María Elena Molanes: «Denunciar es algo que aún da mucho miedo»

La directora del Centro de Emergencia para Víctimas de Violencia de Género señala que si la víctima no se cura bien puede recaer en nuevas relaciones de dependencia


Redacción / La Voz

Cemvi es el acrónimo de Centro de Emergencias para Víctimas de la Violencia de Género, y Elena Molanes, su directora. Desde su puesto de trabajo dispone de una inmejorable posición para valorar la evolución de un problema que no remite.

-Nuestra sociedad lleva años poniendo el foco sobre este problema. ¿Avanzamos?

-La violencia de género es aquella que se ejerce contra la mujer solo por el hecho de ser mujer, por considerarla inferior. Es algo que siempre existió y que existe porque parte de una educación patriarcal. Hay gente que cree que educa a sus hijos por igual, sean niños o niñas. Pero luego, cuando lo piensa, ve que no es así. Al niño le compra un coche y a la niña una muñeca, porque considera al niño más activo y a ella más pasiva. Ahora existe una mayor concienciación social, le damos más importancia al problema porque entendemos que es algo que nos afecta a todos.

-¿Es verdad que el fenómeno se replica entre los más jóvenes?

-Sí. Yo participo en mesas sobre violencia de género en las que las orientadoras están señalando que estos comportamientos se repiten entre jóvenes de 16 y 17 años; que están viendo cosas que hace tiempo que no se veían.

-Pese al trabajo que supuestamente se está haciendo.

-Pues no se hace lo suficiente. Hay planes que se desarrollan en los institutos. Charlas, talleres, en los que participan justo los chavales que no los necesitan. Aquellos a quienes va dirigido no asisten. Y luego, si la familia no colabora, el mensaje se pierde.

-¿En el Cemvi aprecian esa diferencia? ¿Ingresan mujeres más jóvenes?

-No. No hay una diferencia de edad. Hay casos de todas las edades, pero es cierto que las mujeres más mayores cuando ingresan es porque el problema ha alcanzado dimensiones extremas. Lo normal es una media de entre 30 y 45 años. También tenemos mujeres más jóvenes, pero no adolescentes, porque para ingresar aquí hay que ser mayor de edad.

-¿Y hay mayoría de españolas o de extranjeras?

-De españolas. Resulta algo paradójico, porque mucha gente cree que la problemática es mayor entre las extranjeras, pero no es así. No tengo la estadística a mano, pero más o menos, de cada cuatro ingresos, tres son nacionales.

-Se suele decir que cada vez hay más denuncias. ¿Eso es bueno o es malo?

-No creo que haya más denuncias. Muchas mujeres no quieren denunciar y, de hecho, se marchan cuando llega el momento de hacerlo. Porque denunciar es algo que aún da mucho miedo y el proceso judicial no es fácil. Tienen que revivirlo todo y no quieren. Algunas optan por separarse y no denunciar.

-Cuando una mujer llega hasta ustedes y acaba volviendo con su agresor... eso será como una derrota, ¿no?

-Cuando eso ocurre consideramos que no había llegado en el momento adecuado para ella. Los agresores juegan con el ciclo de la violencia. Piden perdón, dicen que no volverá a suceder y la primera vez puede que ellas piquen y vuelvan a caer. Pero no es una derrota. Aquí les damos un plan de acción para que sepan afrontar la situación si se vuelve a repetir. Y saben que siempre tenemos la puerta abierta.

-¿Qué es eso del ciclo de la violencia?

-Es una teoría muy conocida de una psicóloga llamada Leonor Walker. Plantea que primero se vive en una luna de miel, que luego pasa a una fase de celos y amenazas, es decir, violencia psicológica, para degenerar en violencia física. Luego el agresor se arrepiente y pide perdón dando lugar a una nueva luna de miel. En la fase de violencia es cuando la mujer rompe, pero a veces, regresa a la fase inicial. El desarrollo del ciclo hace que la fase de luna de miel sea cada vez más corta y que la violencia llegue antes.

-Parece increíble que vuelvan con su agresor.

-La gente no lo entiende. Al principio es chocante, pero cuando conoces la vida de cada uno, el caso en concreto y la relación que se establece de absoluta dependencia... No ven otra salida. Tienen una enorme dependencia emocional y no aprecian la posibilidad de un cambio. Por muchas ayudas económicas que les ofrezcas, a veces la dependencia emocional supera los recursos que le das a la víctima.

-¿Son más dependientes las madres que aquellas mujeres que no lo son?

-No tiene nada que ver con la maternidad. De hecho los hijos son los que muchas veces provocan que se rompa con esa situación. Y cuando un niño presencia estas relaciones, hay que trabajar con él para que no repita esos roles después.

-¿Es verdad que muchas vuelven a relaciones con futuros agresores?

-Sí. Si no se trabaja lo suficiente con la mujer para que vea que algo está fallando en sus relaciones de pareja, que ya hubo antes episodios similares, al final resulta que sigue siendo muy vulnerable y se entrega a la primera persona que le dice que está guapa o que la escucha, sin saber lo que hay detrás.

-¿Cuándo están preparadas para volver a una vida normal?

-Depende de cada mujer, pero el período para recuperarse es largo. Requiere tiempo y terapia. Siempre quedan secuelas, pero hay que curarlas, porque si no es fácil acabar en otra relación que no va a funcionar. No suele ser una cuestión de meses, sino de años.

-¿Cuál es la solución?

-Vuelvo a la cuestión educacional. Hay que cambiar toda la estructura educativa. La igualdad tiene que ser real y hoy en día no lo es. Si la sociedad no se conciencia de que eso es un problema y que la consecuencia es la violencia de género, seguiremos así. La violencia de género es un fenómeno que parte de la desigualdad.

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