquilamente en una parroquia de Mesía (A Coruña) con su familia. Un desgraciado accidente en el establo -le cayó encima una alpaca- la dejó tetrapléjica, sumándose así a las más de 206.500 personas con discapacidad que actualmente viven en Galicia y que día a día se tienen que enfrentar a una serie de obstáculos físicos, sociales y administrativos. «A partir de mi accidente hicimos una casa para que estuviera adaptada y tuviera las menores barreras posibles, pero una vez que salgo por la puerta, todo son obstáculos», reconoce Cao, cuya vivienda está rodeada de pistas sin asfaltar, sin arcenes y en las que tiene que jugarse la vida compartiendo espacio con los vehículos.

Las aceras excesivamente estrechas, los locales comerciales y hosteleros sin accesos adecuados y ascensores minúsculos en los que no entra su silla eléctrica son otros de los obstáculos que hacen que se desespere cada vez que acude a los concellos cercanos de Ordes o Curtis, «porque si quiero comprarle unos zapatos o una libreta a mi hijo me tengo que quedar en la puerta de las tiendas porque no puedo entrar».

María Elsa Mourelle (Narón). Parálisis cerebral. Principal barrera: Necesita ir acompañada todo el día, ya que si no no podría salir ni de su propio edificio, cuya puerta del portal es tan pesada que no es capaz de abrirla. Las aceras estrechas y la falta de accesos también dificultan su día a día
María Elsa Mourelle (Narón). Parálisis cerebral. Principal barrera: Necesita ir acompañada todo el día, ya que si no no podría salir ni de su propio edificio, cuya puerta del portal es tan pesada que no es capaz de abrirla. Las aceras estrechas y la falta de accesos también dificultan su día a día

Con los mismos problemas también se topa todos los días la ferrolana María Elsa Mourelle, que sufre una parálisis cerebral de nacimiento. «Necesito llevar a alguien conmigo siempre para que me ayude. Empezando porque no puedo ni abrir el portal de mi casa, porque pesa tanto que soy incapaz de moverlo», relata. Viajar en el transporte público tampoco es fácil para ella ni para la ourensana María del Mar Pérez, «porque muchas veces las rampas para bajarnos no funcionan o hay coches estacionados en las paradas y no podemos bajar allí». Una enfermedad degenerativa le provocó a María Elsa una discapacidad del 80  % y tener que depender de una silla de ruedas. Aunque reconoce que en pleno siglo XXI sigue habiendo numerosos obstáculos físicos, lo que más le molesta «es el pasotismo de la gente. Te ve en un portal y no te ayuda, parece que no tienen corazón. Yo creo que hasta que te toca cerca no te conciencias, por no hablar de los obstáculos que pone la Administración».

María del Mar Pérez (Ourense). Enfermedad degenerativa. Principal barrera: Utiliza todos los días el transporte urbano y aunque agradece el trato de los conductores, las rampas de los buses muchas veces no funcionan, otras hay coches aparcados en la paradas que dificultan su bajada o las aceras no tienen accesos
María del Mar Pérez (Ourense). Enfermedad degenerativa. Principal barrera: Utiliza todos los días el transporte urbano y aunque agradece el trato de los conductores, las rampas de los buses muchas veces no funcionan, otras hay coches aparcados en la paradas que dificultan su bajada o las aceras no tienen accesos

Precisamente, con las instituciones lleva batallando desde hace tiempo Javier Rey Otero, que el pasado mes de abril recibió un piso de protección oficial en Lugo, donde trabaja. Sin embargo, lejos de solucionarse sus problemas, esta vivienda le ha traído más de un quebradero de cabeza, «porque está muy mal adaptada. El baño y la cocina no están adaptados para una persona con discapacidad, y hay una habitación en la que no puedo entrar con la silla de ruedas, y en el ascensor solo cojo yo con la silla». A pesar de todo, este joven con parálisis cerebral puede vivir solo, tiene un trabajo estable en Cogami y cuenta con la ayuda de un asistente que se encarga de las tareas de casa y de hacer la compra. 

Javier Rey Otero (Lugo). Parálisis cerebral. Principal barrera: Este año recibió un piso de promoción oficial que no tiene ni el baño ni la cocina adaptados, no puede entrar con su silla de ruedas en algunas de las habitaciones y en el ascensor solo puede viajar él porque no entra nadie más
Javier Rey Otero (Lugo). Parálisis cerebral. Principal barrera: Este año recibió un piso de promoción oficial que no tiene ni el baño ni la cocina adaptados, no puede entrar con su silla de ruedas en algunas de las habitaciones y en el ascensor solo puede viajar él porque no entra nadie más

Ley de Autonomía Personal

Además de denunciar todos estos obstáculos, «la mayor barrera a la que nos enfrentamos todos los días está en la cabeciña de la gente. Nosotros somos personas normales con una serie de necesidades, y muchos todavía no lo entienden», reconoce Anxo Queiruga, presidente de la Confederación Galega de Persoas con Discapacidade (Cogami) y de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Concemfe), que recuerda que este año el Día Internacional de las Personas con Discapacidad va dirigido a intentar modificar la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y la Ley de Propiedad Horizontal, a fin de que garantice el derecho universal a la accesibilidad, y que se recuperen los derechos perdidos por estos colectivos durante la crisis.

«Aunque mi hija no vaya a hacer lo mismo que el resto de los niños, va a hacer lo máximo»

Una alergia a un medicamento durante el parto y estar varios minutos sin oxígeno hizo que María, la hija de Teresa Coutinho, naciese con parálisis cerebral, una discapacidad que su hermano mayor no lograba entender. Por este motivo, la periodista decidió escribir el libro María, la alegría en la diferencia, una obra infantil para explicar a los más pequeños por qué hay niños diferentes. 

-¿Cómo se le explica a un niño qué es una discapacidad?

-De manera sencilla, con ejemplos de las cosas de todos los días. Explicándole que María no podía andar, pero que estaba haciendo mucha gimnasia para conseguirlo, y que hay niños que nunca podrán jugar o ver. Que entienda que todos somos distintos y que hay cosas que unos hacen y otros no.

-¿Y cómo asume una persona adulta que su hija tiene una discapacidad?

-Es muy duro, pero tienes dos opciones: o te quedas a llorar o te levantas y dices que vas a luchar con todas tus fuerzas contra todas las cosas que la parálisis cerebral ha traído. Además, tienes que luchar contra el desconocimiento, porque no sabes si tu hija al final va a hablar, a andar, a hacer muchas cosas. No sabes hasta dónde va a llegar, y esto es lo que duele más. La opción ha sido luchar contra todo lo que ella no podía hacer, con terapias para ir estimulando al máximo a mi hija, porque, aunque María no vaya a hacer lo mismo que hacen el resto de los niños, va a hacer lo máximo.

-¿Cómo está ahora María?

-María tiene ahora 8 años y empezó a caminar a los 4, después de mucha, mucha fisioterapia. También empezó a hablar a los 3 años y, poco a poco, empieza a hacer todas las cosas, pero más tarde que los demás niños. Ya está en clase, en segundo curso, y aunque su desarrollo va más despacio, aprende a su ritmo. Lo más importante de todo es que María siempre está feliz. Cuando se cae o no logra hacer algo, siempre tiene una actitud positiva, se dice a sí misma que hoy no puede, pero quizás mañana lo haga, y ha llegado hasta aquí por esta actitud positiva.

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